Hay paz en Marquetalia, pero no hay servicios públicos

Hay paz en Marquetalia, pero no hay servicios públicos

El lugar donde se crearon las Farc se sostiene a punta de queso y la primaria se dicta a 15 niños.

Marquetalia

En las montañas de Marquetalia hay cultivos de café y fríjol. También hay frutales.

Foto:

Juan Carlos Escobar

01 de febrero 2018 , 07:08 p.m.

Nota de la Redacción. El 27 de mayo de 1964 se crearon las Farc tras una ofensiva del Gobierno contra la ‘República de Marquetalia’, una comunidad integrada por grupos armados comunistas y liberales que estaban en la selva. El 27 de mayo, las Farc combatieron por primera vez al Ejército. Este es uno de los momentos históricos de los 52 años de guerra con las Farc, que hoy, cuando se cumple el primer año de la firma de la paz, se conmemora con esperanza. La serie periodística 'Un año de la paz para no olvidar 52 años de guerra' honra nueve hitos del conflicto armado.

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De ser una zona de duros combates, sobrevuelos de aviones de guerra, bombardeos y asesinatos, donde el extinto líder de las Farc, alias Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo, creó hace 53 años el movimiento guerrillero, la vereda Marquetalia pasó a ser una zona pacífica habitada por 12 familias campesinas.

“Desde hace varios años no hemos vuelto a escuchar un solo tiro”, repiten a menudo los 53 habitantes de esta región, que está a 10 horas de Planadas, un municipio del sur del Tolima.

Desde hace varios años no hemos vuelto a escuchar un solo tiro

En Marquetalia, enclavada en las montañas de la Cordillera Central, en límites con Huila y Valle del Cauca, y a unos 2.000 metros sobre el nivel del mar, ya no florece la violencia. A cambio reverdecen la agricultura y la ganadería, algo impensable, pues sus habitantes creían que el conflicto sería eterno.

Las páginas de la historia la recuerdan como la ‘república independiente de Marquetalia’ porque en sus montañas nacieron las autodefensas campesinas lideradas por ‘Tirofijo’. También se hizo famosa por la ‘Operación Soberanía’, del 18 de mayo de 1964, cuando el Ejército trató de apagar los primeros brotes de insurrección en el país.

Marquetalia

En Marquetalia aún se conservan las trincheras utilizadas por la guerrilla.

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Juan Carlos Escobar

Cada vez que se menciona esta vereda, de inmediato se asocia con guerra y conflicto. Esto, debido a la estigmatización por la presencia de grupos guerrilleros durante años, pero lo que pocos saben es que estos campesinos viven con muchas necesidades.

Sin servicios públicos

“Tenemos paz, mucha paz; pero no hay carretera, electricidad, alcantarillado, acueducto ni puesto de salud”, afirma Miguel Ángel Largo, presidente de la Junta de Acción Comunal. El líder, como la mayoría de los habitantes del sur del Tolima, ha tenido una vida marcada por el conflicto, pues su padre y una hermana murieron debido a la explosión de granadas en una casa de la vereda La Hacienda.

Tenemos paz, mucha paz; pero no hay carretera, electricidad, alcantarillado, acueducto ni puesto de salud

Acceder a la salud es otro dolor de cabeza. Deben trasladar los enfermos entre trochas empinadas y abismos hasta el centro de salud de la cabecera de Gaitania, el corregimiento más grande de Planadas, donde funciona la zona de normalización de las Farc con 150 excombatientes.

Además, sus habitantes cocinan con leña de la montaña y, como no tienen alcantarillado ni acueducto, toman el agua de las quebradas y la jalan con mangueras hasta sus hogares.

La población tampoco tiene energía eléctrica. Gracias a un programa de paneles solares de la Alcaldía de Planadas, los bombillos solo se ven en cinco viviendas. Las otras siete casas viven a oscuras y los niños se divierten observando a lo lejos la luz de sus vecinos.

El sueño de tener luz

Por estos días, la Junta de Acción Comunal (JAC) maneja una situación compleja, ya que debe subir, al hombro, 12 postes, en fibra de vidrio, con destino a una obra que los tiene felices: el programa de electrificación rural emprendido por la Gobernación del Tolima.

