Siete razones detrás de la indiferencia frente a la paz

Siete razones detrás de la indiferencia frente a la paz

EL TIEMPO consultó varios expertos para comprender por qué la paz no emociona a los colombianos.

Dejación de armas

Uno de los factores que determinan el escepticismo frente a la paz tiene que ver, según García, con la imagen negativa de las Farc.

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Jaime Moreno / EL TIEMPO

02 de julio 2017 , 12:13 a.m.

El 67,4 por ciento de los colombianos apoya la solución negociada al conflicto armado en el país, y solo el 31,6 por ciento dice que preferiría una solución militar. Sin embargo, solo cuatro de cada 10 colombianos respalda el acuerdo de paz con las Farc.

Estos datos, leídos como una ‘contradicción’ por diversos sectores de la comunidad internacional, aparecen en la más reciente encuesta del Barómetro de las Américas-Lapop, un estudio anual sobre opinión pública realizado en 28 países de América, ampliamente reconocido por su rigurosidad científica, e implementado en Colombia por el Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes.

No es el único estudio que muestra esta paradójica situación. La más reciente encuesta Gallup Poll –realizada entre el 15 y el 24 de junio a 1.200 personas– revela que el 55 por ciento de los colombianos cree que la implementación de los Acuerdos entre el gobierno y las Farc va por mal camino, mientras que sólo el 39 por ciento considera que va por buen rumbo.

La misma encuesta da cuenta del profundo escepticismo de la sociedad frente al efectivo cumplimiento de lo pactado en La Habana por parte de los excombatientes: el 64 por ciento de los encuestados cree que las Farc incumplirán lo acordado y sólo el 33 por ciento cree que lo harán. La incredulidad frente al gobierno es menos alarmante, pero también deja mucho que desear: solo el 53 por ciento de los colombianos considera que éste cumplirá lo pactado, mientras que el 44 por ciento cree que no lo hará.

Ni siquiera la entrega de más de 7.000 armas por parte de las Farc ha logrado modificar este espíritu escéptico frente a los acuerdos. Una encuesta de Datexco realizada el 29 de julio –dos días después del desarme oficial de esa guerrilla– a 543 personas, muestra que el 67,2 por ciento no cree que ese hecho, ni la desmovilización de las Farc, vayan a conducir a “una paz estable y duradera en Colombia”.

Nadie pensó jamás que la victoria de la paz sería fácil. Como ha subrayado en diversos momentos el excancilller israelí y vicepresidente del Centro Internacional de Toledo por la Paz, Shlomo Ben Ami, “cuando un líder conduce una nación a la guerra, normalmente la tiene unida detrás de sí; pero cuando la conduce hacia la paz, la tiene dividida, porque la paz demanda concesiones y sacrificios inevitables”.

“La paz tiene un precio, y es común el desacuerdo con respecto a quién debe pagarlo
(...) Para un líder democrático, negociar la paz es mucho más arriesgado que hacer la guerra”, remata.

Pero, dicho esto, ¿qué explica que el fin de una guerra que dejó 220.000 muertos, 25.000 desaparecidos y más de 6 millones de desplazados, que le costó millones de dólares al país, que sumió a vastas regiones en el atraso y la pobreza y coadyuvó al desarrollo del narcotráfico y la minería ilegal no despierte un estado de euforia y optimismo, sino de incertidumbre, indiferencia y hasta polarización?

EL TIEMPO consultó a varios investigadores sobre las razones por las cuales hay tanto escepticismo alrededor de la paz. La conclusión es que hay al menos siete elementos que promueven las actitudes negativas de los colombianos frente a los acuerdos alcanzados con las Farc.

1. Logro lejano para muchos

Para Miguel García, director del Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes, es necesario entender que estamos saliendo de un conflicto que no se desplegó por igual en todo el territorio nacional, sino que ha estado circunscrito a ciertas zonas, y que, por tanto, la ilusión que despierta el fin del conflicto con las Farc no es un fenómeno extendido, sino localizado.

