'El Partido Liberal está en manos de una camarilla': Gómez Méndez

'El Partido Liberal está en manos de una camarilla': Gómez Méndez

El exfiscal y exprocurador Alfonso Gómez Méndez no irá a la próxima convención de esa colectividad.

Alfonso Gómez Méndez, exministro

El exministro Alfonso Gómez Méndez asegura que quiere “quedar como un liberal independiente”.

Foto:

Claudia Rubio / Archivo EL TIEMPO

18 de septiembre 2017 , 12:41 a.m.

¿Qué está pasando en el Partido Liberal?

Lo que está pasando hoy es el resultado de una crisis que viene de tiempo atrás. Yo ubicaría sus orígenes en el 2005, cuando Samper y Serpa le entregaron el Partido a Gaviria, a pesar de que él había estado más o menos marginado. Tanto en el 94 como en el 98, y así está contado en uno de los libros de Mauricio Vargas; él no votó ni por Serpa ni por Samper. Pero en esa operación les salió el tiro por la culata.

¿En qué sentido?

Porque Serpa volvió a perder. Venía de sacar en 1998 el 46 por ciento de la votación; el 36 por ciento en el 2002, y en estas elecciones sacó el 11 por ciento. Ahí comienza esta debacle. El partido queda en manos de esa camarilla. César Gaviria, jefe único del Partido Liberal, preside supuestamente la consulta, pero era claro, para quienes queríamos probar suerte ahí, que Gaviria tenía su propio candidato, que era Rafael Pardo, alguien a quien, como pupilo, ha llevado siempre a todas partes. Lo impone en la consulta en contra de Aníbal Gaviria, Cecilia López y en contra de mí. Gana la consulta con el apoyo de personas que, por cierto, habían sido cuestionadas, como César Pérez, Salomón Náder y Pedro Muvdi, condenados hoy por paramilitarismo.

Tampoco le fue bien a Pardo como candidato presidencial...

Sacó 600.000 votos en el 2010. Fue la derrota más grande en toda la historia del liberalismo. Estuvimos a muy pocos votos de perder el umbral. Y ahí pasa una cosa que es parte de esta crisis: en cualquier país del mundo, alguien que lleva a su partido a una derrota tan estruendosa se va no del partido, sino de la dirección. Se abre, como dicen los muchachos. Es el único caso en que un derrotado se quedó como jefe del partido. Y comenzaron a manejarlo a punta de avales, hasta convertirlo en lo que es hoy.

Lo curioso es que Pardo venía de ejercer cargos muy destacados en otros gobiernos, no merecía esa derrota...

Pardo había trabajado en los gobiernos de Barco y Gaviria, fue coordinador de la Gran Alianza con Pastrana y venía de hacerse elegir senador de Álvaro Uribe, de quien por un tiempo fue su gran adalid. Hasta actuó como gestor y ponente de su reelección. En algún momento vuelve otra vez con el liberalismo, vía Gaviria, y hoy se ha convertido en el gran contradictor de Uribe desde el cargo que ocupa en el gobierno de Santos.

Sí, hoy Santos y Pardo son grandes aliados, luego de fuertes enfrentamientos en el pasado...


No solo lo denunció penalmente, sino que Pardo le decía a Santos que respondiera por los ‘falsos positivos’ en su condición de ministro de Defensa. Hoy es uno de sus hombres más cercanos. Después de su paso por el Ministerio del Trabajo, se lanzó a la alcaldía de Bogotá. En eso también le ayudaron. Cuando suspenden a Petro, Santos pone a Pardo de alcalde encargado. Luego le entregan un programa de televisión, que nunca vigiló el Consejo Electoral, dizque para que hablara de Bogotá. Y entonces lo llevan de candidato de la Unidad Nacional a la alcaldía. Tenía todo para ganar, incluido el apoyo del Gobierno. Y con todo eso, no fue capaz. Ahí es cuando lo vuelven a llevar a la presidencia, y ahora se deja llamar ministro del Posconflicto, aunque simplemente sea un consejero. Pero, ahí también están por verse sus éxitos. No es sino mirar las cifras de la reinserción, de la sustitución de cultivos. Asume ese cargo y, aunque le dan todas las herramientas e instrumentos que no le dieron al general Naranjo (quien prácticamente se tuvo que ir por eso, casi desesperado), no hay resultados tangibles hasta ahora. Entonces: Pardo ya derrotó al liberalismo como candidato presidencial, como candidato a la alcaldía de Bogotá, y seguramente lo van a poner otra vez de candidato a alcalde. No se le haga raro.

