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Los efectos de la advertencia del Gobierno a las Farc

Sábado 25 de febrero de 2017
Proceso de paz

Los efectos de la advertencia del Gobierno a las Farc

Decisión sobre la justicia transicional y la concentración de frentes, el escenario más probable.

Por:  MARISOL GÓMEZ GIRALDO | 

Humberto de la Calle, cuando llegaba ayer a la sede de los diálogos. La jornada de trabajo entre las delegaciones del Gobierno y las Farc transcurrió normal.

Foto: EFE

Humberto de la Calle, cuando llegaba ayer a la sede de los diálogos. La jornada de trabajo entre las delegaciones del Gobierno y las Farc transcurrió normal.

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El inusual mensaje público de Humberto de la Calle –jefe de la delegación oficial en los diálogos de paz– a las Farc, en el que les advierte que “el proceso está llegando a su fin, por bien o por mal”, más que un portazo a esta guerrilla es la activación de una alarma en un momento de emergencia.

En consecuencia, lo que ocurra hacia adelante con el proceso de paz, tomar impulso o dañarse, dependerá de la reacción de las Farc en este momento crítico.

Es crítico porque su oleada de ataques a la infraestructura petrolera y energética, con un grave daño ambiental, condujo a que, por primera vez en dos años y ocho meses de negociación, el porcentaje de respaldo a una salida militar del conflicto se igualara al de quienes apoyan la salida negociada. (Lea: Las Farc proponen implementar acuerdo sobre drogas)

Según la encuesta de Gallup, 46 por ciento de colombianos apoya la primera opción y 45 por ciento la segunda.

Este escenario, como es obvio, pone al presidente Juan Manuel Santos ante una situación política muy compleja y obliga al Gobierno a dar el golpe que ahora está dando en la mesa de negociaciones de La Habana para que las Farc tomen decisiones prontas.

Si esto no ocurre, es muy alto el riesgo de que el respaldo de los colombianos a una salida militar crezca hasta el punto de que haga insostenible el proceso de paz.

Si bien la mayoría de las encuestas en Colombia se hacen en los grandes centros urbanos, indudablemente muestran una tendencia que nadie puede ignorar, y mucho menos el Gobierno.

En este sentido, aunque Santos en su reelección recibió un mandato para hacer la paz, el escenario que perfilan los estudios de opinión le daría la libertad para optar por una salida militar en caso de que las Farc desestimen la alerta que acaba de lanzar De la Calle.

Lo que vendría

Si la guerrilla reacciona a favor del proceso de paz, lo que se espera es que se decida pronto por un mecanismo judicial satisfactorio para las víctimas, el país y la justicia internacional, pues es aquí donde está atascado el proceso de paz.

También cabría esperar que cese la ofensiva que ha provocado un desastre ambiental y efectos sobre la población civil y la economía, pues para los colombianos resulta inaceptable una negociación en medio de una escalada de violencia como la que ha vivido el país desde el 22 de mayo, cuando las Farc suspendieron la tregua unilateral. Van 40 ataques desde entonces, según la Defensoría del Pueblo.

Estos atentados han generado entre los colombianos tal desconfianza en el proceso de paz que dos años y ocho meses después del inicio de la negociación es insostenible el principio según el cual lo que pasa en el campo de batalla no debe afectar los diálogos. (Lea: 'Necesitamos sacar a la naturaleza de la guerra')

Santos parece haberlo asumido así, y por eso De la Calle –en la entrevista que le concedió a Juan Gossaín–, también por primera vez, dice que el Gobierno está dispuesto a un cese del fuego antes de la firma de un acuerdo final, “en la medida en que sea serio, bilateral definitivo y verificable”.

Bajo estas condiciones, no sería una concesión a las Farc. Esta guerrilla ha venido insistiendo en el cese bilateral desde el comienzo de la negociación, pero sin considerarlo como un acto definitivo, como lo busca el Gobierno.

Si las Farc dan el paso en el mecanismo judicial y aceptan que es la hora de cesar el fuego y las hostilidades para siempre, tras 50 años de guerra, lo que sigue es la concentración de sus tropas.

No se trata de parar el fuego y quedarse donde están hoy, porque sería imposible verificar esto en puntos dispersos de la geografía nacional, sino de juntar varios frentes guerrilleros en sitios específicos para hacer viable la verificación de los organismos nacionales e internacionales elegidos para ella.

La decisión sobre los puntos de concentración debería salir de las sugerencias que, con seguridad, ya tiene el grupo de comandantes militares y jefes guerrilleros –subcomisión del fin del conflicto– que ha venido trabajando en el tema.

Y definidos los puntos y concentrados los guerrilleros, el tiempo que le quedaría al proceso de paz –“corto”, según De la Calle– podría transcurrir sin grandes sobresaltos para la mesa y para el país.

Finalmente, y si acaso las Farc ignoraran la alarma que acaba de activar el jefe de los negociadores del Gobierno, lo que se abriría paso sería el fin del proceso de paz que más lejos ha llegado en 30 años de intentos por cerrar el conflicto con este grupo guerrillero.

Pero las mismas Farc han ratificado en varias ocasiones su voluntad de lograr un acuerdo con el Gobierno, y por eso es muy improbable que le den la espalda al proceso de paz.

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora de EL TIEMPO
En Twitter: @MarisolGmezG

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