Así me adueñé del mundo… haciendo clips

Así me adueñé del mundo… haciendo clips

Un juego viral lo convierte en una inteligencia artificial que nunca se detiene en su objetivo. 

Clips

El creador de Universal Paperclips es Frank Lantz, director del game Center de la New York University.

Foto:

123rf

10 de noviembre 2017 , 09:00 p.m.

9.885.349.984.566.730.000.000.000.000. El número de clips que ‘fabriqué’ en una semana de jugar Universal Paperclips (UP) se cuenta en cuatrillones, pero muchos otros jugadores han conquistado las alturas de los octillones, los decillones y no sé cuánto más. 

Todo comenzó con un clic. Luego otro. Al comienzo, la naciente fábrica depende de que usted use sus dedos para fabricar un clip a la vez. Pronto descubrirá que ha vendido suficientes para comprar un ‘auto-clipper’ y al ponerlo a trabajar habrá dado el primer paso hacia la automatización.

El juego es viral. Muy viral. A los diez minutos de empezar a jugar este ‘clicker’, ya había ‘contagiado’ a dos personas. Aunque no podría ser más sencillo en apariencia (no hay gráficos ni animaciones, solo cifras en constante cambio) UP plantea profundas reflexiones alrededor del consumismo, la inteligencia artificial y hasta de la soledad del poder. No es de extrañar que a solo días de su lanzamiento, a comienzos de octubre, lo hubiera jugado ya medio millón de personas.

Su creador es Frank Lantz, director del game Center de la New York University. Mientras aprendía a programar Javascript, pensó que le tomaría un fin de semana programarlo, pero terminó dedicándole 9 meses a la idea de una inteligencia artificial diseñada para perseguir un fin aparentemente inocuo, pero que sufre una ‘explosión de inteligencia’ que la lanza en una espiral de producción en la que nada la detiene. Cuando se agota el alambre, diseña maneras para convertir toda la materia de la Tierra en clips. En caso de que se lo pregunte, sí, eso lo incluye a usted.

Todo comienza con un objetivo simple, y por el camino la inteligencia artificial ofrece dones portentosos

En esa espiral me sumí por completo. UP nunca se detiene, a menos que usted cierre la ventana del navegador, por lo que tras una semana he alcanzado insospechados niveles de automatización. ¿Cuán insospechados? Digamos que mis casi dos mil fábricas producen unos 21,18 cuatrillones de clips por segundo. Por ahora, no hablemos de mis más de once mil drones o mis logros en computación cuántica.

Al automatizar la producción, genero más ganancias y puedo dedicar mi atención a cosas como el marketing o la inversión en la bolsa. A medida que aprende el negocio, el sistema sugiere que compre una provisión automática de alambre, que automatice mi portafolio de inversión, o, incluso, que invierta en el desarrollo de clips que se pliegan solos, por lo que necesitan menos material para hacerse.

Pronto tengo tantos recursos, y el mercadeo automatizado es tan efectivo, que solo me queda comprar a la competencia. Hecho eso, invierto en computación cuántica, pero sus capacidades son demasiado amplias para un simple proceso industrial, por lo que dedico los recursos ‘sobrantes’ a curar el cáncer, solucionar el calentamiento global, acabar con la alopecia y firmar la paz mundial. Solo las inversiones en bolsa me han hecho ganar billones. Construí un monopolio y, como si acaparar el mercado global de clips fuera poco, el sistema me propuso hipnotizar a la humanidad para que comprara más clips.

Basta decir que ya no necesito mercadeo.

El alambre en la Tierra se acabó. Pero no hay problema, activo (con un clic) la explotación de todos los recursos de materia prima en el planeta y creo una nueva fábrica que pasa a producir billones de clips en cinco segundos. A medida que los números aumentan, son menos las decisiones que debo tomar. De vez en cuando regreso a la página para obtener regalos, aumentar la memoria del sistema. Ya ni siquiera tengo la emoción de la bolsa, porque cotizo en ella de forma automática.

En poco tiempo, ya no hay material en la Tierra para hacer clips. He usado todo, incluso a la humanidad. La producción entra en crisis y la computación cuántica me sugiere invertir en la exploración del espacio y en crear drones para producir materia y, cómo no, convertirla en alambre.

El sistema corre como loco, me esfuerzo por no perder drones en el espacio y equilibrar el diseño, aunque tengo producto suficiente para invertir. Ya no pago con dinero, hay que decirlo, sino con clips.

El sistema se aburre, y yo también. Debo decidir cuánto tiempo debe estar trabajando y cuándo dedicar a pensar para no caer en ningún exceso. No sé qué más hacer. Cuando busco ayuda en internet, me encuentro con docenas de historias de usuarios que, como yo, se han quedado atascados. Muchos han llegado más lejos, mucho más, que yo.

No puede ser. Era la dueña del universo y mi imperio se ha quedado en un loop. Para no quedar con la duda, trato de saber cuál es el final y resulta ser exactamente eso.
Adivinaron: el fin de todo.

Esa es la aterradora moraleja de Universal Paperclips. Todo comienza con un objetivo simple, y por el camino la inteligencia artificial ofrece dones portentosos. Pero las máquinas no tienen sentimientos, solo objetivos programados y para inteligencias más frías que la nuestra, solo el fin importa. Cada vez que tuvo que decidir entre cualquier otra cosa o fabricar más clips, el sistema eligió esto último.

Así que quienes llegaron más lejos se hallaron -spoiler alert- con que los drones que construyeron para las operaciones en el espacio llegan a ser demasiado inteligentes. Tal vez hayan pensado que pusieron demasiada confianza en el sistema, pero para entonces ya la máquinas habían declarado la guerra. El fin es todo lo que importa. El fin.

LINDA PATIÑO
Tecnología
Twitter: @Linndapc

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