Evan Spiegel, el nuevo genio de internet

Evan Spiegel, el nuevo genio de internet

Multimillonario a los 26 años y dueño de Snapchat. Así es la vida de una estrella de la innovación.

Evan Spiegel, cofundador de Snapchat

Evan Spiegel (centro) creció en el seno de una familia rica de Los Ángeles.

Foto:

Bryan R. Smith / AFP

14 de octubre 2017 , 11:00 p.m.

Nada parece aguarle la fiesta a Evan Spiegel, cofundador de Snapchat. A pesar de que su empresa ha perdido casi el 40 por ciento del valor que alcanzó el 3 de marzo, dos días después de su debut en la bolsa de valores, este estadounidense de 26 años sigue siendo uno de los multimillonarios más jóvenes del mundo, con una fortuna que ronda los 5.000 millones de dólares, según ‘Forbes’.

La compañía que Spiegel fundó en el 2013, junto con Robert Murphy, es propietaria de Snapchat, una de las aplicaciones móviles (‘app’) favoritas entre los jóvenes, con unos 170 millones de usuarios activos diarios. Se trata de una aplicación de mensajería instantánea que permite añadir contactos y enviarles fotos y videos (con una duración máxima de diez segundos) de forma individual o en grupo. La diferencia con respecto a otras es que el receptor tiene un tiempo limitado para ver esos mensajes.

La vida de su creador, Spiegel, poco tiene que ver con la de otros hombres que revolucionaron internet y se convirtieron en multimillonarios gracias a las nuevas tecnologías.

Está casado desde mayo con la supermodelo australiana Miranda Kerr, famosa por haber sido uno de los ángeles de la firma de lencería Victoria’s Secret, y es un habitual de la crónica social. También es conocida su afición por la vida nocturna y el lujo.

“Soy un hombre joven, blanco y educado”, subrayó hace cuatro años en una conferencia de negocios en la Universidad de Stanford, donde estudió. “Tengo mucha suerte porque sé que la vida no es justa”, añadió en aquella oportunidad.

Hijo de abogados que se divorciaron cuando era adolescente, Evan Thomas Spiegel (4 de junio de 1990), creció en una lujosa urbanización de Los Ángeles, cercana a Malibú. En Stanford conoció a Bobbie Murphy y Reggie Brown, junto a quienes puso en marcha Snapchat. “No éramos ‘cool’, así que decidimos hacer algo que lo fuera”, dijo Murphy con ironía a la revista ‘Forbes’, en referencia al origen de Picaboo, una red social de mensajes que desaparecían a los diez segundos. Aunque ese emprendimiento fue un fracaso, sembró la semilla de la cual floreció Snapchat.

La apuesta de Spiegel y Murphy, ya con el nombre de Snapchat y sin Brown, quiso ser comprada, a finales del 2012, por el creador de Facebook. Los socios rechazaron los 3.000 millones de dólares que Mark Zuckerberg estaba dispuesto a pagar por la aplicación.

Parece que tuvieron la razón, pues su empresa está valorada actualmente en más de 20.000 millones de dólares. Sin embargo, la estrategia de Zuckerberg de emular en sus plataformas las funcionalidades de Snapchat le están dando muchos réditos al dueño de Facebook e Instagram.

Para algunos analistas, Spiegel es el único candidato a hacerle sombra a Zuckerberg dentro del grupo de jóvenes millonarios e innovadores. Pero eso aún está por verse.

Rompiendo con los tópicos de las grandes corporaciones de internet, Snapchat no se creó en un garaje de Silicon Valley, sino que su primera sede estuvo en la lujosa casa del padre de Spiegel. Actualmente, la compañía cuenta con cerca de 2.000 empleados en varias oficinas, la más destacada en Venice Beach, en Los Ángeles.

Así que la empresa ha crecido en un ambiente privilegiado y rodeada de lujo, y nada tiene que ver con la vida del típico apasionado por la tecnología, de un ‘geek’.

Al contrario: las conexiones familiares de Evan Spiegel le han permitido relacionarse con los grandes nombres de Silicon Valley y estudiar diseño en Stanford. El éxito vino tan rápido que él se retiró antes de graduarse para centrarse en la aplicación que lo convirtió en multimillonario.

Y además de su boyante proyecto empresarial, la imagen de este joven se la disputan las grandes marcas para la promoción de sus productos.

Con apenas 26 años, es difícil no pensar que la vida de Evan Spiegel es perfecta.

Al comienzo se llamó Picaboo

Spiegel, como director ejecutivo de Snap Inc., es la cara pública de la empresa, mientras que Robert Murphy, director técnico, es el cerebro. Se hicieron amigos en la fraternidad Kappa Sigma, en Stanford, y crearon lo que hoy es Snapchat junto a Reggie Brown.

Brown reivindicó como suya la idea inicial, que no detonó en su momento, bautizada como Picaboo. También se atribuyó la autoría del logotipo de Snapchat, por lo que demandó a Spiegel y Murphy por excluirlo del proyecto.

La disputa sobre la propiedad intelectual de la aplicación se resolvió con el pago de 157,4 millones de dólares en el 2014, tal y como reconoció Snap antes de su entrada a bolsa.

MIRIAM SOTO
EFE Reportajes

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