Veteranos de la guerra ahora piensan en la paz

Veteranos de la guerra ahora piensan en la paz

Un general del Ejército y un curtido miembro de las Farc recuerdan el conflicto y hablan del futuro.

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El general Mario Augusto Valencia (izq.) lleva 35 años en filas. Luis Jaime Nevado (der.), curtido guerrillero de las Farc.

Foto:

Archivo particular y Carlos Ortega

26 de septiembre 2016 , 03:22 a.m.

El general Mario Augusto Valencia y el guerrillero Jaime Nevado cuentan, el primero en una entrevista y el segundo en un relato en primera persona, lo que piensan de la paz.

'Que nuestros hijos tengan un país mejor': Mario Augusto Valencia

El mayor general Mario Augusto Valencia Valencia, jefe del Departamento de Planeación del Ejército, dice que ya perdió la cuenta de las veces que estuvo en combate.

El general Valencia es el séptimo de 11 hermanos nacidos en Santa Rosa de Cabal (Risaralda). Tiene el orgullo de ser uno de los pocos oficiales que han recibido ocho veces la medalla por Servicios Distinguidos en Orden Público, y después de 35 años en la guerra sostiene que solo aspira a una cosa: a que su hijo más pequeño, que hoy cuenta con 4 años, viva en un país en paz.

¿Qué recuerdos tiene de la guerra que le tocó vivir?

En un combate contra el M-19, el 7 de agosto de 1986, en la parte alta de Belálcazar (Cauca), murió el comandante de la compañía, el capitán Barragán; un suboficial y varios soldados. Estaba al lado de mi capitán y cuando él se sintió en el último momento, me entregó su anillo de matrimonio y me encargó que se lo llevara a su esposa, que le dijera cuánto la amaba y que cuidara a sus cuatro hijos, que él se iba tranquilo.

Ver morir a amigos y compañeros, ¿qué le deja a uno en el alma?

Uno aprende a sufrir como padre, como compañero, como comandante. Cada pérdida que uno tiene es un dolor que queda ahí, latente en el corazón. Esos recuerdos ocasionalmente se hacen presentes y siempre viene esa pregunta: ¿pude haber hecho algo más?

Usted combatió a las Farc en el Sumapaz...

Como comandante de compañía del Batallón Contraguerrillas No. 19 hicimos grandes operaciones en Cundinamarca, en la región del Sumapaz, en los páramos, a temperaturas bajo cero; combatimos a más de 3.500 metros. Eso fue por allá en el 95 y 96. Hasta en Ciudad Bolívar (sur de Bogotá) hicimos operaciones militares, combatimos contra milicianos de las Farc. Hace unos días, recorriendo la autopista Sur con mi hija, le contaba de esas confrontaciones, de cómo tuvimos que instalar varias bases militares para no dejarlos avanzar hacia Bogotá.

¿Cómo ve usted ese futuro ahora, con la firma de la paz?

Nosotros, los soldados de Colombia, toda la vida tenemos una inspiración: Dios, la familia y nuestro Ejército. A medida que van pasando los años y va uno construyendo familia, se da cuenta de que la principal razón de hacer las cosas bien, de hacer cumplir la Constitución y las leyes, de los sacrificios que esta profesión conlleva, es que se dé como resultado que nuestros hijos puedan vivir un país diferente al que nosotros nos tocó. Por eso, los militares, que toda la vida vivimos la guerra, somos los primeros en añorar un país en paz, en desarrollo, donde la gente viva tranquila.

'La lucha por el poder no es de las Farc': Luis Jaime Nevado

Soy Luis Jaime Nevado, de Medellín. Respondo por la parte cultural en la unidad Pablo García, del frente 33, bloque del Magdalena Medio, que opera en el Catatumbo. Estoy en las Farc hace mucho tiempo.

Tengo 92 años. Bueno, no exactamente. Lo que pasa es que perdí esas cuentas. El hombre debe utilizar a diario el tiempo y el espacio, olvidarse de atrás y mirar hacia el futuro. Además, no es malo olvidar la Colombia sangrienta, pero sí es bueno pensar en la Colombia nueva. Hice parte del Partido Comunista Colombiano.

Fui concejal en Segovia (Antioquia) por la UP y un día la puerta de la casa me la rompieron con hacha. Como vi que no podía hacer política por las vías legales, porque peligraba mi vida, me tocó refugiarme en las Farc.

No tengo nietos, pero dentro de poco sí. Tengo dos hijos, una muchacha y un muchacho, ya grandes y profesionales. Viven fuera del país porque aquí me los matan.

La paz me la imagino con niños sin hambre, correteando, con sonrisas, alegres, nutridos, letrados. A los ancianos repartiendo su experiencia, a las madres no llorando a sus hijos muertos en la guerra. A los padres trabajando dignamente.

Mi trabajo siempre ha sido pedagógico. Hubiera querido ser comandante, pero tal vez no he servido para serlo. Aquí, nosotros jugamos a aprender y aprendemos.

Del Acuerdo Final debo decir que es un paso dialéctico. Esto indica que todo tiene movimiento, cambio y desarrollo. Todo lo que nosotros ganamos está en la Constitución. Ahora salimos a hacerlo cumplir, pero no con armas. Y vamos a hacerle entender al pueblo que este país hay que cambiarlo por el buen vivir de los colombianos.

Nosotros dejamos la parte militar, pero a través de nuestra historia hemos sido siempre subordinados a nuestra Conferencia y a nuestro Estado Mayor Central. De aquí en adelante, la disciplina nuestra es la subordinación a lo que acordó esta conferencia. Seguiremos siendo los mismos, solo que ya no utilizaremos las armas.

Tenemos que asimilar que el espacio que vamos a ocupar para vivir tiene que ser digno, no una vaina suntuosa. Una cama, un baño, un sanitario, un patio, un comedor. Que no nos sentemos a comer en un tronco.

El tránsito a lo que viene será al principio un poquito extraño, pero tenemos que ser conscientes de que necesitamos llevar una vida digna para trabajar por la construcción de la paz.

El camino de la guerra nos trajo hasta aquí. La lucha por el poder sigue. El camino de la paz está tan lejos como tú lo quieras, como lo quiera el pueblo. La lucha por el poder no es de las Farc, ni es del nuevo movimiento que surja en este proceso. Es del pueblo.

EL TIEMPO

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