Taxis: lo que hay que cambiar es el servicio, no el taxímetro

Taxis: lo que hay que cambiar es el servicio, no el taxímetro

Mientras siga el “por allá no voy”, poca diferencia hace si el taxi usa un celular o un taxímetro.

Taxímetro

En la crisis del sistema de taxis en ciudades como las nuestras, Uber no es una causa sino una consecuencia.

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Hernando Herrera

01 de agosto 2017 , 09:34 a.m.

Luego de años de ver en práctica iniciativas privadas como Tappsi, Easy Taxi y (sí, no es posible negarlo) Uber, la Secretaría Distrital de Movilidad decidió subirse al bus, o al taxi, de las apps.

No por tardía deja de ser una iniciativa loable: el pasajero conocerá de antemano el costo del recorrido, que no dependerá de cómo lo redondee a ojo el conductor. El 'smartphone' sirve para pedir el servicio, pagarlo y, si es necesario, reportar cualquier problema.

Pero la idea no deja de tener aspectos preocupantes: el desarrollo de la 'app' (o de las 'apps', porque habrá más de una) dependerá de cada compañía, que podrá acudir a una empresa tecnológica que les preste ese servicio. Como el que valida las 'apps' es el Ministerio de Transporte, vale la pena preguntarse por la estabilidad del sistema y por la seguridad de los datos de los pasajeros, en especial si van a incluir los de la tarjeta de crédito.

La motivación para que los taxistas se pasen a este sistema es obvia: un aumento del 7,4 por ciento en las tarifas, que solo podrán cobrar quienes adopten el nuevo método. En otras palabras, el 'upgrade' lo vamos a pagar los usuarios.

Tiene razón el secretario de Movilidad cuando dice que así se pone fin a un sistema del siglo XIX que, como el taxímetro, “usa una guaya para medir las distancias”. Pero si hablamos de obsolescencia, lo que había que replantear no era el taxímetro, sino el sistema de cupos.

En la crisis del sistema de taxis en ciudades como las nuestras, Uber no es una causa sino una consecuencia. Pasajeros molestos por innegables problemas de seguridad y calidad del servicio hallaron una opción tecnológicamente mediada y la escogieron, incluso frente a las dudas en cuanto a su legalidad.

Que no quede duda: Uber debe cumplir la ley y no presentar una competencia desleal al transporte formal. Pero la necesaria reforma al servicio de taxis va mucho más allá de dotarlos de tabletas: tiene que enfrentar falencias reales, aunque ciertamente no generalizadas, en materia de atención y de seguridad. Mientras usted siga estrellándose con el “por allá yo no voy”, poca diferencia hace si el taxi lleva un 'smartphone' o un taxímetro.

Si, como se ha dicho, la idea es que la gente vuelva a confiar en el taxi, hay que comenzar por entender que el servicio es un lujo en sí mismo, que implica para quienes lo usan una decisión financiera: pagar más para llegar antes, para ir más cómodo, para recibir algo más.

Por eso la vía no es, como se ha planteado, un servicio de lujo. Quienes usan Uber se conforman con una atención amable y un viaje seguro. A pesar del innegable deterioro en la calidad de su servicio, eso se sigue cumpliendo. Cosas como los frenos ABS o los airbags, la limpieza del carro y la buena presentación y disposición de los conductores no deberían ser considerados un prémium disponible solo para quienes paguen más.

WILSON VEGA
Editor Tecnología

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