Por primera vez, víctima de las Farc en el Caguán recupera su tierra

Por primera vez, víctima de las Farc en el Caguán recupera su tierra

Es una entrega histórica por tratarse de un territorio históricamente vedado a las instituciones.

Efrain Pencue San Vicente del Caguan

Efraín Pencue retornó a su predio, en San Vicente del Caguan, seis años después de haber sido desplazado por las Farc

Foto:

Gabriela Guerrero Alonso

18 de mayo 2018 , 05:17 p.m.

Cinco horas por carretera, tres más por una endiablada ruta en una camioneta voluntariosa y dos horas más al lomo de una mula alquilada de temperamento tranquilo y paso cancino fue lo que tuvo que recorrer Efraín Pencue para volver a su predio en zona rural de San Vicente del Caguán, Caquetá.

La última vez que Efraín vio los amaneceres del Caquetá, desde su predio, fue en 2012. El temor, el dolor y la incertidumbre lo obligaron a dejar sus tierras en las selvas del Caguán.

Milicianos de la entonces guerrilla asesinaron a su hijo menor y le dejaron una nota para él y su familia que decía: “Si no se van, les va a pasar lo mismo”. La encontró junto al cuerpo del joven, quien, supuestamente por ser colaborador del Ejército, porque fue soldado profesional, recibió 29 disparos.

No hubo tiempo para digerir lo ocurrido. Mucho menos para cargar con los enseres que había logrado tras más de 20 años de trabajo en su predio. En lo que fue su casa aún se conservan las ollas y el fogón que, desde ese día, no se ha vuelto a encender.

Ollas San Vicente del Caguan

Las ollas y utensilios de cocina que dejó la familia Pencue antes de su desplazamiento aún permanecen en el lugar.

Foto:

Gabriela Guerrero Alonso

Dejó su tierra junto a sus nueve hijos rumbo a Rivera (Huila), donde la Alcaldía les permitió vivir en un potrero, en una casa de bahareque.

“El alcalde nos dio permiso de vivir allá, pero nosotros vivíamos bien en la finca”, afirmó Efraín, aún nostálgico cuando la Unidad de Restitución de Tierras (URT) le informó que, luego de meses de gestiones y comparecencias judiciales, podía retornar a su finca.

La promesa se consumó el pasado 11 de mayo. Después de 6 años de estar fuera de su finca, sin poder cultivar la tierra y cuidar sus gallinas, la familia Pencue regresó con la esperanza de empezar de nuevo y con la ilusión de recorrer sus 44 hectáreas restituidas.

Yo ahora lo único que tengo es esperanza. Volver a mi tierra y cultivarla es mi mayor alegría

Es la primera vez que una víctima de las Farc recupera su tierra en San Vicente del Caguán, el que fue por años uno de los santuarios de la guerrilla y ‘corazón’ de la zona de distensión, entre 1998 y 2002.El retorno de la primera familia restituida en Caquetá fue acompañado por la directora de la URT en Caquetá, Angélica Rodríguez Cely, quien indicó que este es un nuevo comienzo para las personas que fueron víctimas de despojo y abandono.

Mula San Vicente del Caguan

El predio de don Efraín Pencue queda en límites del Río Caquetá, en la vereda La Danta

Foto:

Gabriela Guerrero Alonso

Esta ha sido una de las entregas más significativas desde 2012, cuando entró en vigencia la Ley de víctimas y restitución tierras, pues implica llegar a un territorio que por años estuvo vedado para la institucionalidad.

Efraín, ahora en su predio, mira el panorama que rodea su finca, piensa en los planes agrícolas para El Danubio y, como él mismo lo dijo, se prepara para la siembra de plátano, yuca y caña, entre otros productos que serán de ahora en adelante el sustento para él y sus hijos.

Efraín Pencue

El momento en que Efraín Pencue recibió el plano de su predio

Foto:

Gabriela Guerrero Alonso

Efraín es viudo. Nació en Gigante (Huila) y a los cuatro años llegó a San Vicente el Cagúan, en donde vivió con sus padres en la finca El Limón. Luego compró su tierra y se casó con Etelvina Rivera. Amó profundamente a su esposa y por eso jamás se volvió a casar. Cada hectárea de su predio le recuerda a su eterno amor, al que ahora se encomienda para volver a empezar.

"Yo ahora lo único que tengo es esperanza. Volver a mi tierra y cultivarla es mi mayor alegría. Quiero meterle cacao, plátano, yuca, caña y ganado. Uno de mis hijos se va conmigo y me va a ayudar a recuperar la tierra porque eso toca echarle guadaña y machete para recuperar la finquita”, concluyó aún incrédulo.

EL TIEMPO

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