Con insultos y amenazas, el odio se está tomando la red

Con insultos y amenazas, el odio se está tomando la red

Los expertos plantean la necesidad del ‘social listening’ y la creación de comunidades ‘blindadas’.

Amenazas virtuales

Según un estudio de la Universidad de Cornell, cualquiera puede volverse agresivo.

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123RF

29 de abril 2017 , 08:40 p.m.

Que internet puede ser un maravilloso espacio de comunicación, integración y colaboración, pero también una tierra de nadie habitada por toda clase de seres malignos ya no es noticia. Lo que sí sucede es que los malos están ganando, según alertan cada vez más observadores.

La posibilidad de expresar sentimientos de rechazo con la inmediatez y el anonimato que brinda internet y el eco que produce encontrar con facilidad a docenas de personas con posiciones similares han hecho que enviar mensajes de odio sea más fácil que nunca. De hecho, en los últimos meses han surgido formas organizadas para hacerlo, desde Hater, una red que une a la gente de acuerdo con sus odios compartidos, hasta foros en los que adolescentes se dan cita para publicar comentarios ofensivos de manera anónima.

“Las personas se sienten protegidas por el anonimato –explica Felipe Sánchez, director de la agencia de comunicaciones y mercadotecnia Havas Media–. Es por esto que se pueden expresar ciertos comentarios o contenidos sin temor a herir susceptibilidades o sin pensar en la inconveniencia de expresarlos. El anonimato crea la noción de que estar detrás de la pantalla hace que se esté protegido. Además, gracias a los perfiles falsos, hay mucha gente que lo toma como un medio de catarsis, para expresar muchas cosas que no dirían en la vida cotidiana”.

Lo peor es que nadie está exento: un estudio de la Universidad de Cornell sobre las comunidades ‘online’ demostró cómo, bajo las circunstancias adecuadas, todos podemos tornarnos agresivos. Esto ocurre porque el odio virtual se contagia. En el experimento mencionado, más de 500 participantes recibieron un cuestionario y un texto y se les invitó a tomar parte en una discusión. Mientras que unos estaban en espacios en los que se llevaba a cabo una discusión neutra, otros quedaron inmersos en discusiones que se iniciaban con comentarios de troles (el término alude a provocadores del mundo digital que expresan posiciones radicales y ofensivas para obtener una reacción). Los participantes de este último grupo se mostraron mucho más dispuestos a la agresividad que los del grupo moderado.

Los expertos advierten que el daño que producen los mensajes virtuales de odio a quien los recibe puede ser tan real como el físico. Puede que los troles piensen que es divertido entrar a Facebook para dejar comentarios burlones en páginas de personas recientemente fallecidas, pero para los familiares de estas la experiencia es todo menos divertida. Nunca falta, además, quien lleve las cosas más allá y no solo exprese su disgusto, sino que pase a proferir amenazas contra la otra persona.

Usted, de seguro, lo ha visto. En los comentarios de Facebook, en su cuenta de Twitter, en los comentarios a las notas de este periódico, es pavorosamente fácil que el debate pase a los insultos y, en ocasiones, a las amenazas. Un estudio del Pew Research Center halló que el 70 por ciento de los usuarios de internet, menores de 25 años, en Estados Unidos, ha experimentado alguna forma de ciberacoso.

Por supuesto, la injuria y la agresión no son inventos de la era de internet. Las redes humanas han existido desde mucho antes de que las llamadas ‘redes sociales’ aparecieran. Pero a diferencia de las redes analógicas, las de hoy ofrecen la posibilidad de amplificar los mensajes y darles, incluso, alcance global.

Esta realidad ha llevado a compañías como Facebook, Twitter y Google a extremar las medidas que regulan la difusión de contenidos. Y otras compañías, no necesariamente tecnológicas, pero con presencia en redes, están ocupándose cada vez más del asunto.

Para Juliana González, especialista en gerencia de proyectos de telecomunicaciones de Algar Tech, la tecnología que creó el problema ofrece también soluciones: “Las empresas han comenzado a implementar herramientas de monitoreo como el ‘social listening’, que permiten ver los comportamientos de cada cuenta dentro de la red”. Los mismos desarrollos de inteligencia artificial que permiten saber si la conversación en torno de una marca es positiva o negativa podrían detectar los mensajes de odio en tiempo real.

No es para menos. El discurso del odio puede afectar el valor de una marca en modos muy reales. Apenas el año pasado, la compra de Twitter por parte de Salesforce parecía inminente, pero se fue al piso. El CEO de Salesforce, Marc Benioff, declaró que una revisión del negocio los llevó a concluir que Twitter no “encajaba” adecuadamente con su compañía, un reversazo que algunos atribuyeron a la proliferación de troles en la red social. Disney también se apartó del trato por temor al efecto que la negatividad que campea en Twitter pudiera tener sobre su marca.

Los estudios sugieren que los efectos de este fenómeno terminarán por fracturar la red, ya sea mediante la creación de ‘comunidades seguras’ apartadas del discurso agresivo o –si las medidas para controlarlos funcionan– llevando a los troles a zonas apartadas de la red y a canales más oscuros, como Tor, un ‘software’ que permite navegar de manera anónima.

Otras iniciativas son menos ortodoxas. En Suecia, cuando a actos de violencia siguieron explosiones de odio en páginas y redes, un colectivo denominado #Jagärhär se dio a la tarea de contraatacar. Desde un grupo de Facebook, publica cada día un enlace a una nota en un periódico o a una red social donde se han producido mensajes de odio. En minutos, cientos de sus integrantes llenan los foros con comentarios amables y solidarios. En palabras de uno de sus integrantes, son una “muchedumbre enardecida”… de amor.

El caso de la actriz Leslie Jones

En marzo del año pasado, Leslie Jones, protagonista del filme ‘Cazafantasmas’ vio ‘hackeado’ su sitio personal y en julio sufrió, como pocos, el ataque de los troles en Twitter. Tras lidiar con la virulencia de las ofensas durante 24 horas, escribió: “Dejo Twitter esta noche con lágrimas y con el corazón entristecido. Todo esto porque hice una película. Pueden odiar la cinta, pero la mierda que vi hoy… está mal”.

Irónicamente, uno de los más reconocidos artífices de su humillación en redes, el trol profesional Milo Yiannopoulos, terminó perdiendo su empleo en el sitio ultraconservador Breitbart luego de que las redes sociales hicieron viral un video en el que parecía defender la pedofilia.

WILSON VEGA
Editor de Tecnología

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