El premio Nobel de una paz que tenemos pendiente

El premio Nobel de una paz que tenemos pendiente

Antes del 10 de diciembre, día que el Presidente recibirá el Nobel, deberá estar el acuerdo firmado.

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El presidente Juan Manuel Santos es el ganador del Premio Nobel de Paz, 2016.

Foto:

Archivo particular

11 de octubre 2016 , 12:46 a.m.

El Nobel de Paz es sin duda un gran reconocimiento para el Presidente, para el equipo negociador, para los millones de víctimas del conflicto, para todos los ex Presidentes –pues sin los esfuerzos anteriores nada de lo que está pasando sería posible-, y en general para Colombia.

Pero también es una inmensa responsabilidad, y una que no solo recae en el Presidente de la República, sino en las FARC, en los promotores del sí y del no, y en las fuerzas políticas que están participando en esta nueva fase del proceso de paz. La historia nos cobrará muy duro no responder con altura a esta distinción, y tendrá razones para hacerlo si no firmamos pronto, muy pronto, un Acuerdo Final y definitivo de Paz.

Según el testamento del propio Nobel este premio se otorga "a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz". El premio se otorgó a una persona, es cierto, pero para nadie es un secreto que el mensaje del premio es para todo el país.

¿Lo merecen el Presidente y el equipo negociador? Por supuesto; han promovido con duro trabajo el proceso de paz.

¿Lo merecen las víctimas del conflicto? Sin duda; su generosidad y perseverancia en la búsqueda de la paz a pesar de todas las adversidades son un ejemplo para el mundo entero ¿Qué hará el resto de Colombia para merecerlo?

Los promotores del no, como colombianos, serán dignos de este premio en la medida en que reconozcan su inmensa responsabilidad en esta nueva fase y concreten su voluntad de paz con propuestas puntuales y razonables para avanzar en la pronta firma definitiva de la paz. ¿Es la responsabilidad final del proceso de paz del Presidente Santos? Formalmente sí. Jurídicamente sí. Políticamente, tal vez. ¿Pero éticamente? Rotundamente No. Éticamente la responsabilidad es compartida.

La responsabilidad ética de los promotores del sí no puede ser desconocida: la grandeza con la que respondamos a la derrota marcará el futuro de la historia. Mirarnos y reconocer los errores e incluir las voces que no se sintieron incluidas en los acuerdos es nuestro mayor reto. Y uno más importante: reconocer que en el voto del domingo 2 de octubre triunfó la democracia y que no hay vuelta atrás.

Cualquiera de las estrategias que han sido propuestas para anular ese voto, para recontar las mesas, para permitir que quienes no votaron, voten; es un mensaje sumamente dañino para la paz de Colombia y un mensaje muy dañino para la reincorporación política de las FARC: queremos que dejen las armas y discutan sus ideas en democracia, pero ¿cuál democracia? ¿Aquella que solo reconoce los resultados a la medida de quienes detentan el poder? ¡Cuidado!

No es posible alcanzar una paz estable y duradera si no reconocemos los resultados del plebiscito y trabajamos para incluir a la Colombia que votó No.

Este llamado a la responsabilidad ética compartida no solo proviene del mensaje del Premio Nobel. Proviene del espaldarazo de la Comunidad Internacional en esta nueva fase de los Acuerdos; proviene de los miles de estudiantes que marcharon y que acampan en la Plaza de Bolívar; proviene de las propias víctimas y de la Colombia del futuro; de nuestros hijos y nietos; de nuestros antepasados. Proviene –como lo diría la Filósofa María del Rosario Acosta–, del Angelus Novus de Paul Klee, que con sus alas contiene la tragedia del ciclo de desesperación por venir si no se alcanza la paz.

A diferencia de los otros premios Nobel, que se conceden en Estocolmo, este se concede en Oslo, capital de Noruega. Se trata de la misma ciudad donde iniciaron oficialmente los diálogos de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC en octubre de 2012, con la instalación de la Mesa de Conversaciones. Por eso la entrega de este premio el 10 de diciembre será doblemente simbólica para nuestro país. Firmar la Paz definitiva antes de esa fecha es el reto para responder con grandeza a este reconocimiento.

Y el mejor mensaje del Presidente Juan Manuel Santos para responder al llamado a la ética compartida, fue donar el reconocimiento económico a la reparación de las víctimas. Un gesto sin duda coherente ante Colombia y el mundo.

Que la historia no nos condene a que este Premio quede en los anaqueles. Que la historia nos premie porque Colombia fue un ejemplo vivo y digno de la memoria de Alfred Nobel.

JUANA ACOSTA
Directora del Programa de Derecho
Universidad de La Sabana

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