‘Número de armas que Farc entregarán no es lejano al de combatientes’

‘Número de armas que Farc entregarán no es lejano al de combatientes’

Carlos Antonio Lozada no descarta un acto público de desarme, pese a que no querían foto.

Carlos Antonio Lozada

Carlos Antonio Lozada sostiene que el país puede estar tranquilo porque las Farc dejarán todas sus armas.

Foto:

Luis Acosta / AFP

26 de marzo 2017 , 04:25 p.m.

Carlos Antonio Lozada, uno de los hombres de las Farc en la negociación de paz y quien hace parte de la comandancia del bloque con mayor poder militar de esa guerrilla, el Oriental, habló con EL TIEMPO del tema que mayor expectativa genera entre los colombianos: el desarme.

¿Cuántos son, al fin, los guerrilleros de las Farc ubicados en las zonas de desarme?

Entre 6.900 y 7.000.

¿Y cuántas armas van a entregar las Farc? ¿Se puede hacer la cuenta de un arma por cada combatiente?

No exactamente, pero el número de armas no va a estar muy lejos del número de combatientes.

¿Quién no tiene armas en las Farc?

En la confrontación hay pérdida de armas y no siempre se vuelven a conseguir. Hay unos con fusil y otros con pistola.

¿Y el armamento pesado, como los morteros, entra en una cuenta aparte?

No va a quedar ningún tipo de armamento. A las armas se les hará un procedimiento que las deje inútiles como instrumentos de guerra, y serán aprovechadas para la construcción de los monumentos. Eso va a estar determinado por el escultor, él será el que diga cómo necesita el material. Un monumento estará en Nueva York; otro, en Colombia, y otro, en La Habana.

(En video: Así son los 180 días del desarme de las Farc)

Usted era parte de la jefatura del bloque Oriental, el responsable de las tomas de bases militares y policiales de mayor impacto. ¿Este bloque es el que más armas va a entregar?

Era el más numeroso, era el que a nivel territorial ocupaba más espacio; y al ser el más numeroso, también era el que más armas tenía.

¿Qué va a pasar con los milicianos?

Lo que se acordó es que ellos se registran para efectos de los beneficios jurídicos, y seguramente en la implementación de los acuerdos también se van a ver beneficiados, pero no van a estar en las zonas.

¿Y las armas de los milicianos?

Esas armas ya fueron recogidas. Llegando a las zonas (de agrupamiento para el desarme), se recogía el armamento de las milicias.

¿Cuál es el control que las Farc le han hecho a ese armamento?

Nosotros somos una organización con un alto nivel de disciplina y de estructura organizativa, que garantiza que se recogen todas las armas.

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¿Las Farc mantendrán los tiempos del desarme a pesar de los tropiezos logísticos que ha habido en la adecuación de las zonas en que harán el tránsito a la vida civil?

Estamos haciendo todo el esfuerzo para que, si se alteraron los plazos iniciales, el plazo último y definitivo (finales de mayo) se pueda cumplir. Tenemos un compromiso muy claro con el acuerdo, con el país y con la paz. Hemos tratado de responder a las expectativas que hay entre la gente de que los acuerdos se materialicen, y por eso tomamos la decisión de que, a pesar de las dificultades, en un gesto de confianza en el país, y por el respaldo que sentimos en las calles después del 2 de octubre, vamos a corresponderle al pueblo colombiano. No nos vamos a empecinar en que si hay algunos incumplimientos, reaccionamos de la misma manera.

Desde la negociación de la agenda de paz las Farc se han resistido a que haya una foto del desarme por el sentido de rendición que tendría. ¿No hay posibilidad de un acto público en el que el país constate la entrega de las armas?

Siempre dijimos que la dejación de las armas era una decisión soberana nuestra, en la cual la garantía de seriedad y cumplimiento va a ser del componente internacional. La forma en que se dará el desarme la vamos a valorar en su momento.

¿O sea que no han pensado en una ceremonia pública?

No. Hasta ahora, lo que hay es que vamos a hacer el proceso tal como está contemplado en el acuerdo. Pero si en algún momento pensamos que debe hacerse algún acto, no le vemos tampoco un problema de principio para nosotros. Una cosa era el proceso de diálogo en sí mismo y otra, la etapa en que estamos hoy. Cosas que en el momento de la negociación se convierten en insalvables, de principios, de la dignidad del combatiente, en el punto en que está el proceso adquieren otra connotación.

(Además: ¿Cómo sabemos que sí se está dando la entrega de armas?)

¿Los miembros del secretariado serán los últimos en entregar sus armas?

Ya en la práctica, dejamos las armas hace mucho tiempo. Yo salí en octubre del 2014 para La Habana, y eso hace que no cargo un arma, ni siquiera cuando he estado en el monte.

¿Les provoca alguna incertidumbre el desarme para el momento en que se den por terminadas las zonas donde hoy están las Farc agrupadas?

