El drama de los nukak makú no cesa

El drama de los nukak makú no cesa

Quieren volver a la selva, pero las minas que dejó la guerrilla y cultivadores de coca los frenan.

El drama de los nukak makú no cesa

Los nukak makú eran la última etnia nómada del continente y deambulaban por la selva sin afán.

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Filiperto Pinzón / EL TIEMPO

28 de marzo 2017 , 01:05 a.m.

Los nukak makú eran la última etnia nómada del continente y deambulaban por la selva sin afán y sin más temor que ser mordidos por una serpiente. Sin embargo, la presión de las Farc los obligó a abandonar su territorio y a refugiarse en pequeños caseríos y en San José del Guaviare desde comienzos del 2000.

Desde entonces dejaron de vagar por la selva, de pescar, de recoger frutos silvestres y de ser los dueños del gran resguardo nukak, de más de 800.000 hectáreas en el Guaviare. Ahora están reducidos prácticamente a ser unos indigentes. Viven de la ayuda oficial, no tienen territorio, son desplazados y enfrentan un permanente conflicto con los campesinos ‘blancos’.

Y si bien no lo expresaron públicamente, sí fueron los nukak los más interesados en el proceso de paz con las Farc. Estaban convencidos de que una vez se firmara el acuerdo con la guerrilla, ellos podrían volver a caminar la selva sin temor.

Pero eso no ha pasado, pues no solo en el Guaviare quedó una disidencia de esa guerrilla, que se calcula en más de 400 hombres dedicados particularmente al narcotráfico, sino que hay una buena parte del territorio sembrado con minas antipersona y en su selva abundan los colonos y los cultivos de coca.

Por eso, por ahora, el retorno de los últimos 700 nukak que existen no parece fácil.
Sin embargo, desde el Gobierno Nacional aseguran que están comprometidos con esa comunidad indígena y que se está evaluando el retorno de los nukak con el acompañamiento del Ministerio de Defensa y de otras instituciones.

Según el viceministro del Interior, Luis Ernesto Gómez, lo primero que se está haciendo es revisar la situación de orden público y de acuerdo con esa valoración se determinará qué garantías requieren los indígenas.

El funcionario fue claro en que este debe ser un proceso concertado, que deben ser los mismos nukak los que digan si quieren volver y qué garantías necesitan para hacerlo.

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Gómez reconoció que el territorio debe ser sometido a un proceso de desminado, que debe haber garantías de acompañamiento del Ministerio de Defensa y una atención integral para los nativos.

“Y dependiendo de la decisión de los nukak, el retorno de ellos, si están de acuerdo, puede comenzar en abril”, dijo el viceministro.

El drama de los nukak makú no cesa

Estaban convencidos de que una vez se firmara el acuerdo con la guerrilla, ellos podrían volver a caminar la selva sin temor.

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EL TIEMPO

Pero Marisela Lozano, secretaria de Gobierno del Guaviare, no está tan convencida de esto y asegura que hasta ahora no se ha activado ningún plan de retorno para los indígenas. “Eso mínimo requiere de unos seis meses para ponerlo en marcha”, dijo la funcionaria.

Dependiendo de la decisión de los nukak, el retorno de ellos, si están de acuerdo, puede comenzar en abril

‘Ojalá podamos volver’

Joaquín Nibe, uno de los pocos líderes que tienen los nukak y que habla español, dice que aunque el desplazamiento de su comunidad se dio desde comienzos del 2000, ellos siguen “luchando por volver”.

De 30 años y miembro de la etnia guayarimunus, que originalmente vivía en la frontera con Guainía, recordó cómo fueron desplazados por miembros de las Farc.

"Una mañana del 2005, no recuerdo de qué mes, un grupo de hombres uniformados y armados llegaron hasta nuestra comunidad y simplemente nos dijeron que teníamos que irnos de inmediato”, recordó.

De acuerdo con su relato, les dijeron: “Váyanse por donde quieran y para donde quieran”. Y ese mismo día, antes de que el sol se ocultara, ellos le dijeron adiós a su tierra.

En canastos y en los chinchorros donde dormían envolvieron sus pocas cosas, sus ollas y sus escasas pertenencias, y se metieron al monte rumbo a San José del Guaviare.

Como en la historia de la Biblia, guiados por un Moisés, caminaron durante varios días con sus noches y sus lunas hasta que llegaron a San José.

Recuerda que fueron tiempos difíciles, en el que aguantaron mucha hambre, en el que sentían temor todas las noches. Además, estaba la tristeza de salir de la tierra en la que siempre habían vivido.

Y tras esto, no les quedó más remedio que quedarse a vivir con los ‘blancos’. Tuvieron que poner fin a su vida como nómadas.

En el 2009, Joaquín entendió que lo más práctico era aprender a hablar español, pues era su única manera de interactuar con los blancos. Y no lo aprendió en ninguna academia, sino, según él, escuchando y memorizando. “El español todavía me queda muy pesado”, dice este hombre de hablar pausado. “Aquí no hay nada en qué vivir, los indígenas necesitamos algo para la comunidad. No hay espacio para sembrar, cazar o cultivar”, asegura este líder indígena, padre de tres hijos.

Hoy estamos fuera del territorio, estamos luchando por volver. Ojalá podamos volver rápido porque nos hace falta estar en nuestra tierra”, concluyó Joaquín.

Según sus cuentas, una vez puedan volver, el recorrido a pie hasta su tierra, por la selva, puede durar unos 30 días. No obstante, está convencido de que pueden ser los días más felices de los últimos años para su comunidad.

Aquí no hay nada en qué vivir. No hay espacio para sembrar, cazar o cultivar

¿Cómo están hoy?

Unas de las familias nukak más importantes está en la vereda Agua Bonita, en las afueras de San José del Guaviare, donde permanecen más de 120 nativos. Los demás están en otras zonas del departamento, pero por ahora no son nómadas.

Durante todo este tiempo, estos indígenas conocieron las gaseosas, los helados, la televisión y muchas otras cosas del mundo de los ‘blancos’, incluidas algunas enfermedades, que hoy parecen haberlos hecho perder parte de su cultura y sus tradiciones.

Aunque tanto la Gobernación como la alcaldía de San José y el Gobierno Nacional hacen esfuerzos para atender a estas comunidades, el asunto no es fácil.

Y no es sencillo porque son pocos los indígenas que hablan español –pues no es su lengua materna–, porque tienen problemas de alimentación y porque no tienen el concepto de propiedad privada, lo cual les produce permanentes enfrentamientos con los ‘blancos’ y porque, definitivamente, ellos quieren ser nómadas.

Además, la atención con ellos no es fácil, porque, por ejemplo, la alimentación que les envía el Gobierno, de manera elemental, son productos no perecederos, como fríjoles, lentejas, garbanzos o enlatados, algo que ellos no saben preparar o simplemente no comen.

En este momento, cuando hay verano en la zona y escasean los frutos silvestres y la comida de monte, los nukak pasan por una situación complicada: “Estamos aguantando hambre”, admitió Joaquín Nibe.

JORGE ENRIQUE MELÉNDEZ P.
Subeditor  EL TIEMPO

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