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La apuesta de las Farc que trancó las negociaciones

Miércoles 28 de septiembre de 2016
Proceso de paz

La apuesta de las Farc que trancó las negociaciones

No plantean fecha final de dejación de armas. Muertes de líderes sociales, entre sus argumentos.

Por:  MARISOL GÓMEZ GIRALDO | 

Márquez' y De la Calle explicaron esta semana por qué no se firmó la paz el 23 de marzo.

Foto: Archivo / EL TIEMPO

Márquez' y De la Calle explicaron esta semana por qué no se firmó la paz el 23 de marzo.

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El reconocimiento público del Gobierno, el pasado miércoles, de que subsisten “diferencias importantes” con las Farc en “temas de fondo” no sorprendió al país, que ya se había hecho a la idea de que la paz no se firmaría el 23 de marzo. Pero sí dejó la inquietud sobre cuánto tiempo más tardarán las partes en llegar a un acuerdo final.

La respuesta hoy no es fácil. Y no lo es porque las Farc se resisten a ponerle una fecha precisa a la dejación total de sus armas.

Si bien el grupo guerrillero acepta una fecha para comenzar el desarme, y de hecho ya existe el compromiso de que sea 60 días después de que se firme el pacto final de paz, quiere dejar abierta la fecha exacta para terminar ese proceso. (Lea: 'No vamos a permitir otro exterminio político': Guillermo Rivera)

De acuerdo con la propuesta de las Farc, la dejación total de las armas se daría “a partir” del 31 de diciembre de este 2016. Es decir, no le ponen día, mes y año a la culminación del desarme.

Este es el principal tema de fondo que divide a las partes, pues el Gobierno, como es obvio, les exige a las Farc “una fecha cierta” para la dejación total de las armas.

Esta diferencia, incluso, frustró el miércoles pasado el anuncio de una hoja de ruta para el tramo final del proceso de paz. No en vano el jefe de los negociadores del Gobierno, Humberto de la Calle, fue enfático al afirmar ese día que se requiere “un acuerdo que ponga orden en un proceso de dejación de armas, con plazos fijos, sin zonas grises”.

Y dijo esto el miércoles, pasadas las 7:30 de la noche, hora de Colombia (8:30 p. m. de La Habana), tras una extenuante jornada de intentos fallidos para que las Farc se comprometieran con una fecha precisa para el cumplimiento del desarme total. Incluso con gestiones de los países garantes, Cuba y Noruega.

Aunque ‘Iván Márquez’, jefe de los negociadores de la guerrilla, afirmó esa misma noche que la hoja de ruta que discutieron las partes “contempla propósitos, requisitos y tiempos dentro del término del año 2016”, omitió decir que las Farc no han aceptado ponerle una fecha concreta a la culminación del desarme.

Todo indica que esa guerrilla, que fue la de la iniciativa de la hoja de ruta, hizo con ella una apuesta arriesgada. La puso sobre la mesa para que el Gobierno la tomara o la dejara sin la posibilidad de discutirla, cosa que nunca había ocurrido en la negociación.

Es muy probable que las Farc hicieran esto sobre el cálculo de que el Gobierno está presionado por los tiempos del proceso de paz, y se la jugaron pensando que aceptaría su hoja de ruta a pesar de que no tiene una fecha concreta para la dejación total de las armas.

Uno de los argumentos de las Farc para insistir en un desarme gradual y sin fecha precisa de culminación es el incremento de los asesinatos de líderes sociales en el 2015 con respecto al 2014 –un 35 por ciento según el Cerac– y el mantenimiento de esa tendencia este año.

Esta es una de las dificultades actuales del Gobierno para negociar con esa guerrilla.

Vuelve y juega ‘Simón Trinidad’

Pero más allá del cronograma del desarme, la apuesta de las Farc fue tan alta que condicionó el acuerdo de paz a la liberación de ‘Simón Trinidad’, aunque sabe que eso no depende del Gobierno colombiano. Ni siquiera, hoy día, del Gobierno de Estados Unidos, sino del Poder Judicial de ese país.

Todo esto se suma a las diferencias que había revelado EL TIEMPO el domingo pasado y que, en esencia, tienen que ver con el momento en el que las Farc pueden hacer política de manera abierta.

El grupo armado pide que se levanten las órdenes de captura a todos sus guerrilleros en todo el territorio nacional, y no solo en las zonas de campamento, que es lo que plantea el Gobierno.

Además, no acepta restricciones para relacionarse con la población civil durante el desarme gradual, lo que el Gobierno rechaza rotundamente porque considera que eso sería “proselitismo armado”.

Las Farc quieren también libre movilidad por todo el espacio territorial de las veredas donde estarían instaladas las zonas de campamento, y el Gobierno piensa que deben limitarse al sitio de concentración.

Esta es hoy la situación de la mesa de diálogos de La Habana, y aunque no parece fácil, el pulso que las partes mantienen es natural en momentos en que están haciendo sus apuestas finales.

Así mismo, tienen a su favor que ya no hay presión para cumplir un plazo fatal, aunque esto no significa que pueden quedarse negociando indefinidamente en La Habana.

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora de EL TIEMPO
En Twitter: @MarisolGmezG

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