El partido liberal es un partido que, si usted mira las encuestas, prácticamente no representa nada

¿Entonces, en su concepto, qué es el Partido Liberal hoy?

Un partido que, si usted mira las encuestas, prácticamente no representa nada. Fue pasando, como le dije, de tener el 46 por ciento de la votación al 36 por ciento; luego, al 11 por ciento y, finalmente, con Pardo, al 4 por ciento. Se desconectó de sus bases sociales y se parlamentarizó.

¿No sería mejor que el partido quedara otra vez bajo la dirección de César Gaviria y recuperara su rumbo?


Es un caso curioso. Fue una persona cercana a Barco, pero su gobierno fue la negación del legado barquista en dos temas centrales. Uno, Barco le planteó al país una cosa sana, el esquema Gobierno-oposición. Por eso, también la política ha decaído, porque todos quieren ganar, nadie pierde. ¿Qué hizo Gaviria en eso? Volver prácticamente al Frente Nacional. Dos, el tema central de Barco fue la confrontación con el narcotráfico. En el gobierno Gaviria, aunque yo entiendo que el país estaba desesperado por las bombas, se pasó de la confrontación a la negociación. A Galán, a Guillermo Cano, a todos ellos en buena parte los mataron porque defendían la extradición de nacionales. Barco la mantuvo a rajatabla. Gaviria la suspendió por decreto, y luego la Constituyente le quitó al país la extradición de encima. Si los narcos hubieran imaginado que en un gobierno de Galán iban a tener lo que tuvieron después (negociación, cárcel escogida por Pablo Escobar, guardianes, reducción de penas, garantía de no extradición), probablemente hoy tendríamos a Galán de expresidente.

Pero, alguien tendrá que ordenar el caos en el Partido Liberal. Ahora estamos viendo una disputa entre Humberto de la Calle y los demás precandidatos...

De la Calle es otro precandidato por quien el doctor Gaviria ha expresado sus simpatías, y ha anunciado que si no se hacen las cosas como él quiera, también se presentará por firmas. Por todas estas cosas ha habido mucha gente que se ha ido saliendo o la han ido sacando del partido. Por esta crisis y por otros factores, ya se habían salido Álvaro Uribe, Germán Vargas, Cecilia López, Piedad Córdoba. Mientras los sacaban, el partido se fue secando...

Pero, usted siguió ahí, firme, hasta hoy.

Sí. Yo seguí ahí. ¿Por qué? He militado en el Partido Liberal desde los 16 años. Siempre respeté, hasta ahora, la Dirección Liberal, así no estuviera de acuerdo. Es más, fui el primer liberal que decidió apoyar a Juan Manuel Santos, mientras que los que ahora son sus aliados estaban con Mockus, como Gaviria, Pardo y Juan Fernando Cristo, quien, por cierto, era enemigo tan declarado de Santos que, mucho tiempo antes, cuando era ministro de Defensa, quiso hacerle una moción de censura. En eso uno ve que el presidente Santos sigue la teoría del equipo de rivales, pero creo que se le ha ido la mano porque pasó de acercar a sus rivales a convertirlos en su primer anillo.

Dentro de 8 días viene otra convención liberal. ¿Usted va a asistir?

No. Yo no voy a esa convención liberal. Primero, porque sigue siendo ilegitima. Segundo, porque es una convención amarrada por esta camarilla que se apoderó del partido.

Me llama la atención la situación de Humberto de la Calle. ¿Usted cree que cometió un error al convertirse en el candidato-negociador?

Pues, mire, yo creo que no estuvo bien. Él, que era un hombre que estaba como desconectado de la vida pública, pero también después de haber pasado por ministerios y por puestos importantes en varios gobiernos, incluido el de Pastrana, tenía una vida pública suficientemente amplia, dijéramos. La gente lo que entendió era que esta persona, que tenía esa trayectoria de hombre respetable, prestaría su capital para ser negociador de paz. Cuando comenzaron a preguntarle si eso iba a conducir a una candidatura presidencial, él siempre lo negó, pero para muchos ya era relativamente claro que se le veían las orejas al burro. Que él, en el fondo, estaba allá para empollar su candidatura presidencial. No me parece, ni en el caso de él ni en el de ningún otro, que uno participe en un proceso de paz para sacarle provecho electoral.