Los habitantes están sorprendidos porque esta obra, con recursos de la Gobernación, “es la primera que ejecuta el Gobierno en muchos años de historia en Marquetalia”.

“El olvido del Estado no es solo en Marquetalia, en general los municipios del sur del Tolima han sido víctimas del abandono social”, señala un habitante. Agrega que “todos en la vereda pensamos que el programa de electrificación es un sueño”.

El olvido del Estado no es solo en Marquetalia, en general los municipios del sur del Tolima han sido víctimas del abandono

“Sin luz es como vivir en el siglo pasado”, comenta una mujer mientras recoge la cosecha de fríjol.

El proyecto será una realidad, según Andrés Hurtado, secretario de Infraestructura del Tolima. “Estamos muy comprometidos con la electrificación rural”, anota. Subraya que, frente a la educación, la escuela recibió una biblioteca.

‘Vivimos de las ventas de queso’

Las humildes casas de Marquetalia, hechas con madera y cuyos pisos son de tierra -y algunas con techos elaborados en plástico-, están metidas entre las montañas, distantes unas de otras, por lo que visitar un vecino demora media hora a pie, al paso de los campesinos que no se cansan de subir y bajar lomas.

Los días y años de las 12 familias pasan entre la ganadería y la producción de leche para elaborar queso. Otra de sus tareas es cultivar fríjol y cuidar pequeñas fincas que son propiedad de ciudadanos que residen en Gaitania.

“Vivimos principalmente de las ventas de queso”, cuenta un campesino que cuida una finca con 15 vacas lecheras.

Marquetalia

La ganadería es el principal renglón de la economía de las pocas familias que habitan en Marquetalia.

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Juan Carlos Escobar

“Vivimos tranquilos en esta tierra bendita”, relata, por su lado, Miguel Ángel. Su tarea es cuidar 25 vacas lecheras. El mes pasado, la venta de queso le dejó 700.000 pesos en ganancias, que son su salario. El queso es apetecido en los mercados de Gaitania, una región cafetera de 12 veredas que alberga 2.500 habitantes en su zona urbana. En una de sus veredas, El Oso, funciona una zona de normalización de las Farc.

“La mitad del queso es para los que administramos las fincas; la otra mitad, para el dueño del predio”, explica el líder, quien utiliza las ganancias para el sostenimiento de sus hijos de 3, 6 y 8 años.

Sin carreteras

Tampoco hay carretera que comunique a las habitantes de Marquetalia con la vereda vecina de Villanueva, a la que se llega por un camino lleno de pendientes peligrosas que tienen como fondo el río Atá, una de las arterias principales que baña el sur del Tolima.

El descenso a Villanueva demora dos horas. En esta vereda abordan camperos -marca Uaz- que los trasladan a las zonas urbanas de Gaitania o Planadas, donde venden sus productos y compran lo que requieren para el sostenimiento de las familias.

En una ocasión, varios campesinos bajaron en camilla a una mujer a punto de dar a luz y en medio de la lluvia desafiaron varias dificultades hasta llegar a Villanueva, donde un campero la trasladó al centro de salud de Gaitania. Sin embargo, si se hace necesario llevar el paciente a un hospital especializado, las cosas son más complicadas, pues el recorrido a Ibagué demora ocho horas.

Todos repiten que el descenso de Marquetalia a Villanueva, aunque tiene abismos, es más fácil que la subida. Se regresa a casa por una subida con pendientes exigentes y en ese caso lo aconsejable es ir a caballo. El recorrido a pie por esta loma de abundante naturaleza y rica en agua demora cuatro horas. Hay caminos rústicos en medio de ascensos, quebradas y el saludo de uno que otro campesino que recorre la zona con mulas cargadas.

La mayoría de los pobladores pide a gritos la carretera, pero otros son conscientes de que la tarea no es fácil por tratarse de una región topográfica que, por ser agreste, y rica en agua y especies vegetales, debe conservarse.

“No sabemos si es mejor seguir viviendo sin vías o permitir que llegue lo que llaman progreso, que también podría ser un mal para nosotros”, dijo un campesino escéptico, pues considera que "la dinamita y la maquinaria pesada acaban las montañas y destruyen fuentes de agua".

