Si Colombia dice 'No', queda como un pueblo esquizofrénico: Mujica

Si Colombia dice 'No', queda como un pueblo esquizofrénico: Mujica

El expresidente uruguayo José Mujica dice que ayudará con 'todo lo que pueda' a construir la paz.

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En 2017, Mujica será parte de la comisión de verificación, que "lidiará con las cosas más feas"

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AFP

24 de septiembre 2016 , 06:46 p.m.

Desde un país pequeño le habla al mundo. Tiene un mensaje sencillo. La vida está para gozársela, y no se puede ser feliz en medio de la guerra. Esto nos dijo Pepe Mujica.

¿Qué le dice usted a la gente que les tiene más miedo a las Farc en la política que a las Farc en la guerra?

Es ridículo. Las Farc tendrán que conquistar en la política voluntades que la acompañen, pero no por el ayer sino por el mañana. La naturaleza nos colocó los ojos hacia adelante. Las mayorías están preocupadas por el mañana y el pasado mañana, pero no por el ayer. Yo fui guerrillero. Llegué a presidente, no por haber sido guerrillero sino por lo que hice después. Llegué porque estuve años trabajando desde el parlamento defendiendo la causa de la gente y atendiendo conflictos sociales.

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¿Cómo cree usted que América Latina reaccionaría si Colombia dice ‘No’?

Si Colombia dice ‘No’, daría la impresión de ser un pueblo esquizofrénico que se aferra a la guerra como forma de vida. América Latina difícilmente lo entendería y sería una frustración para lo mejor de Colombia. ¿Quiere decir esto que la paz soluciona todos los problemas? ¿Quiere decir que, al otro día de firmar la paz, todos tendrán trabajo? ¿Que el salario sobrará y todos vivirán en un paraíso? No, desde luego que no.

La paz crea las condiciones para garantizar derechos sociales y económicos.

Me quedé frío cuando me dijeron que más de 3.000 dirigentes sindicales fueron asesinados. ¿Por qué? En cuanto a derechos laborales, Colombia parece un país primitivo. ¡Es una paradoja! Es un país riquísimo y está entre los países más desiguales del mundo. ¿Es lo que merece Colombia con los recursos que tiene? No. La guerra es un despilfarro espantoso de energía. Despilfarran energía en la guerrilla, despilfarran energía en el ejército, y ese mismo esfuerzo podría ser usado en políticas sociales y desarrollo.

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¿Qué le está diciendo usted al Eln?

Les estoy diciendo que repiensen todo.

¿Y está en contacto con ellos?

No, no lo estoy. La guerra no puede ser un objetivo de vida. En las viejas definiciones académicas de la guerra, esta se hace por una paz mejor, pero el objetivo no es la guerra, sino la paz. Si vamos a vivir en guerra permanente, estamos locos.

¿Y a las Farc qué les está diciendo al oído?

Que se inserten en la sociedad, que trabajen, que usen la experiencia que tienen en el campo en favor del desarrollo agrario, del campesinado, de la inclusión, de las escuelas, de infraestructuras y de muchas cosas más, y que luchen de civil por todo eso.

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¿Y a los jóvenes colombianos qué les dice?

Avívense, muchachos. Voten ‘Sí’ para hacer la paz hoy y poder construir la paz mañana.

¿Qué papel hay para Pepe Mujica en el posconflicto?

Estaré en una comisión de verificación hacia el mes de abril y será la que tendrá que lidiar con las cosas más feas. Ya habrán pasado los aplausos y las festividades y, por lo tanto, habrá que materializar lo pactado. Ahí es cuando vienen los líos.

Estará viniendo con regularidad a Colombia.

Lo tendré que hacer si los huesos me lo permiten. Haré todo lo que pueda por la construcción de la paz por tres razones: por Colombia, por América y por el mundo. El ser humano ha llegado a un estadio en el cual tiene que plantearse salir de la prehistoria. Hay que archivar las armas como recurso para dirimir nuestras diferencias. Tenemos que salir de esto. ¿Por qué? Porque el hombre nunca tuvo tanta fuerza como hoy día. Si seguimos en esa lógica de guerra, estaremos expuestos a que un día aparezca un loco de mierda con posibilidades de apretar el botón y armar un desastre.

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Parece que ya apareció en los Estados Unidos.

Sí, pero le tienen más miedo a Venezuela, y la verdad es que ellos no atacan a nadie.

Usted habla mucho de Nelson Mandela, y los dos tienen vidas parecidas. Comenzaron en una insurgencia, se convirtieron en símbolos de reconciliación, llegaron a la presidencia. ¿Los podemos comparar?

Mandela es incomparable. Yo soy un paisano luchador para quien su principal preocupación es hablarle a la muchachada que está entrando o ya está en las universidades porque ellos van a tener que manejar el mundo dentro de 20 o 25 años. Van a tener la responsabilidad de no cometer los errores de nuestra generación y tendrán que comprometerse con la vida y el progreso de la sociedad.

¿Cómo podrán hacerlo?

La característica más grande de nuestra especie es la capacidad de crear civilización. Es una construcción colectiva, acumulativa y permanente. Ahora hay que dar otro salto de progreso: frenar el egoísmo, masificar la cultura y pensar las cosas para que la gente pueda ser más feliz. Lo que estoy diciendo parece una pavada, pero si dejamos que una metrópolis tenga 20 millones de habitantes y que el grueso de la gente tenga que gastar tres o cuatro horas por día para ir a trabajar, cabe preguntarse: ¿podrán ser felices? Sí podrán tener todos los adelantos tecnológicos que quieran, pero no serán felices. Estarán condenados porque no tuvimos la previsión de pensarnos la ciudad. Todo está organizado por la conveniencia del mercado, por la ley del bolsillo, por la inversión inmobiliaria, y no se piensa en el ser humano. Cualquiera debe tener condiciones para ser feliz. Repensar… eso requiere una cultura distinta.

Nosotros nacimos en un país pequeño, con poco peso geopolítico, pero usted lo puso en el mapa.

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No fui yo; es el discurso contemporáneo que cada vez está más vacío. Se habla de competitividad, de economía y crecimiento económico, y pare de contar. No se habla del hombre ni de la mujer. La economía, ¿para qué? Debería ser para que se viva feliz y mejor. El objetivo no es la economía sino la gente. Hay una manga de viejos calavéricos a los que no se les ocurre que la muchachada que anda por la calle necesita amor. Por eso me entienden a mí.

¿Solo un país chiquito podía producir un Pepe Mujica?

La civilización dio saltos enormes en pequeñas ciudades. En la vieja Grecia, en el renacimiento o en la Liga Asiática. La civilización es hija de las ciudades, pero no de cualquier ciudad, no de la megalópolis, sino de aquella que tiene una escala humana donde la gente se conoce, se relaciona y siente amor, afectos, odios, crispaciones. La masificación contemporánea nos ha hecho perder eso.

LAURA GIL*
Especial para EL TIEMPO
Colombo-uruguaya. Internacionalista, politóloga y columnista de las páginas de opinión de EL TIEMPO. Experta en temas de derechos humanos y Derecho Internacional Humanitario.

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