Yo no me siento desprotegido andando desarmado, para nada. La decisión de entregar las armas es una apuesta por la paz.

Es decir que confían en las condiciones de seguridad pactadas con el Gobierno...

La dejación de las armas no es solo una decisión de la insurgencia, incluye el compromiso del Estado y de la sociedad de que, si se acabó la guerra, ningún sector debe volver a utilizar las armas en política. Un punto fundamental del acuerdo de seguridad es un pacto político nacional que involucre a los gremios, los sectores sociales, las Fuerzas Armadas, los partidos, las iglesias y la insurgencia. Este proceso tiene que llevar a ese pacto de que no se regrese a algo que ya logramos superar.

Hay quienes no confían en que las Farc entregarán todas las armas y creen que puede pasar lo que ocurrió tras los procesos de paz en Guatemala y El Salvador, donde los guerrilleros mantuvieron caletas. ¿Ustedes le pueden dar al país la tranquilidad de que eso no va a ocurrir aquí?

Sí, total tranquilidad. Jamás se nos ha ocurrido. Nos han preguntado los combatientes y gente amiga: “¿Ustedes van a tomar la precaución de dejar guardadas algunas armas?”. Yo les digo: ¡para qué vamos a guardar armas! Estamos haciendo una apuesta política muy grande y esperamos avanzar en el reconocimiento político. No lo vamos a arriesgar por dejar unas armas escondidas.

Pero ¿consideran la posibilidad de que algún mando medio pueda esconder armas por temores frente al futuro?

Obviamente, hay incertidumbre, Se preguntan: “¿Qué va a pasar ahora con nosotros?”. Pero hemos hecho pedagogía. Tenemos un proyecto de reintegración suficientemente sólido en lo económico, lo político y lo social, que ha logrado disminuir esos temores, que son naturales. Se le explica a la gente en qué está sustentado ese proyecto de reincorporación y que no estamos pensando en lo individual, en que cada uno deja las armas y al otro día dice: “bueno, y yo qué, tengo ponerme a buscar trabajo”, sino que tenemos un proyecto colectivo.

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¿Y cómo se ven las Farc a sí mismas el primero de junio, cuando haya concluido la transición a la vida civil?

Vamos a seguir en las zonas. Hay una equivocación cuando se ligan los 180 días de la dejación de las armas con el proceso de reincorporación. Son cosas distintas. Desaparecen las zonas veredales como figura, pero ¿para dónde nos vamos a ir nosotros de inmediato si no tenemos para dónde? Permaneceremos en esos territorios adelantando la nivelación académica y la capacitación para comenzar los proyectos productivos. Cuando estos estén definidos, nos iremos organizando. Por ejemplo, si en el Meta aparecen 400 hectáreas para un proyecto que pueden desarrollar unas 20 familias, salen 20 excombatientes con sus familias para ubicarse allí, porque los proyectos no solo son para los combatientes, sino también para las comunidades.

Deme un ejemplo de proyecto para el cual se están preparando las Farc.

Estamos capacitando a 80 combatientes en la comunicación social. No solo se están preparando para trabajar en el proyecto político, sino que ya tienen ahí una opción de vida. Sus armas serán una cámara y un micrófono.

‘No hay vuelta atrás, yo ya quemé las naves’

¿En lo personal, qué significa para usted dejar las armas después de pasar 39 años en las Farc?

Aunque indudablemente el arma tiene una significación, por las condiciones de la confrontación que se vivieron, y se vuelve parte de uno, como la extensión de un brazo, en las Farc nunca creamos misticismo frente al arma, era solo una necesidad. Yo lo veo en ese sentido. Ya quemé las naves.

¿Siente que quemó las naves?

Sí, parodiando a Mario Benedetti (autor del poemario ‘Quemar las naves’, en un título inspirado en la decisión del conquistador Hernán Cortés de incendiar sus embarcaciones durante la conquista de México para dejar claro a sus hombres la imposibilidad de una retirada) pienso que no hay vuelta atrás. Cuando uno deja las armas es porque hay una decisión suficientemente madura. Ya no hay paso atrás. Yo fui combatiente urbano durante muchos años, duré exactamente 19 años en la cuidad y siempre anduve desarmado.

El caso suyo es muy particular, ¿pero el resto de los guerrilleros pensará lo mismo?

En la guerra hay apego al arma, porque es la vida, pero tampoco hay que verla más allá de lo que es: una herramienta.

¿Qué es lo que más le atrae a usted de la vida sin armas?

La posibilidad de sentarse a beber un café, sin el miedo de que en cualquier momento a uno lo pueden matar. Tener uno la tranquilidad de compartir con la familia y los amigos, de leerse un buen libro (está leyendo ‘El hombre que amaba los perros’, del escritor cubano Leonardo Padura).

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora de EL TIEMPO
En Twitter: MarisolGmezG

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