'A las víctimas de las Farc las manipularon, las invisibilizaron'

'A las víctimas de las Farc las manipularon, las invisibilizaron'

Entrevista de María Isabel Rueda a Diana Sofía Giraldo, de la Fundación Víctimas Visibles.

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La coyuntura de que el 'No' ganara fue buena para las víctimas de las Farc, para su reconocimiento, dice Diana Sofía Giraldo.

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Carlos Ortega / EL TIEMPO

14 de noviembre 2016 , 10:12 p.m.

¿Se declara usted satisfecha con los cambios que al parecer quedaron incluidos en este segundo acuerdo con las Farc?

Aunque estamos apenas estudiando el Acuerdo, de lo ya expresado por el presidente Santos y De la Calle se deduce que acogieron algunas de nuestras propuestas.

¿Como cuáles?

Reparar a las víctimas con bienes de las Farc y no incluir jueces extranjeros en la Jurisdicción Especial para la Paz. Preocupa el silencio público sobre los más de 400 secuestrados desaparecidos, pero confiamos en el compromiso que el Presidente les hizo a las víctimas, de exigirles a las Farc la verdad sobre el paradero de sus familiares.

Gracias a la incansable tarea suya, a la de Herbin Hoyos y a la de Sofía Gaviria, parece que por fin las víctimas de las Farc tendrán un tratamiento visible. ¿Cómo empieza usted a armar su fundación?

Empezamos en el 2001 y hemos conocido víctimas de las Farc, del Eln, de las Auc, de Estado, y la gran lección es: el dolor es el mismo, el daño a la dignidad del ser humano es exactamente el mismo, y los procesos de recuperación son los mismos. Todas las víctimas requieren catarsis pública de su dolor; en la medida en que la sociedad las escucha, las reconozca por un nombre, por una historia, por un antes y un después, y se identifique con ellas, esa es una sociedad capaz de reconstruir su propia historia. Yo creí que salía a contribuir devolviéndoles algo de su dignidad, y en el camino me encontré con que había recuperado la mía. Que servirles a ellas era lo mejor que me había pasado en la vida desde el punto de vista profesional.

¿Quién es una víctima?

Qué pregunta tan difícil. Una víctima es dolor, espera, vacío, duelo, ausencia. Una víctima es la mamá que después de 10 años de que su hijo está secuestrado, sigue todas las noches preguntando: “¿Dónde estás, hijo? Te estoy esperando”. La memoria de una madre que espera y espera, aunque sea encontrar unos restos para terminar un duelo, pues es una memoria que va a estar viva siempre. Esa es una víctima.

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¿En la medida en que no encuentre, siempre será víctima?

Me encontré esta semana en un acto a un soldado al que le faltan las dos piernas, un ojo, un oído, y sin embargo ha escrito libros, está luchando. La idea es que una víctima no se quede en su estado de víctima, sino que se convierta en superviviente; ese es el proceso de resiliencia, que sea capaz de reinventarse. Y eso es lo que nos falta, empoderarlas para que ellas mismas estén en capacidad de salir de ese estado de victimización.

Pues las víctimas de las Farc fueron sumamente invisibles en La Habana. Allá llevaron a unas víctimas de otros orígenes, víctimas ellas también, claro, pero escogidas para que las Farc no se sintieran como únicas culpables de tanta barbarie. Mezclaron víctimas de todo origen con el objeto de que el foco no estuviera puesto sobre las víctimas de las Farc. ¿Esta segunda oportunidad que brindó el ‘No’ ha servido para compensar esa equivocación?

Tiene toda la razón. A las víctimas de las Farc, con las tácticas de unos estrategas extraordinarios, las escogieron, las mimetizaron, las desaparecieron, en un universo mucho más amplio de víctimas de Estado, de paramilitarismo, de otros grupos guerrilleros. Está muy bien que a todas se les reconozcan sus derechos y, desde luego, que se resarzan sus daños. Pero por causa de esa operación escondieron a las víctimas de las Farc, para desaparecerlas, para convertir a las Farc en la gran protectora de los derechos de las víctimas de otros actores armados, quienes les deben a las Farc la paternidad de su protección. Iván Cepeda se convirtió en el representante de las víctimas, y por eso en EE. UU. y en Europa era fácil vender la propaganda de que en este proceso las víctimas de las Farc estaban en el centro.

¿A qué horas se montó ese operativo?

Quiero contarle una infidencia, creo que el país la debe conocer: llegó un momento de tanta tensión en la mesa de La Habana que no querían recibir ni al general Mendieta, ni a las víctimas del club El Nogal ni a las víctimas de los ganaderos. Tuvimos que exigírselo al señor Fabrizio Hochschild, enviado de las Naciones Unidas, que estaba más cerca de las Farc que del resto y no aceptaba como víctimas a estos representantes. Tuvimos una reunión privada y dijimos que íbamos a denunciarlo internacionalmente y a hacerle un escándalo. Lo cierto es que logramos que fueran tres de ellos, pero era una representación individual, se representaban a sí mismos. Desde el primer día de las reuniones, ya les estaban pidiendo a ellos que exigieran el cese del fuego bilateral. Que no fuera al final del proceso, sino al principio.

