'Como en el plebiscito del 57, las mujeres votaremos por el Sí'

'Como en el plebiscito del 57, las mujeres votaremos por el Sí'

Voceras que trabajaron en el enfoque de género en los acuerdos de paz se reunieron esta semana.

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María Eugenia Sánchez, socióloga y vocera del evento, habló sobre los avances que representa el Acuerdo para la participación política de las mujeres.

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Yuliana Álvarez

21 de septiembre 2016 , 04:33 p.m.

Del 19 al 21 de septiembre, 500 mujeres académicas, campesinas, afrocolombianas, empresarias, indígenas y artistas, que representan organizaciones sociales y diferentes regiones del país, hicieron parte de la II Cumbre de Nacional de Mujeres y Paz en Bogotá.

Se reunieron para promover la participación de las mujeres en la refrendación del Acuerdo Final de Paz en el plebiscito del próximo 2 de octubre y establecer una agenda para verificar la implementación de todo lo acordado.

María Eugenia Sánchez, socióloga que trabaja en la Casa de la Mujer, habló con EL TIEMPO sobre la Cumbre y las oportunidades y desafíos para las mujeres, derivados del Acuerdo entre el Gobierno y las Farc alcanzado en La Habana, tras casi cuatro años de diálogos.

¿De dónde surge la idea de hacer una Cumbre Nacional de mujeres y paz?

Se instala la mesa en La Habana y las mujeres nos empezamos a preguntar dónde está la agenda de las mujeres en esa mesa. Nos reunimos para levantar nuestra agenda y hablamos con el Gobierno y la comunidad internacional sobre la posibilidad de una primera cumbre.

¿Cuáles fueron los resultados de esa primera Cumbre?

Primero, de allí sale la agenda para exigir que se nombre plenipotenciarias en los diálogos. Segundo, necesitábamos que se revisaran los acuerdos que ya habían aprobado en la perspectiva de los derechos de las mujeres, para eso se crea la Subcomisión de Género.

Tercero, nuestro lema político era que nosotras queremos ser pactantes y no pactadas. No queríamos que acordaran por nosotras, queríamos tener un lugar en esa decisión, que no implicaba estar negociando sino que nuestras demandas y reivindicaciones fueran tenidas en cuenta. Hicimos todo un ejercicio de incidencia en La Habana con apoyo de ONU mujeres, de las embajadas de Noruega y Suecia, entre otras.

¿Cuáles eran las peticiones?

Llevamos un documento donde planteamos en cada punto nuestras vindicaciones, más que reivindicaciones, para ampliar los derechos de las mujeres.

Era una oportunidad. En el tema de tierras, el impulso a cooperativas y asociaciones de mujeres campesinas. En el tema de drogas, todo lo que tiene que ver con la prevención frente a la drogadicción y proyectos de cultivos alternativos para las mujeres. Todo el tema de participación política. En el acuerdo quedó participación equilibrada pero nosotras pedíamos participación paritaria, mujeres con voz y voto con capacidad de decisión. No participación residual y funcional sino real y con poder de decisión.

De las propuestas de la primera Cumbre ¿qué se reflejó en los Acuerdos?

Algunas cosas importantes, otras no fueron tenidas en cuenta. En eso somos muy realistas, no porque no se logró todo lo que demandamos nos sentimos escépticas o defraudadas por el acuerdo. Valoramos y entendemos que lo que se logró es un avance, pero no es todo.

¿Qué no se logró?

Todavía no nos ven como mujeres políticas que podemos y debemos estar en esos espacios. Aunque el enfoque considera que las mujeres deben tenerse en cuenta, hay mucha titularidad en el acuerdo sobre participación política.

Es curioso, todos los estudios de encuestadoras muestran que de la población que va a votar las más indecisas son las mujeres. Por eso las campañas están muy dirigidas a las mujeres. Como en el 57, quienes salvaron ese plebiscito fueron las mujeres.

¿Por qué un enfoque de género transversal a los Acuerdos?

Nosotras inclusive decimos que no hablamos de género sino de un enfoque de derechos de las mujeres. Se ha hecho un escándalo desde sectores opositores. Hay una utilización burda, irrespetuosa e ignorante sobre lo que es un enfoque de género. Esto no es un invento sino producto de conocimiento teórico.

Este enfoque indudablemente fue gracias a nosotras, a muchas otras organizaciones de mujeres y a la presión de comunidad internacional. Fue una suma de voluntades, de trabajo e incidencia.

¿Cómo se coordinarán las mujeres para el seguimiento a la implementación de los acuerdos?

Ese fue uno de los objetivos de la segunda cumbre. Miramos cómo vamos a actuar colectivamente en el trabajo de la implementación y la verificación a esa implementación desde los territorios. Vinieron 500 mujeres de todo el país, de todas las clases y todos los sectores. Hubo pluralidad y diversidad en la participación para ver cómo podíamos hacer esa verificación y ese fortalecimiento desde los territorios.

¿Cómo vincular a las mujeres desmovilizadas y a las mujeres víctimas en la agenda?

También, hubo participación de mujeres desplazadas, victimas y excombatientes a partir de sus experiencias y todas sus reflexiones.

¿Qué es lo más valioso que deja el Acuerdo Final en términos de participación política para las mujeres?

Lo más valioso es que con la participación política, a pesar de todos los obstáculos que tiene la mujer para ejercerla, tuvimos resultados y le mostramos al país y al mundo que somos indispensables en el proceso de paz y de construcción de paz. Por eso nuestro lema es: “Sin las mujeres la democracia ni la paz va”.

¿Qué significa, para las mujeres, este segundo plebiscito?

Es muy importante. Las mujeres desde las regiones clamaban para el conflicto armado se acabara, las mujeres víctimas de todos tipos de violencia clamaban por esto y ahora saldremos pasivamente a votar por el ‘sí’.

Ofelia Uribe de Acosta, que fue una de las mujeres que luchó por el voto de las mujeres decía en su libro “Voces insurgentes” que por eso nos habían dado el voto, para que saliéramos masivamente a votar por el plebiscito del 57, y ahora también.

¿Cuáles son las oportunidades y desafíos para las mujeres en el posacuerdo?

El mayor desafío es que lo que quedó en los acuerdos en la implementación sean realidad y no se queden en letra muerta. Que se traduzcan en políticas reales enfocadas a la transformación de las condiciones de las mujeres, en presupuestos reales para las políticas dirigidas a mujeres, y en la participación de las mujeres en los territorios.

ANDREA MANTILLA
UNIDAD DE PAZ
ESCUELA DE PERIODISMO

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