Las razones del 'movimiento Libertario' para no votar el plebiscito

Las razones del 'movimiento Libertario' para no votar el plebiscito

Me sorprendo de la convicción con la que muchos defienden su voto por el 'Sí' o el 'NO' (Análisis).

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La votación será el próximo 2 de octubre.

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Archivo / EL TIEMPO

14 de septiembre 2016 , 03:17 p.m.

Decía Friederich Hayek que liberalismo y democracia no necesariamente van de la mano y que inclusive pueden ser contrarios. Para una persona que fue testigo durante el siglo XX del colapso de todo tipo de gobiernos y de las violaciones más atroces a la libertad, retomar esa reflexión nos es de sobra oportuna para el plebiscito al que hemos sido convocados a votar el próximo 2 de octubre.

En principio, para muchos de nosotros esta es la primera vez que votaríamos en un plebiscito y solo por ello bien valdría la pena revisar la historia de dicho mecanismo de participación política en nuestro país. Son tres los antecedentes que tenemos al respecto: el primero, votado en diciembre de 1885 por las autoridades municipales, ratifico la convocatoria a una constituyente que dio origen en abril de 1886 a la Constitución que rigió por un siglo nuestro país; el segundo, votado el 7 de diciembre de 1957 fue convocado por una Junta Militar y sancionó una fórmula de gobierno como el Frente Nacional, con la paridad en los cargos públicos y la alternación presidencial entre los Partidos Conservador y Liberal; y el tercero, que si bien fue mucho menos formal que los dos anteriores, fue el de la llamada “Séptima Papeleta”, votado el 11 de marzo de 1990 durante las elecciones legislativas e introducida “didácticamente” por un movimiento estudiantil promotor de dicha iniciativa.

Los tres plebiscitos fueron convocados bajo disposiciones de Estado de Sitio (1957, 1990) o de triunfo tras una guerra civil (1885). Los tres gozaron de apoyo unánime entre quienes votaron, a pesar de la abstención mayoritaria (1990), votación indirecta (1885) o ausencia de elecciones por gobierno militar o dictarorial (1957). Los tres fueron convocados por pactos entre elites políticas, ya sea solo entre partidos tradicionales (1885, 1957) o con movimiento insurgentes recién desmovilizados (1990). Y finalmente, los tres les dieron mucho más poder a los políticos para legislar en favor de sus múltiples agendas bajo el imperativo moral de la “paz” y el “orden constitucional”, todo lo que venían precisamente de perturbar y trasgredir.

Cada que me detengo a debatir sobre el plebiscito con amigos, familiares y compañeros de trabajo o estudio, me sorprendo de la convicción con la que muchos defienden su voto por el “SI” o por el “NO”, porque finalmente es muy tentador convencerse de que con tan solo ir a una urna a votar por un acuerdo que la mayoría no construimos, se pueda lograr la paz como creen los del “SI” o podamos evitar la llegada del socialismo como creen los del “NO”. Lo que los ejemplos de plebiscitos anteriormente citados nos pueden enseñar es que independiente de nuestros anhelos, los acuerdos a ser votados tienen agendas definidas de antemano bajo la suspensión del orden constitucional que pretenden restaurar o bajo la ausencia de paz que quieren instaurar. No hace falta sino revisar el umbral del 13% del censo electoral para darnos cuenta que el plebiscito quiere hacerse aprobar con apenas 4’400.000 votos, el equivalente de los que votaron por él “SI” en 1957, solo que en ese entonces esa cifra era el equivalente del 80% del censo electoral, no el 13%...

Para varias “pragmáticos” abstenerse de votar es un llamado a la omisión, a la indiferencia, a la falta de sentido político o inclusive una imperdonable falta de valor civil, pero lo cierto es que no es evidente lo que todos ponemos en juego como como para que la representación del SI y el NO basten. Que acuerdos en los que se dice participo la “sociedad civil” descarten la opinión que empresarios (ojo, no gremios), contribuyentes, consumidores y propietarios, entre otros no hayan sido tenido en cuenta como para contemplar subsidios, impuestos, regulaciones y expropiaciones, y demás, deja mucho que desear. Solo por ello creería que la abstención es el genuino llamado al principio de desobediencia civil ante unos acuerdos infames y un plebiscito demagógico. Saludo al respecto la posición que jóvenes movimientos políticos como el Movimiento Libertario hayan optado por la abstención como línea de acción y espero que más movimientos se sumen a ella. Después de todo, lo importante es la libertad y ella nos permite decir el 2 de octubre a quienes nos abstenemos de votar: SI a la paz, NO al plebiscito.

MOVIMIENTO LIBERTARIO

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