Él alega que no estaba entre sus planes, pero que ahora surge la necesidad de proteger ese proceso...


No creo que él sea el único que lo pueda cuidar. El proceso de paz tiene varios padres y madres, luego no es el único que quiere cuidar la criatura. Pero el proceso, además, se defenderá solo de acuerdo con sus desarrollos.

Y se nos queda por fuera Juan Fernando Cristo, otro precandidato liberal. ¿También lo apunta como factor de esta decadencia del Partido Liberal?

Yo le reconozco a Juan Fernando Cristo una gran habilidad política, una gran capacidad de maniobra. Él es un buen lector y debe de haber leído la biografía de Fouché. Recuerde que Cristo era uno de los hombres de confianza de Ernesto Samper; incluso, por esa razón injustamente le abrieron un proceso penal, porque decían que era el enlace de Samper y el cartel de Cali, cosa que no era verdad porque tenía apenas 25 años. Y luego se convirtió en una persona muy cercana a Gaviria. Obviamente, nunca estuvo de acuerdo con Juan Manuel Santos, hasta el punto de que, como le digo, quiso tumbarlo como ministro de Defensa. En el 2010, después de la primera vuelta, estaban armando todo para apoyar a Mockus, y llegaron finalmente donde Santos, pero yo le reconozco la habilidad de servir a varios señores distintos, y, quién lo creyera, terminó de dueño de buena parte de la burocracia del Gobierno.

Escuchándolo hacer esos fuertes juicios sobre estos personajes, alguien preguntaría si hay un resentimiento, porque se dice que precisamente fueron Cristo y Pardo los que se le atravesaron a su llegada al Ministerio de Defensa...

Todo lo que digo en esta entrevista sobre ellos lo había escrito mucho tiempo antes de ese episodio.

En lo único en lo que discrepo del Presidente es en que yo creo que un jefe de Estado no se puede dejar tocar el fuero presidencial de nadie

¿Entonces qué fue lo que pasó ahí?

Yo hubiera preferido no tener que referirme a eso, pero, como usted me lo pregunta, no puedo eludir la respuesta. Aprovecho esta oportunidad para dejar las cosas muy claras ante el país; porque este mismo sector, este grupito, después de las ofertas que el Presidente me hizo y a las que me referiré ahora, comenzó a hacer filtraciones y a utilizar ese curioso sistema de chismes de los noticieros, de los cuales uno no se puede defender, para decir que yo estaba pidiendo ministerio y que no me lo iban a dar. Hasta 'El Espectador', seguramente influido por ese mismo grupito, llegó a publicar que, como no me habían dado el ministerio, aceptaría la vicepresidencia de Clara López, lo cual, desde luego, no es verdad. Los hechos son así: el Presidente me ofreció, desde el mes de febrero, primero el Ministerio de Justicia, que no acepté. Luego, el Ministerio del Interior y posteriormente, el de Defensa. Después comenzó a dudar por todas esas filtraciones en los medios, y finalmente creo que sí consideró que Rafael Pardo estaría muy molesto si yo entraba al Gobierno. No me puse en esa discusión, porque yo sí respeto el fuero presidencial. En lo único en lo que discrepo del Presidente es en que yo creo que un jefe de Estado no se puede dejar tocar el fuero presidencial de nadie.

Hay otra versión sobre por qué usted no llegó a ser ministro de Defensa. Dicen que unos militares de alto rango se sintieron molestos dada su cercana amistad con el vicepresidente Naranjo, que les daba a pensar que el Ministerio de Defensa iba a quedar indirectamente en manos de un policía. ¿A usted le parece que eso tiene pies y cabeza?

De las veces que yo hablé con el Presidente, lo que me dijo fue que mi nombre generaba mucho respaldo dentro de las Fuerzas Militares. De ser cierto lo que usted dice, me parece que sería una descortesía no contra mí, sino contra un hombre tan respetable como Óscar Naranjo. Me siento muy orgulloso de la amistad con el general Naranjo, y, bueno, bienvenido si a mí me hacen algún veto derivado de esa amistad.