En ese sentido, así como hay poblaciones para las cuales los acuerdos de paz son cruciales y representan una oportunidad inigualable para superar un pasado violento, también hay sectores, especialmente urbanos, cuya realidad no se ve impactada en lo más mínimo por los acuerdos. “Hay quienes no perciben ninguna diferencia entre el antes y el después del proceso, lo que influye en su manera de ‘leer’ lo acordado”, anota García.

La parte más dura de la guerra se libró en zonas rurales, y hoy, según cifras del DNP, casi el 80 por ciento del país es urbano, recuerdan los analistas.

El Barómetro de las Américas evidencia las diferencias regionales en cuanto al apoyo al proceso de paz. Las regiones en las que más respaldo tiene el proceso son el Pacífico, con 51,2 por ciento de aprobación, y el Caribe, con 45,8, mientras que la favorabilidad más baja corresponde a las regiones oriental y central (34,4 y 35,9 por ciento, respectivamente), donde están varios de los mayores centros urbanos.

2. El desprestigio de las Farc

El segundo factor que determina el escepticismo frente a la paz tiene que ver, según García, con la imagen negativa de las Farc, organización que, según Gallup, tiene el 81 por ciento de desfavorabilidad entre los colombianos.

“Pese a que las Farc no fue la única organización armada que violó masivamente los derechos humanos, sí lleva a cuestas el mayor desprestigio, razón por la cual los colombianos se rehúsan a darles concesiones en materia política y de justicia”, agrega el investigador.

El Barómetro de las Américas, demuestra que, a pesar de que el 50 por ciento de los colombianos cree que la reconciliación con los excombatientes es posible y estaría dispuesto a compartir con ellos en ambientes laborales y escolares, el 64,7 por ciento está en desacuerdo con que se den garantías para la participación política de las Farc y el 71 por ciento no aprueba que conformen un partido político. La última encuesta Gallup Poll, por su parte, evidencia que sólo el 62 por ciento de los colombianos está en desacuerdo con sacrificar una parte de la justicia por negociar la paz.

3. Negociar sí, ceder no

Angelika Rettberg, directora de la maestría en Construcción de Paz de la Universidad de los Andes, explica que “en los últimos 15 años, el alcance de las acciones militares de la guerrilla disminuyó, la capacidad del Estado para combatirlas aumentó e hizo carrera la idea de que podían ser derrotadas en el campo de batalla, lo que dificulta la compresión de por qué se les hacen concesiones jurídicas y políticas”.

“Se le está vendiendo la paz a un país en el que predomina el imaginario de que la derrota militar de las guerrillas es posible”
, dice Rettberg, Y la encuesta Gallup lo confirma: el 66 por ciento de los colombianos cree que las Fuerzas Armadas aún están en capacidad de derrotar militarmente a las guerrillas, mientras que el 32 por ciento cree que no lo pueden hacer.

Eso, agrega Rettberg, hace que “muchos sectores piensen que se puede obtener la paz en forma gratuita, es decir, negociando las condiciones para la desmovilización sin contemplar ninguna concesión a cambio”.

Esto explica por qué el entusiasmo respecto del proceso de La Habana decayó cuando se llegó a acuerdos concretos que involucran una agenda de desarrollo y apertura política: el Barómetro de las Américas señala que el 53,7 por ciento de los colombianos apoyaba las conversaciones con las Farc en 2014, cifra que se redujo al 40,8 por ciento en el tercer trimestre de 2016, periodo en el que la opinión pública conoció los acuerdos finales pactados entre el gobierno y esa guerrilla.

4. Una prioridad menor

Otro elemento que causa curiosidad, es la poca importancia que los colombianos le conceden a la paz. En una encuesta realizada por Invamer a 1.200 personas en mayo, la implementación de lo acordado con las Farc y el proceso con el Eln ocupan, respectivamente, los lugares octavo y noveno en el listado de preocupaciones, después del desempleo, la salud, la corrupción, la educación, la pobreza, la delincuencia común y el costo de vida.

Andrés Aponte, del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), dice que el lugar secundario que ocupan la guerra y la paz respecto de otras problemáticas no es un fenómeno nuevo y que no significa que a los colombianos no les importen los acuerdos. “Ahora que las Farc depusieron las armas y hay una reducción de acciones bélicas, muchos sectores sociales leen esta coyuntura como una oportunidad para demandar y denunciar otras cosas”, explica.

