Perros y drones, unión clave para salvar vidas en labores de rescate

Perros y drones, unión clave para salvar vidas en labores de rescate

Una ONG en España utiliza estos artefactos como apoyo. Estudian zonas afectadas y evitan peligros.

Drones

Drones con cámaras térmicas hacen seguimiento al equipo de rescate canino.

Foto:

Dronemadrid

22 de marzo 2017 , 12:05 p.m.

Fueron 12 horas las que permaneció perdido un niño de 6 años con autismo entre las montañas de la sierra de Guadarrama, en Madrid (España). Cerca de 80 kilómetros de terreno rocoso y la noche que se acercaba se sumaban a los ya inevitables peligros a los que estaba expuesto el menor en este ecosistema.

Pero el drama, que parecía no tener fin para sus familiares, concluyó en un emotivo encuentro que se pudo lograr gracias a la unión de dos fuerzas: drones y perros.

La Unidad Canina de Rescate y Salvamento de Madrid, una ONG española que trabaja con perros para realizar tareas de búsqueda de personas en catástrofes, hizo una alianza con la empresa Dronemadrid para utilizar esta tecnología en el proceso de conseguir su objetivo de salvar vidas.

El aporte de los drones es vital: en el caso del niño perdido, aunque el dron no dio con la localización exacta, recorrió un amplio terreno que luego se pudo descartar para así concentrar la búsqueda.

En otras ocasiones, los drones han permitido un reconocimiento visual más rápido en estructuras colapsadas y garantizar la seguridad de los animales durante la búsqueda.

“Por ejemplo, en una situación en la que hay edificios colapsados, primero sale el dron a estudiar la zona afectada, para buscar a las víctimas y ver qué lugares son más accesibles y seguros. Esto nos ayuda a que se eviten lesiones y posibles accidentes que pueden sufrir los perros. Luego sale el perro, y el dron le hace un seguimiento, y de esta manera se aseguran la eficiencia y el mejor trabajo para los canes”, le explicó a EL TIEMPO Adrián Villar, vicepresidente de la Unidad Canina de Rescate y Salvamento de Madrid.

Utilizan drones Phantom 4 de DJI, los cuales cuentan con navegación inteligente y tienen la capacidad de hacer vuelos de hasta 28 minutos. También usan octacópteros (drones con ocho rotores), capaces de llevar carga (botiquines o insumos). Son estos aparatos los que han acompañado en sus labores a perros como Duna, una pastor alemán cruzada con border collie, activa y especializada en grandes áreas, o como Shyra, una labrador de 8 años, la más antigua del grupo y a la que, luego de participar en la mayoría de operaciones, recientemente se le diagnosticó cáncer.

(También: Los drones son los nuevos 'ojos' de los científicos de la agricultura)

Son cerca de ocho animales en total. No hacen parte de ninguna entidad del Estado; son las mismas mascotas de los 25 voluntarios que hay, entre psicólogos, personal de búsqueda regular, responsables de comunicaciones y guías caninos.

Los perros son entrenados desde muy pequeños para que se acostumbrarse a diferentes ruidos y espacios. “Se les enseña a trabajar en ambientes con ruido y oscuridad donde solamente se pueden guiar por su olfato. La idea de todo esto es que puedan soportar el ruido extremo de un helicóptero, una sirena o un dron”, dice Villar.

“Al principio miran el dron unas dos o tres veces, pero luego se acoplan al sonido, aíslan toda las distracciones que tienen y lo que hacen es buscar el olor y a la persona que está en peligro”, agrega David Sánchez, presidente de la organización.

La tarea se facilita aún más gracias a la incorporación de cámaras térmicas que permiten utilizar el dron por la noche y ayudan a distinguir, por medio de una gama de colores, las zonas frías y calientes para determinar dónde pueden estar ubicadas las personas. “El cuerpo de un ser vivo es un punto de calor que sale registrado en la cámara térmica” es la definición que ofrece Villar.

Ignacio Espinosa, de Dronemadrid, resalta la importancia de otras herramientas tecnológicas en el proceso. “Los perros usan collares GPS; y si el dron pierde la visión, se puede encontrar la localización desde el aparato”, dice.

La labor que cumplen estos animales ha significado largas horas de trabajo, duras jornadas de entrenamiento y simulacros de todo tipo. Pero el amor, la dedicación y la paciencia que sus dueños les entregan son vitales para explotar al máximo esas habilidades que solo ellos poseen y les ayudan a alcanzar la meta de ayudar a otros, la cual es una misión en la que ahora también juega un papel fundamental la tecnología de los vehículos no tripulados.

ANA MARÍA VELÁSQUEZ DURÁN
Redacción Tecnósfera

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