¿Qué piensa hoy de lo que ha pasado en la justicia después del paso de Montealegre por la Fiscalía y de sus amigotes Bustos, Ricaurte y Tarquino por la Corte Suprema?

Mire, este país se sorprende con las cosas que ya se saben. Primero hay que decir que toda esta crisis en la cúpula de la justicia viene del hecho de que les hayan permitido a las cortes esas funciones electorales. Y eso no es como la gente dice, que se politizaron. No, se clientelizaron. Era conocido, por ejemplo, porque salió en los medios, que varios consejeros de Estado cambiaron su posición en relación con el periodo de Montealegre, para que se pudiera quedar. Cuando esos consejeros terminaron sus períodos, oh sorpresa, fueron premiados con contratos millonarios de la Fiscalía de Montealegre, pero cuando hablo de millonarios, son de 500 millones de pesos para arriba, generalmente por escribir carreta. Pero eso era conocido.

¿Por qué se genera su retiro del Ministerio de Justicia?

En buena parte, porque nunca quise firmar ese decreto de la tal reestructuración de la Fiscalía, que curiosamente ahora el actual Fiscal, con toda la razón, ha echado para atrás. Las embajadas, esa tal universidad en donde se botaron a la caneca más de 30.000 millones, la burocratización, el hecho de que hubiera magistrados que tenían grandísimas cuotas en la Fiscalía. Yo invito a las unidades de investigación de los periódicos, entre otras a la de EL TIEMPO, para que, por ejemplo, desentrañen esa madeja no solamente de nombramientos, sino de contratos, esa mezcla entre la Corte, la Fiscalía, los congresistas, y creo que ahí el país va a encontrar las causas de todo esto. El doctor Martínez debería revisar con lupa todos esos nombramientos y contratos, entre los que figura el de la fiscal recomendada por el magistrado Malo, a la que luego su hija supuestamente le cobraba un peaje. Muchos de esos nombramientos se hicieron durante ese periodo en que la Corte no eligió fiscal a tiempo para permitir que Perdomo, el encargado, nombrara a muchas personas. Hay que mirar cuántas de esas fueron recomendadas de los magistrados de la Corte.

En ese período, el poder de la Fiscalía se utilizó para muchas cosas...

Entre otras, para influir en la designación de magistrados, para nombrar al secretario de la Comisión de Acusación de la Cámara y hasta para tratar de imponer al señor Ricaurte en la Federación de Departamentos. Ese será un periodo negro en la historia de la justicia colombiana.

Hablemos de la política actual. ¿Qué tal esta explosión de 30 candidatos? ¿Cómo ve la situación de los partidos, de donde las personas se salen para ir por firmas? ¿Cómo está viendo las posibles coaliciones?

Aquí se pondera mucho la Constitución del 91, y se le tiene una especie de temor reverencial. Digamos las cosas claras: de la Constitución del 91, rescatables muchas cosas: la tutela, la carta de derechos, la Fiscalía, la Corte Constitucional. Pero, si usted mira las grandes líneas de una Constitución, digamos, en la parte dogmática, está bien porque se recogen cosas generales de la del año 36. Pero, en la parte de la organización del Estado, cojamos los tres poderes: Poder Judicial: lo acabamos de ver. Dígame si el Poder Judicial –sin que antes fuera una maravilla– no era mejor antes de la Constitución del 91. Dos, el hecho de que hubieran establecido que los magistrados juzgan a los congresistas y los congresistas a los magistrados ha generado ese cortocircuito de que hay impunidad para ambos. Tomemos el sistema político. La Constituyente, yo creo que con el deseo de acabar con el bipartidismo, acabó con los partidos. Un sistema democrático no puede funcionar sin partidos. Hoy tenemos un remedo de partidos. Antes, más o menos, la gente sabía qué eran el Partido Liberal, el Partido Conservador, la Anapo, el MRL, el Partido Comunista. Si uno quisiera rajar a un estudiante de ciencia política en la universidad, le podría decir: deme cuatro diferencias entre el Partido Liberal, Cambio Radical, el Partido Conservador y ‘la U’, y seguro que lo raja, porque no las hay.

