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Patarroyo presenta avance mundial en vacunas sintéticas

Por: CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ Y SONIA PERILLA SANTAMARÍA | 8:00 p.m. | 27 de Marzo del 2011

Manuel Elkin Patarroyo

Autores de la investigación, Manuel Alfonso Patarroyo, Manuel Elkin Patarroyo y Adriana Bermúdez.

Foto: Claudia Rubio / EL TIEMPO

Publicó una investigación que sienta bases para nuevas vacunas contra más de 500 males infecciosos.

Después de 33 años de trabajo dedicados a buscar la forma de fabricar vacunas en el laboratorio para todas las enfermedades infecciosas, el científico Manuel Elkin Patarroyo, junto a un equipo de investigadores de la Fundación Instituto de Inmunología de Colombia (Fidic), acaba de dar a conocer los principios y las bases estructurales que lo permiten.

Este avance, que abriría las puertas para la prevención y el manejo, a través de vacunas, de más de 500 males infecciosos (que afectan a dos terceras partes de la humanidad y matan cada año a cerca de 17 millones de personas), fue divulgado hoy por la revista de química más importante del mundo: 'Chemical Reviews'.

Este, que sería el desarrollo científico más importante logrado por investigadores colombianos hasta ahora, se presentó a través de un modelo práctico, con la fabricación de una nueva vacuna contra la malaria que, de acuerdo con pruebas de laboratorio hechas con monos Aotus, tiene una efectividad del 90 por ciento.

¿En qué consiste el avance?

Como se sabe, hasta ahora las vacunas clásicas o biológicas se elaboran con el microbio causante de la enfermedad infecciosa, entero, mutado o muerto, o con un fragmento de él; al introducirse en el cuerpo, estas sustancias estimulan al sistema inmunológico para que produzca defensas contra él; de este modo, cuando vuelva a entrar al cuerpo, el organismo estará en capacidad de rechazarlo.

Con microbios y parásitos como el 'plasmodium falciparum' (causante de la malaria) existe el inconveniente de que al entrar al organismo, logra burlar al sistema inmunológico para no ser detectado, lo cual impide que genere defensas contra él.

Patarroyo y su equipo no solo descubrieron la forma como el 'plasmodium' engaña al cuerpo, sino que identificaron en él las partículas que dañan al organismo e inventaron la forma de fabricarlas, una a una, en el laboratorio, pero con las modificaciones necesarias para que el cuerpo no se deje engañar, las reconozca y reaccione, produciendo defensas suficientes y permanentes que actuarán en caso de que la infección llegue.

De eso se trata la vacuna sintética contra la malaria, la primera en el mundo de estas características -que no requiere ni del parásito ni de fragmentos de él para su elaboración-, con este nivel de eficacia.

¿Cómo lo hicieron?

Para lograrlo, los investigadores colombianos fabricaron y analizaron 38 mil fragmentos originales del 'plasmodium falciparum', que permitieron, después de 20 años de ensayos, descubrir las reglas y plantear principios "para ir más allá de la naturaleza de las proteínas".

El artículo de 'Chemical Reviews' muestra la composición química de noventa de estos fragmentos originales o modificados, elaborados en el laboratorio a través de la metodología "más sofisticada desarrollada hasta hoy para reconocer la localización de los átomos en una molécula", explicó Patarroyo, que presentó su trabajo junto con la investigadora Adriana Bermúdez, candidata a doctorado en química, y el médico y doctor en ciencias Manuel Alfonso Patarroyo.

De acuerdo con Patarroyo, la forma de fabricación de las vacunas sintéticas es estándar, lo cual permite que todos los lotes sean iguales y puedan producirse en grandes cantidades (a precios muy bajos); tampoco requieren de cadenas de frío para mantenerse, no contienen contaminantes que generen reacciones secundarias y no se descomponen.