¿A las víctimas intentaron manipularlas?

Sí, la verdad que sí. Las manipularon, las escondieron, las mimetizaron dentro de una operación extraordinaria, y lo digo con todo el respeto que tengo por todas las víctimas y por la necesidad de que todas ellas, independientemente de su origen, sean reconocidas, y resarcidos sus derechos. Pero realmente fue una operación, sí, de manipulación.

¿El tiempo que ha dado el ‘No’ ha permitido cuadrar esos desbalances?

El Presidente, por intermediación del ministro Cristo, nos invitó a Palacio, y le pudimos explicar cómo habían sido invisibilizadas las víctimas, cómo se había comportado este señor de Naciones Unidas, porque la verdad es que ni el representante de la iglesia ni Naciones Unidas ni la Nacional fueron garantes para el reconocimiento, respeto, interlocución de las víctimas de las Farc. Fueron minoría en todos los sitios donde hubo reuniones. Una vez nos invitaron a una reunión y nos dijeron: “Tienen tres cupos”. Daba vergüenza.

Es decir, si no hubiera sido por el ‘No’, las víctimas de las Farc no habrían sido escuchadas en su proporción ni en su importancia...

Exactamente. Así es. Durante cuatro años intentamos una interlocución directa con el Presidente y no la pudimos conseguir. Pero en ese tiempo las víctimas se organizaron, la senadora Sofía Gaviria empezó a coordinar un movimiento exclusivo de víctimas de las Farc porque en el nuestro hay víctimas de todos los actores, pero nos concentramos estos años en las de las Farc. Yo tenía un trabajo de 22 años con personas de carne y hueso, que escuchan, que oyen, que tienen nombre, que saben que se llevaron a su hijo, a su hermana, a su papá; en fin, entonces empezamos a empoderar a las víctimas de las Farc. Tenemos que agradecerle al presidente Uribe, que dijo en estas conversaciones con los líderes del ‘No’: “Incluyamos a las víctimas de las Farc que no fueron escuchadas”. Y gracias a eso, como le digo, nos reunimos con el presidente Santos y le pudimos decir: “Las víctimas de las Farc fueron invisibilizadas. Presidente, Naciones Unidas no fue garante, manipularon todo este proceso. Presidente, queremos dejar en evidencia los errores cometidos”.

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Parece que el Presidente sí entendió el mensaje

Él no podía desconocer el resultado de las elecciones, que eran legítimas. Pero no se puede instrumentalizar la bondad de las víctimas colombianas para inducirlas tácitamente a la renuncia de sus derechos. O sea, como usted es tan buena, perdone. Tengo que decirlo, y yo quiero profundamente a la Iglesia católica, pero me dolía escuchar las declaraciones cuando les decían a las víctimas ‘perdonen’, pero yo no escuchaba que les dijeran a las Farc: ‘Pídanles perdón a las víctimas’.

¿Hoy, las víctimas de las Farc han cobrado la relevancia que se merecen?

A Herbin Hoyos, en su asociación de víctimas, le dan 468; a la Cruz Roja Internacional, 430 personas. Es decir, cuando se inició el proceso, pongámosle que había 400 personas secuestradas que, por obra y gracia del proceso, se trasladan a listas de desaparecidos. Entonces el mundo creyó, o en Colombia creímos ingenuamente, que al desaparecerlos de las listas de secuestrados ya estaba solucionado el problema de las Farc. Esconder a más de 400 personas que estaban secuestradas al inicio del proceso y trasladarlas a listas de desaparecidos con la promesa de que las Farc no secuestraban más, a mí me parece doloroso, para utilizar una expresión respetuosa en este momento de reconciliación. Doloroso, por decir lo menos, pero infame. Porque es que podrían borrarlas de las listas de secuestrados, pero jamás las van a borrar de la memoria de las madres, esposos, hijos, que las esperan.

¿Todo esto se lo dijeron al Presidente?

Sí. Le pedimos que les exigiera desde ya a las Farc, antes de firmar, que empiecen a devolver a algunas de esas personas, a preguntar por ellas, si murieron, a decir dónde están los restos.

Pero, perdón, Diana Sofía, ¿me está confirmando que nada de eso estaba ocurriendo bajo la primera versión del Acuerdo con las Farc, que supuestamente tenía a las víctimas en el centro?