Según usted, no se salva ni el Ejecutivo...

¿Qué tenemos hoy? Un presidencialismo cada vez más acentuado porque no hay separación de poderes –y no hablo solamente del gobierno actual–, porque la relación Congreso-Gobierno es clientelista. Acuérdese de que aquí se satanizaron los auxilios parlamentarios. Incluso, hubo gente en la cárcel por haber tenido auxilios parlamentarios. Y después de eso lo cambiaron por los fondos de cofinanciación y luego, los cupos indicativos. Entonces, después de la Constitución del 91, ni es mejor la justicia, ni es mejor el Congreso ni es mejor el Ejecutivo. Hay que decirlo con todas las letras: la Constitución del 91 no es infalible. Y esto de que ahora la gente esté recogiendo firmas es la prueba de ese fracaso. Además, porque, como le oí decir al Registrador, una persona puede firmar para todos los candidatos. Aquí tenemos que volver a los partidos. Partidos con ideología, con organización, pero, claro, no camarillas, no esto que tenemos ahora, que son fábricas de avales con los cuales se amarra la gente. Todo esto contribuye a bloquear la democracia.

Buen punto. ¿Cómo se desbloquea esta democracia?

Para que tengamos un sistema democrático real necesitamos, primero que todo, una capa de clase media muy amplia que aquí no tenemos. A la democracia americana la sostiene la clase media. Aquí, lo que tenemos es un régimen de desigualdades sociales, señaladas por el papa Francisco, y por eso es tan fácil para los políticos comprar el voto de la gente. Tampoco hay una real separación de poderes. No la hay en la medida en que los magistrados andan recibiendo puestos del Congreso, del Ejecutivo, etc. Y una cosa muy importante: la responsabilidad política. Aquí nadie responde por nada. Cuando se fugó Pablo Escobar, solo respondió un sargento. Por lo pronto, esta es una democracia bloqueada, que no tiene formas de expresión, y los partidos no están sirviendo para eso.

¿Y fuera de no asistir a la próxima convención de su partido, qué va a hacer para sacudirlo?

No renuncio a mis ideas liberales, pero me salgo de esa organización del Partido Liberal.

¿Entiendo mal o estamos cerrando esta entrevista con el anuncio de que usted se retira del Partido Liberal?

Sí, me retiro. Me retiro mientras el Partido Liberal esté en manos de esta camarilla. Yo sé que hay muchos exgobernadores, exministros, dirigentes regionales, parlamentarios, de quienes no estoy autorizado para decir los nombres, que piensan como yo, pero que no pueden irse porque no les dan el aval. Al Partido Liberal lo dejaron secar. ¿Qué se están peleando ahora entre los precandidatos? Se están peleando los pedazos de un cadáver, porque esta camarilla lo que hizo fue convertirse en sepulturera del liberalismo.

Si el candidato liberal sale de esta camarilla no estaré al lado de ese candidato, aun cuando hay figuras respetables como Viviane Morales y Juan Manuel Galán

Pues, me deja asombrada porque jamás en la vida se había ido del Partido Liberal, siempre ha estado ahí. Es de los liberales más coherentes que hay. ¿Y si no va a estar en el liberalismo, dónde va a estar en las próximas elecciones?

Mire, María Isabel, estamos en una época en la cual el fútbol es muy importante. ¿Yo qué digo? Voy a recuperar mi pase. Quiero quedar como un liberal independiente. Que no se va a desentender, desde luego, de los asuntos públicos, ni siquiera de lo que va a pasar en la próxima campaña electoral. Pero no estoy, por ahora, en plan de buscar alero.

No estará al lado del candidato liberal...

Si el candidato liberal, como todo parece indicar, sale de esta camarilla, no estaré al lado de ese candidato, aun cuando hay figuras respetables como Viviane Morales y Juan Manuel Galán, a quienes probablemente les cerrarán el camino.

¿Entonces, al lado de quién?

Estaré analizando la situación para ver qué le conviene al país. Pero, fundamentalmente, me quedo como un liberal independiente. Como hay muchos.

Con su pase...

Con mi pase. O sea, yo recupero mi pase y veré qué hago.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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