‘Hay que entender algo: Santos ya no pide votos’

‘Hay que entender algo: Santos ya no pide votos’

Felipe González asegura que el acuerdo de paz es un hito que separa el pasado del futuro.

Felipe González

Felipe González, expresidente del Gobierno español, estuvo esta semana en Bogotá.

Foto:

Luis Robayo / AFP

02 de abril 2017 , 10:50 p.m.

Felipe González, expresidente del Gobierno español, aseguró en diálogo con EL TIEMPO que la fase del posconflicto es compleja y que se requiere una presencia institucional integral en todo el territorio, con inversión y desarrollo, porque esa es la construcción de la paz.

Dijo que por definición los acuerdos de paz no tienen que ser perfectos, porque si lo fueran, no serían acuerdos, sino la imposición de unos sobre otros.

El líder socialista español agregó que como el presidente Santos está por terminar su mandato se puede permitir decir la verdad de lo que está pasando sin medir el riesgo político.

Y sobre Venezuela opinó que su Gobierno, como va, terminará arruinando al país y liquidando la democracia.

(Además: Mujica y González, en Cali para instalar Comisión de Notables)

¿Cómo ve el avance del proceso de paz con las Farc?

El análisis es que hay un hito que separa el pasado del futuro. El futuro es muy complicado porque siempre ha sido más difícil construir la paz que hacer la guerra, por tanto, no le quito ninguna importancia a la enorme complejidad de la implementación.

¿Qué le preocupa de la implementación?

Hay una relación de relativo desequilibrio, lo cual es lógico. Para las Farc, la implementación tiene tres pasos que son relativamente fáciles de dar: se tienen que desarmar, tienen que ocupar un espacio de destino y tienen que transitar de las botas a los votos, que es su principal misión. Mientras tanto, las obligaciones del Gobierno son de desarrollo programático, que durará años. Tiene la implementación de los detalles concretos que afectan a los que dejen las armas o la justicia transicional, a lo que se suma el programa de reparación de las víctimas. Además, tiene que ocupar los espacios que quedan vacíos antes de que sean ocupados por la criminalidad organizada.

(En video: ¿Cómo se implementarán los acuerdos?)

¿Ve lío con esos espacios que están dejando las Farc?

El Estado tiene la dificultad de ocupar como Estado el territorio, y esa ocupación, que se ha venido haciendo lentamente, es para garantizar en todo el territorio la presencia institucional en términos de seguridad, atención pública, educación, salud, oportunidades de empleo. Eso es todo un plan de desarrollo. Ese es el posconflicto, es la construcción de la paz.

¿Y cómo ve la ocupación del territorio por parte del Estado?

Hay alguna demora, pero es algo inevitable. Hay una clara voluntad presidencial, porque es el actor decisivo, pero hay unos obstáculos, unos de carácter institucional y otros de tipo operativo. Pero mire, yo creo que Colombia debe vivir y asumir con esperanza que el país vuelve a ser de los colombianos.

Usted ha dicho que no es neutral al hablar del proceso de paz, ¿por qué?


He dicho que no soy neutral si la neutralidad consiste en mantener una equidistancia entre la paz y el conflicto. Yo no soy neutral porque quiero que se supere el conflicto, porque creo en la paz.

¿Cree que lo logrado con las Farc es un buen acuerdo?

Sé que los acuerdos, para que sean acuerdos, por definición no tienen que ser perfectos, porque si fueran perfectos, no serían acuerdos, sino que serían la imposición de unos sobre otros.

¿Y este qué tan perfecto es?

El único posible.

¿Ve a la comunidad internacional comprometida con este proceso?

Sí, absolutamente, y es lo más sorprendente. Ayer comimos un delicioso sancocho; le explico, desde dentro del sancocho hirviendo es más fácil sentirse quemado por cualquiera de los ingredientes, pero desde fuera, que es como se pone normalmente el cocinero, ve cómo va el sancocho. Entonces, la diferencia entre desde fuera y desde adentro es que desde fuera se ve que ha pasado la época de un conflicto de 50 años, que para América y Colombia significa decir que este continente está exento de conflicto armado. Eso es un hito histórico. Por eso digo que el acuerdo es bueno porque resuelve el conflicto. ¿Hubiera sido mejor hecho por otro de los presidentes que lo hubiera intentado? Es lo que se llama un preferible histórico, pero estoy casi seguro de que no hubiera sido mejor, hubiera sido igual, parecido o más defectuoso.

¿Por qué cree que en el país hay gente que piensa que esto va mal?

No lo sé, hay muchos factores. Pero hay un punto y es que desde hace más de un década las grandes ciudades, salvo la presencia de algunos desplazados, no viven un clima de conflicto, y como tenemos tanta capacidad de olvidar. Entonces, tenemos al menos dos Colombias, la que ya dejó el conflicto atrás y la que seguía viviendo el conflicto.

¿Tiene alguna recomendación para el avance de este proceso?

Creo que al Presidente le quedan 16 meses y tendrá que ejercer la presidencia hasta el minuto final, de manera que no hay tiempo para relajarse en esta última fase en la que las elecciones lo dominan todo. El compromiso del presidente Santos es con la gente, y los colombianos deben tener claro que cuando en el país oigan algo de Santos o contra Santos, entiendan algo, Santos ya no pide votos.

¿Eso qué significa?

Que él, en 16 meses termina su mandato, por lo que él ya no está pidiendo nada para él. Se puede permitir decir la verdad de lo que está pasando sin el riesgo de medir si es políticamente conveniente decirlo o no, si es popular o no.

¿Cree que las elecciones del 2018 pueden afectar el desarrollo de los acuerdos?

Puede ocurrir de todo. Yo creo que quizá lo confunda con un deseo sobre lo que va a ocurrir, y es que quien se haga cargo de Colombia en los próximos cuatro años se va a encontrar con una realidad nueva y en marcha y a la que tendrá que hacerle frente, sea cual sea la posición que tenga ahora. No creo que alguien quiera dar marcha atrás a una conflictividad que se ha venido apaciguando.

(También: Los enredos que afronta el Centro Democrático para elecciones de 2018)

Hablemos de Venezuela, ¿cómo ve lo que está pasando en ese país?

La trama político-militar que se ha puesto en marcha desde el día siguiente de las elecciones a la Asamblea –el 6 de diciembre del 2015–, un programa de control totalitario del poder, habría dado el último paso con la anulación de la Asamblea.

Yo no he visto nunca, salvo la guerra en Siria, un proceso de destrucción más profundo de una realidad social, económica e institucional que el que he visto en Venezuela. Esto es sin guerra, no hay conflicto. Venezuela debería poder resolver un conflicto sin armas, simplemente reconociendo la Constitución que los mismos gobernantes se han dado y que están liquidando.

¿Cuál sería la solución?

La solución no es si Venezuela seguirá dentro de la OEA o no, sino de los venezolanos. El Gobierno debe tener claro que la vía por la que van terminará arruinando al país y liquidando la democracia.

¿Qué viene ahora en Venezuela?

El último paso es el de la trama totalitaria. Su base de apoyo hoy son las armas, es decir, se apoya en las bayonetas, institucionales e irregulares. Los venezolanos no son ciudadanos fáciles de someter a una dictadura. No les gusta vivir sin libertad, es muy difícil que la dictadura se asiente.

EL TIEMPO

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