"Con este hallazgo -asegura Patarroyo- se va más allá de la naturaleza de los microbios, porque se modifican sus átomos según las necesidades del cuerpo, a través de un proceso estandarizado, lo que nunca podrá hacerse con las vacunas biológicas".

Pero lo más importante, es que 'Chemical Reviews' presenta un decálogo innovador, que aporta la forma y los principios, para que cualquier laboratorio científico del mundo pueda producir, bajo este esquema, vacunas contra enfermedades tan complejas como la tuberculosis, la hepatitis, las neumonías, las meningitis producidas por bacterias, la sífilis, el dengue, el cólera, la caries dental y el herpes, entre otras. No se descarta, de hecho, que este modelo facilite, a futuro, la búsqueda de una vacuna contra el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), causante del sida.

Este artículo está precedido por 300 investigaciones de Patarroyo y su equipo sobre el tema, publicadas en las últimas dos décadas por revistas como 'Nature', 'Account of Chemical Research', 'Clinical Microbiological Reviews' y 'Angewandte Chimie', en las que fueron demostrando que era necesario modificar algunos átomos en lugares específicos de los fragmentos involucrados en la invasión de los microbios, para que el sistema inmunológico se active y produzca los anticuerpos necesarios para defender al organismo.

Los resultados fueron calificados como "excelentes" por un equipo anónimo de pares académicos de primera línea de todo el mundo, lo que hizo que la revista catalogara de "fuera de serie" el trabajo de Patarroyo y su equipo de la Fundación.

"Es un orgullo que la solución al problema de las infecciones, a través de este modelo, sea aportado por colombianos a la humanidad entera", afirma Patarroyo.

¿Qué viene con la vacuna antimalárica?

En el caso concreto de la vacuna contra la malaria, la importancia radica en que el sistema inmunológico de los monos Aotus y de los humanos se comporta en forma similar ante el 'plasmodium falciparum'.

"Por esa razón, el siguiente paso es determinar, en ensayos en humanos, si es necesario hacer modificaciones de algunos fragmentos del parásito, para que la eficacia que hemos obtenido en los monos, del 90 por ciento, sea equivalente en personas", dijo Patarroyo.

¿Por qué es importante la publicación?

Un trabajo científico es significativo solo si es avalado por pares académicos y publicado en revistas de alto impacto científico.

Se trata de publicaciones reconocidas en el mundo científico internacional; cada una tiene un comité editorial conformado por los investigadores más connotados del mundo, en diferentes áreas.

También cuentan con grupos asesores de pares (evaluadores externos especializados en los temas de cada revista). El Instituto de Información Científica (ISI) es el encargado de determinar cuáles de estas revistas son importantes en ciencia (indexar) y de calificarlas periódicamente bajo modelos muy rigurosos. Así se elabora el ránking de estas publicaciones.

¿Cómo se publica y se avala un artículo científico?

Los autores envían el artículo al comité editorial de la revista, que lo acepta o lo rechaza. Si se acepta, es enviado a pares anónimos del mundo. Ellos critican o rechazan el artículo y envían los comentarios al comité editorial de la revista, que los remite al autor. Este debe responder al comité editorial las críticas, comentarios o preguntas hechas por los pares, que finalmente aceptan, piden más explicaciones o rechazan definitivamente la publicación. Se estima que de cada cien trabajos enviados a una revista como 'Chemical Reviews', logran ser publicados entre dos y cinco.

¿Cuántas revistas científicas indexadas existen?

Son más de 10.000. Cinco mil de ellas no logran ninguna calificación. Solo 13 revistas están por encima de factor de impacto 30; 'Chemical Reviews', con 35,9, es la séptima revista de mayor impacto científico del mundo, por encima de 'Nature', 'The Lancet' y 'Science'. En sus 85 años de historia, solo ha avalado y publicado ocho artículos de investigadores latinoamericanos, dos de ellos de Manuel Elkin Patarroyo.

Carlos Francisco Fernández
Asesor médico de EL TIEMPO

Sonia Perilla Santamaría
Subeditora de Vida de Hoy

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