No. No. No estaba ocurriendo. En el centro sí estaban las víctimas, pero se privilegiaba a las de otros actores. Me parece admirable que los exsecuestrados políticos apoyaran todo el proceso, lo entiendo perfectamente. Pero se estaba condenando al anonimato al resto de la masa de las víctimas de las Farc, que estaba sin dolientes. Y que se les estaba exigiendo perdonar.

Perdonar. Pero ¿quién les ha pedido perdón?

Exacto. Entonces está bien que perdonen porque la gente cuando perdona, aunque no le pidan perdón, sana, y eso es fantástico. Pero otra cosa es aprovecharse de la bondad de las víctimas colombianas para inducirlas tácitamente al desconocimiento de sus derechos. ¿Por qué le digo esto? Por ejemplo, mencionemos el derecho a la verdad. Los mismos que van a elegir o que van a señalar los modos de elección de los miembros de los tribunales de la Jurisdicción Especial para la Paz son los mismos que van a elegir los miembros de la comisión de esclarecimiento de la verdad.

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¿Cuál es concretamente la objeción?

En un principio se planteó que fuera mitad el Gobierno y mitad las Farc; entonces le dijimos al Presidente que sería un contrasentido obligar a las víctimas a comparecer ante una comisión nombrada con recomendación, o participación, o cercanía, o delegada, de las Farc. ¿Con qué tranquilidad una víctima de las Farc podría dar un testimonio en ese momento?

Y una garantía de no repetición, que es lo mínimo que puede pedir una víctima...

Claro. Claro. Lo que digo es que las víctimas son bondadosas. Nadie está pidiendo piyama a rayas. Eso se lo han inventado porque todo lo han caricaturizado con una operación de propaganda extraordinaria. O sea, las víctimas no están pidiendo eso, pero sí un simbolismo que le diga a la sociedad colombiana que portarse mal no paga, eso es lo difícil de asimilar. Y reparación. Entonces dicen sí, claro, hay reparación, pero con plata de los contribuyentes colombianos.

¿Eso cambia en el nuevo acuerdo?

Le dijimos al Presidente no, un momentico, que quede explicitado que la reparación es con dineros de las Farc.

¿Y hubo algún avance en este sentido?

Yo estoy muy esperanzada. Los grupos de Herbin y Sofía Gaviria quieren ir a La Habana a entregar los listados con la relación de nombres, rostros e historias de las personas secuestradas, y el Presidente dijo que se esperaba, en materia de justicia transicional, la mayor participación de las víctimas que no habían estado antes en la mesa. Creo que en materia de reparación, el Gobierno está rectificando, y esperamos que quede explícito en los acuerdos qué se hace con dineros de las Farc.

¿Usted ha encontrado con sus reclamos empatía en el presidente Santos?

El día que fuimos con las víctimas, tengo que reconocer que me encontré con un Presidente empático, para mí desconocido, un Presidente que quería escuchar a las víctimas, que quería rectificar lo andado. Y yo creo que a la gente hay que creerle. Y ahora que tuve la oportunidad de participar en estas mesas, escuchando a Humberto de la Calle, a Juan Fernando Cristo, a Carlos Holmes, a Óscar Iván Zuluaga, fue un debate superrico en interlocución, en profundización, sin polarización. Para mí fue un privilegio asistir a esas reuniones. El Presidente tiene una oportunidad histórica, porque sería una vergüenza que el mundo se llegara a enterar de lo que pasó aquí con las víctimas. Hay que aprovechar esta coyuntura y sacar esto adelante. La coyuntura de que el ‘No’ ganara el plebiscito fue muy buena para las víctimas de las Farc, para su reconocimiento, para la interlocución, para el resarcimiento de sus derechos, para la visibilidad, y para que sí se repare a todas las víctimas y formemos todos parte de la reunificación de este país. No quiero profundizar en este tema, pero yo pienso que también tendríamos que hacer un análisis de qué pasó en los medios y por qué contribuyeron al juego de esconder a las víctimas de las Farc.

Lo hacemos cuando quiera. Pero ¿qué garantías hay de que encontrarán a los 400 secuestrados, hoy reputados desaparecidos?

Al terminar esta entrevista encuentro un párrafo en el nuevo acuerdo con las Farc. Nosotros estábamos exigiendo gestos humanitarios, que no se dieron durante el proceso, sobre los más de 400 secuestrados por las Farc, que habían escondido hábilmente, y la respuesta fue: “Hemos acordado poner en marcha un proceso especial de aporte y recolección de información estrictamente humanitario entre el Gobierno Nacional, las Farc y las organizaciones de víctimas”.

¿Y eso no es esperanzador?

Vuelven a incluir a todas las organizaciones de víctimas de diferentes actores armados: Vuelven a diluir a los secuestrados por las Farc en un universo muy grande... Teniendo en cuenta que hace poco ‘Granda’ dijo en ‘La Noche’ que debían empezar por buscar los 70.000 desaparecidos de las Farc, pues vuelve y juega.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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