No sabemos si es mejor seguir viviendo sin vías o permitir que llegue lo que llaman progreso, que también podría ser un mal para nosotros

Uno de los temas recurrentes en las reuniones de la JAC es la construcción de un puente entre Gaitania y Villanueva, ya que por años los campesinos han sostenido uno con madera de la zona.

Humberto Tafur, de 73 años, tiene fresca la historia del puente y recuerda que, en 1964, la estructura fue solicitada al Gobierno por ‘Tirofijo’, quien fue inspector de carreteras en la zona de Gaitania.

“El Gobierno no escuchó la petición y esa obra, que no costaba mucho, se convirtió en el detonante para el surgimiento de grupos de campesinos inconformes con el Gobierno, lo que dio lugar al nacimiento de las guerrillas campesinas”, asegura el hombre. Dice que hoy el puente sigue siendo en madera, lo que ha generado múltiples accidentes, pues las tablas se rompen.

15 estudiantes de primaria

¿Cómo se llama el presidente de Colombia? Pregunta la profesora Patricia Bustos a los 15 niños de la escuela, quienes asisten al único salón que existe.

La primaria funciona desde hace cinco años mediante la pedagogía Escuela Nueva. La sede tiene lo básico: un tablero, una docente y algunas cartillas.

Marquetalia

En un mismo salón se reúnen todos los estudiantes de primaria que hay en Marquetalia.

Foto:

Fabio Arenas

La profesora, graduada en Pedagogía infantil, destaca el valor de sus alumnos, quienes hacen caminatas diarias de una hora para recibir educación -las travesías por la montaña se complican en las temporadas de invierno-. “Llegan al aula empapados y con mucho barro, pero son niños con muchos deseos de aprender”, reconoce la educadora.

Llegan al aula empapados y con mucho barro, pero son niños con muchos deseos de aprender

Uno que otro niño accede al bachillerato, que funciona en Gaitania. Quienes culminan los estudios lo logran tras el sacrificio de sus padres para reunir los gastos de la estadía. Sacar un hijo bachiller sale costoso por el pago de la alimentación, el hospedaje, los libros, los cuadernos y otros gastos propios de la educación.

”Afortunadamente, la niña que terminó primaria el año pasado fue matriculada en el colegio de Gaitania, pero se trata de un sacrificio económico muy grande para sus papás”, señala la profesora y agrega que, en estas tierras, donde hasta hace algunos años se dio inicio a la escuela, son contados los campesinos que leen y escriben.

“Los que terminan primaria y no hacen bachillerato en Gaitania, terminan en la ganadería junto a sus padres”, relata la educadora. Concluye entonces que Marquetalia es una comunidad pobre, sin mayores posibilidades de acceso a la educación.

‘¿Qué hacen aquí los soldados?’

Cuando se pregunta si en años anteriores Marquetalia tenía habitantes, todos responden que no y añaden que “el que quería visitar su finca, debía pedirle permiso al comandante”.

Hoy funciona una base pequeña del Ejército, pero algunos se preguntan: “¿Qué hacen aquí los soldados si no hay guerrilleros ni para una muestra?”.

“Es tanta la tranquilidad que ya no recordamos cuándo fue el último combate armado”, dicen varios campesinos. Señalan que en la zona quedan vestigios de lo que fueron las trincheras posiblemente construidas por la guerrilla para protegerse en los días de confrontación.

Es tanta la tranquilidad que ya no recordamos cuándo fue el último combate armado

“Las trincheras son largas, van de un lado a otro, pero fueron absorbidas por el monte, así como la paz absorbió la guerra”, dice uno de los campesinos.

En medio del nuevo aire que se respira en municipios como Planadas, Chaparral, Rioblanco, Roncesvalles y Ataco, nadie olvida los años de horror que vivió esta zona -que fue dominio del frente 21 de las Farc, así como de las columnas Marquetalia y Miller Salcedo, entre otras-.

“La paz ha ayudado a la recuperación de la confianza porque varias familias que salieron desplazadas han regresado a su tierra”, concluye Wilmar Vargas, corregidor de Gaitania.

FABIO ARENAS JAIMES
Corresponsal de EL TIEMPO Ibagué
fabare@eltiempo.com

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