La paz fue su apuesta principal / Opinión

La paz fue su apuesta principal / Opinión

Santos tiene el gran mérito de nunca perder la tranquilidad, de nunca dejarse llevar por el pánico.

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Malcolm Deas, profesor británico.

Foto:

Guillermo Legaria / EFE

11 de diciembre 2016 , 01:29 a.m.

Hay premios Nobel que, por su naturaleza, poca gente entiende: los de las ciencias exactas. Hay un premio pseudo-Nobel que a veces uno medio entiende: Economía. Y hay dos que dan chance de que la gente pueda medir los méritos de sus ganadores: los de Literatura y Paz.

Los colombianos reaccionan frente al premio de Paz ganado por el presidente Juan Manuel Santos en su manera acostumbrada: divididos. Con razón, algunos van a opinar que fuera del país pocos entienden las complejidades del conflicto colombiano y de los acuerdos de paz. Con razón –y no dudo que el presidente Santos en esto está de acuerdo–; otros ponderan la justicia de premiar a una sola persona por un largo esfuerzo de muchos presidentes anteriores, desde Julio César Turbay (sí, desde Turbay), intermediarios, negociadores, los del trabajo paciente y cansón de La Habana, incluidos los líderes del otro lado: no importa qué piensa uno de las Farc y sus jefes, se debe admitir que para ellos reconocer el fracaso de su lucha armada y abandonarla no ha sido un paso fácil. Pero es de la naturaleza de premios que no pueden ser para todos, ni todos los merecen.

¿El presidente Santos, sin embargo, lo merece? La paz fue su apuesta principal, deliberada; escogió un excelente equipo y no se ha dado por vencido. Tiene el gran mérito de nunca perder la tranquilidad, de nunca dejarse llevar por el pánico. Eso lo mostró en tal vez su peor y mejor momento reciente, en su discurso del 2 de octubre por la noche, al reconocer la victoria del ‘No’. Y su paz ya ha tenido cierto éxito, incompleto, inacabado, pero de enorme significado: las prolongadas negociaciones y sucesivas firmas han producido un grado de paz de facto: por ya largos meses, las Farc han dejado de pelear. Han dejado de morir soldados, policías y guerrilleros. La tasa de muerte violenta en Colombia sigue escandalosamente alta, pero este hecho no representa poca disminución y permite, si los debidos esfuerzos se hacen, que la disminución aumente en el futuro.

El resto del mundo todavía poco conoce a Colombia. Ahora la conoce un poco mejor, bajo un aspecto positivo. Ojalá que el país, que ya tiene cierto peso en el hemisferio, llegue a merecerlo por sus logros y no por sus dificultades.

MALCOLM DEAS
Profesor británico

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