François Hollande en las montañas del Cauca / Análisis

François Hollande en las montañas del Cauca / Análisis

La visita reforzará la imagen de que la implementación de los Acuerdos va por buen camino.

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El presidente de Francia, François Hollande.

Foto:

Thierry Charlier /AFP

16 de enero 2017 , 11:11 p.m.

La visita del presidente francés a una zona de concentración de las Farc para finales de este mes abrió una nueva polémica en torno a la implementación de los Acuerdos de paz en Colombia. En este tablado los actores cambian y la escenografía se renueva, pero el libreto parece ser el mismo: la legitimidad en disputa del proceso de paz.

Los turbulentos años de negociación entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Farc invitan a tener versiones contrapuestas de la misma historia: por un lado, los debates incandescentes a nivel interno, las marchas a favor y en contra del proceso, el resultado apretado del plebiscito, las negociaciones con la oposición, las etiquetas recalcitrantes (anti-uribismo y castro-chavismo). El resultado: un país polarizado, encolerizado.

Por otro lado, está la versión del proceso de negociación de cara al mundo: apoyo comprometido de países como Noruega, Chile, Cuba y Venezuela durante las conversaciones, el respaldo abierto por parte Estados Unidos y la Unión Europea en los momentos de crisis, líderes mundiales han aplaudido los esfuerzos de paz en innumerables manifestaciones y, por si fuera poco, un Nobel de paz.

El resultado: un apoyo casi unánime al proceso de paz en Colombia a nivel internacional.

La visita de François Hollande, evidentemente, se inscribe dentro de la segunda versión de esta historia. En el marco de las conocidas polémicas por el comportamiento de algunos miembros de la Fuerza Pública y de unos pocos funcionarios de las Naciones Unidas, una visita de mayor talante institucional pretende reforzar la imagen de que la implementación de los Acuerdos va por buen camino. Hay tres razones fuertes para creer lo anterior.

Primero, el lugar de la diplomacia francesa en el ordenamiento mundial es fundamental: su aparato burocrático, su discurso civilista, su rol dentro del Consejo de seguridad de la ONU y su ingente capacidad de apoyo en términos de cooperación hacen de los franceses unos protagonistas de primera línea en cualquier escenario global.

Segundo, Hollande sería el primer jefe de Estado que visite una zona de concentración de una guerrilla en transición hacia un movimiento político democrático. Este hecho reforzaría la importancia de las salidas negociada a los conflictos en el hemisferio y le daría un voto de confianza a los actores involucrados sobre el buen desarrollo del complicado proceso que debe culminar con el desarme total de la guerrilla.

Tercero y a pesar de su baja popularidad, François Hollande emerge como una figura solitaria de la izquierda que está crisis en las democracias occidentales, ya sea porque no se encuentran en el poder (España, Brasil), están en crisis (Venezuela, Bolivia) o están reconcentrados en sus labores para sostenerse en el poder (Ecuador, Chile y Uruguay).

Para Hollande, en particular, la visita a la zona de concentración de las Farc en el Cauca puede reforzar su papel de líder global comprometido en la resolución de conflictos por vía de la negociación.

Mensaje que contrasta con la diplomacia agresiva de Donald Trump y que podría aportar positivamente a las últimas puntadas al proceso de negociación con el grupo nacionalista vasco ETA, tema sensible para españoles y franceses.

Un acápite local: la participación política de las Farc como agrupación política civil, a pesar del rasgamiento de vestiduras por parte de la derecha colombiana que se obstina en verlos vestidos en camuflado, es una realidad.

La implementación de los Acuerdos de La Habana nutrirá los debates políticos que se presenten en los próximos años; sin embargo, lo más conveniente para la democracia colombiana será asimilar la idea de que lo pactado con la organización guerrilla – sin importar las argucias del cómo– es un aquí y ahora.

Si bien la visita de Hollande a la zona de concentración de las Farc en el Cauca tiene un tono diferente por las razones expuestas, no marcará un punto de inflexión en la historia del proceso de paz: otros mandatarios no se volcarán a visitar los campamentos guerrilleros y las cifras de cooperación internacional para la paz no aumentarán significativamente. Sin embargo, en política nunca se puede despreciar un espaldarazo, así sea anecdótico.

ANDRÉS FELIPE AGUDELO
PROFESOR DE CIENCIAS POLÍTICAS
UNIVERSIDAD DE LA SABANA

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