Víctor Barrera, coordinador del equipo de investigación sobre conflicto, Estado y desarrollo de la misma institución, opina que una de las fallas más grandes del Gobierno tiene que ver con su incapacidad para articular la paz con las preocupaciones cotidianas. “El escepticismo disminuiría si la gente lograra conectar el tema de la paz con sus necesidades inmediatas”, argumenta. Reforzar la idea, por ejemplo, de que los millonarios recursos destinados para la guerra (aproximadamente 7,6 billones anuales, según un estudio realizado por el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz y la Agencia de Comunicaciones para la Paz) ahora podrán ser usados en programas para mejorar la calidad de vida de la gente: vías, salud, escuelas, desarrollo agrario, etc.

5. Fallas en la implementación

Analistas como Barrera subrayan que la estrategia de implementación de los acuerdos no ha sido la ideal, lo que incrementa la desconfianza ciudadana.
Un ejemplo contundente es la liberación de guerrilleros involucrados en episodios de enorme recordación, como el atentado al club El Nogal o el secuestro de Ingrid Betancourt, cuando ni siquiera está listo el marco normativo de la Jurisdicción Especial para la Paz, donde deberán rendir cuentas y donde se definirá su suerte jurídica.

Barrera piensa que la implementación de las medidas más tangibles para la población ayudaría a generar confianza. “El Gobierno debió empezar por hacer palpables los dividendos de la paz tales como la adecuación de las vías terciarias en regiones afectadas por el conflicto, la puesta en marcha de la sustitución de cultivos ilícitos, los proyectos productivos para la reinserción de los ex combatientes, etc”. Y adelantar esto de forma paralela al trámite de las grandes reformas que implica el acuerdo de paz (sistema electoral, tierras, etc.), que, como era de esperar en un clima de polarización y a un año de las elecciones presidenciales, están y estarán rodeadas de fuertes polémicas.

6. Otras violencias

La persistencia del conflicto con el Eln y del crimen organizado, las agresiones hacia líderes sociales, las disidencias de las Farc y la emergencia de nuevas redes criminales y grupos armados también generan escepticismo sobre la posibilidad real de ponerle fin a la guerra. Algunos grupos empiezan a copar y disputar los territorios abandonados por las Farc, situación que, además de producir temor entre los habitantes de dichas zonas, genera, según Angelika Rettberg, “muchas preguntas sobre la capacidad del Estado para aterrizar, de manera integral, en las regiones en las que hasta hace poco imperó el orden impuesto por las Farc”. Y todo eso aleja la idea de que la paz es efectivamente posible.

7. Polarización y elecciones

El contexto de polarización política que vive el país también influye en el negativismo de los colombianos frente a la paz. Para Miguel García, algunos discursos de ciertas élites políticas tienen un gran impacto en la opinión pública.

“Sectores como el uribismo han logrado instalar su visión apocalíptica de los acuerdos en amplios sectores del país mediante el miedo a una ‘venezolanización’ de Colombia”, ejemplifica.

Como si todo lo anterior fuera poco, vivimos un momento de incertidumbre con respeto a las presidenciales del próximo año. Muchos precandidatos no quieren apostarle de lleno al tema y prefieren posicionar otros, como la corrupción. “No ayuda que el arranque de la implementación de los acuerdos haya coincidido con la campaña. Defenderlos no da réditos electorales y no hacerlo puede dar la impresión de que ya no importan”, apunta Rettberg, no sin antes advertir que el nivel de desaprobación del gobierno de Juan Manuel Santos (de 71 por ciento, según la encuesta Gallup Poll) también ha contribuido a la desfavorabilidad de los colombianos frente a lo pactado con las Farc.

De ahí la importancia de ponderar los hechos de paz que ocurren en el país, y que años atrás eran impensables, coinciden los analistas consultados. “Es hora de darle la vuelta al análisis: poner el énfasis en lo positivo que se ha logrado y se puede lograr con los acuerdos, y vincular mucho más a la gente en el tema. De lo contrario, se podrían terminar imponiendo los discursos que hablan de hacer trizas los acuerdos”, concluye Miguel García.

MARÍA LUNA MENDOZA
Redacción Domingo

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