Apple y Samsung despiertan reacciones pasionales, casi religiosas

Apple y Samsung despiertan reacciones pasionales, casi religiosas

El Galaxy y el iPhone son, ambos, aparatos prodigiosos.

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Cada vez más, sus apreciaciones parecen basadas en creencias, más que en juicios de valor.

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Archivo particular

06 de septiembre 2016 , 11:16 a.m.

Es imposible, para quienes cubrimos esta fuente, que cada año trae las nuevas apuestas de los mismos jugadores, dejar de notar una cierta reacción de los usuarios en lo que tiene que ver con Apple y con Samsung.

Cada vez más, sus apreciaciones parecen basadas en creencias, más que en juicios de valor. En otras palabras, los seguidores de una u otra marca se comportan en ciertas ocasiones como fanáticos de un equipo de fútbol y en ciertas otras como fieles de una iglesia.

Esta semana, que combina el lanzamiento de un nuevo iPhone con los coletazos de la decisión de Samsung de recoger sus Note 7, para corregir un defecto en sus baterías, no es la excepción.

Los comentarios de las notas en ELTIEMPO.com y en sus redes sociales suelen con frecuencia ocuparse de hablar mal de una marca o –de la manera más literal– lanzar vivas a la otra.

El anuncio del evento en el que se presentará, mañana, el nuevo smartphone de los de Cupertino incluye, uno junto a otro, un comentario que celebra que continúe “la paliza” de los iPhone y otro que lamenta que ahora “los esclavos de este teléfono” vayan “a aguantar hambre” para poder comprarlo.

Apenas el año pasado, cuando salió el iPhone 6, el periodista que escribió un análisis de dos partes tituladas ‘Cinco razones para comprar el iPhone’ y ‘Cinco razones para no comprar el iPhone’ tuvo que aguantar que le preguntaran primero “cuánto le pagó Apple” y, después, “cuánto le pagó Samsung” por escribir un análisis que llegaba a los extremos para ser equilibrado.

Como periodista, y como usuario de ambas marcas, debo decir que encuentro innecesario (y un poco divertido) este grado de pugnacidad. Así como me divierten los comerciales que se mofan del culto a la competencia, me resulta difícil volver dogma el gusto o el aprecio por una determinada marca.

Soy usuario del iPhone en su más reciente versión, así como del Galaxy S7, y de ambos puedo decir que son aparatos prodigiosos, bien merecedores de la expectativa que precedió sus respectivos lanzamientos.

Hace unos años entrevisté a Martin Cooper, acreditado como el autor de la primera llamada celular de la historia.

Cuando le pregunté qué celular usaba me respondió: “todos”. Como el mío, su trabajo implica probar nuevos teléfonos. Anotó: “Nunca he creído que un celular deba hacer de todo. Creo que debe hacer muy bien algo, y ser claro en cuál es ese algo”.

Y eso aplica para todas las marcas.

WILSON VEGA
Editor Tecnósfera@WilsonVega

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