'En el 2013, la mesa de La Habana casi se levanta': Henry Acosta

'En el 2013, la mesa de La Habana casi se levanta': Henry Acosta

Facilitador del contacto Gobierno-Farc habla de las vicisitudes que enfrentó el proceso de paz.

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Henry Acosta Patiño nació en Génova (Quindío) y estudio Economía en las universidades Nacional y del Valle.

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Daniel Reina / Revista Semana

11 de septiembre 2016 , 02:18 a.m.

Henry Acosta dice que el proceso de paz de La Habana tuvo dos pilares: el presidente Juan Manuel Santos y el fallecido comandante de las Farc ‘Alfonso Cano’. Fueron ellos, en su opinión, quienes tuvieron la voluntad última de abrirle la puerta a un diálogo que parecía imposible por el ruido de la guerra. Desde el 2006, Acosta había pasado los días llevando y trayendo mensajes entre las partes, pues su amistad con el jefe guerrillero ‘Pablo Catatumbo’ y su credibilidad en el Gobierno lo habían convertido en un ‘facilitador’ para encontrar una salida al conflicto.

Al comenzar esta charla con EL TIEMPO, Acosta confiesa que lo suyo era el trabajo confidencial en las montañas y que algo de extrañeza le sigue causando haber pasado a la luz pública después de que se conociera su papel, y más ahora, que acaba de lanzar su libro 'El hombre clave'. En él relata cómo fue que conoció a ‘Catatumbo’ en 1998, cuando su experiencia en cooperativismo y contactos con organizaciones internacionales lo habían puesto en camino a Barragán (Valle del Cauca) a conocer un proyecto que vinculaba a campesinos locales: los hombres de ‘Catatumbo’ lo interceptaron y lo llevaron con él. Fue entonces cuando su afinidad mutua por los libros y la historia les genero una química especial que se convertiría en una fuerte amistad, de la que también participaría la esposa de Henry, Julieta.

Esa amistad terminaría siendo decisiva para el proceso con las Farc, después de que Acosta enviara un mensaje a Santos en julio del 2010 –siendo presidente electo– después de una larga lista de intentos fallidos con Álvaro Uribe. Ese contacto fue el paso inicial de los acercamientos que se concretarían ya con Santos en la presidencia y la designación de Enrique Santos Calderón y Frank Pearl como sus enviados para llevar a cabo los contactos iniciales con la guerrilla.

El ‘facilitador’, quien hoy habla con el inocultable orgullo de haber servido de enlace inicial, conversa sobre las posturas de Uribe, el aporte a la paz de Luis Carlos Restrepo y de las crisis que pusieron en peligro el proceso de La Habana.

Usted resalta el 2006 como el año en el que comenzaron seriamente los acercamientos entre las Farc y el gobierno Uribe, enmarcados en la posibilidad de lograr un acuerdo humanitario y, eventualmente, una negociación de paz. Sin embargo, usted dice que Uribe siempre encontraba razones para no dar el paso definitivo. ¿Qué razones daba el Presidente?

Uribe decía que por razones de Estado no podía permitir que el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, estuviera reunido con la guerrilla sin que las Fuerzas Militares supieran el lugar porque habría riesgo de un operativo. Y yo no podía decirle el lugar porque no lo conocía, yo sabía por qué carretera ir, y allí nos podían recoger y llevarnos a otro lugar. Además, informar eso no estaba dentro de mis posibilidades como facilitador, no podía tomar partido.

Su libro dice que en septiembre de ese año Uribe parecía dispuesto a un despeje de Florida y Pradera, pero que los militares no estuvieron de acuerdo porque a las Farc “les faltaba bala”. ¿Qué cambió, según usted, en la percepción de las Fuerzas Militares para acceder a los diálogos que se iniciaron con el gobierno Santos?

Creo que fue una decisión de Santos, de tener la voluntad de dialogar con la guerrilla por encima del concepto que las Fuerzas Militares. El Presidente hizo lo que dice al dicho: “uno no aprende a nadar sino nadando”. La única manera de saber si era posible negociar el conflicto con las Farc era conversando.

Queda la sensación también de que Uribe nunca confió 100 por ciento en usted...

Sí. Yo no sé si confiaba. El 16 de junio del 2006 tuvimos una reunión en el Hotel Intercontinental de Cali, en la que también estuvo mi esposa, Julieta, porque el propio Uribe me pidió que la llevara. Al terminar la reunión, le preguntó a ella por ‘Catatumbo’. Mi esposa se lo describió y luego cuando ya nos íbamos, Uribe me dijo que el doctor Ernesto Samper Pizano me mandaba saludos, pues él me conocía y al parecer Uribe lo había contactado para pedir referencias.

Luis Carlos Restrepo me dijo después que el Presidente había hecho todo eso porque quería estar seguro de que nosotros teníamos contacto con las Farc. Yo no lo entendí. Cómo era posible si ya llevábamos muchas reuniones. Restrepo solo me dijo: “así es él”.

No obstante, usted en esa misma reunión había llevado un mensaje del secretariado de las Farc, que ellos no estaban “por la toma del poder ni porque este fuera un Estado socialista” y que eso sorprendió a Uribe. ¿Por qué la guerrilla había cambiado de idea?

Ellos ya habían entendido que la globalización no permitía, aún hoy no lo permite, un Estado socialista. Si alguien pretendía lograr un Estado socialista-marxista-leninista había que olvidarse de eso. Imagínese, si la Unión Soviética se disolvió, y hoy vemos a Cuba camino a la apertura… Lo que ellos buscaban era una economía de bienestar, como la de los países escandinavos: con propiedad privada y todas las condiciones del capitalismo, solo que con mayor equidad y justicia social.

Usted es muy generoso relatando los esfuerzos de acercamiento que hizo Luis Carlos Restrepo con las Farc. ¿Cree que él pudo haber sido el responsable de dar los primeros pasos para los que serían los diálogos de La Habana. ¿Algún crédito le cabe?

Yo creo que sí. Y voy a decir esto rotundamente: si Uribe le hubiera pedido al doctor Restrepo hacer lo que él como Comisionado de Paz consideraba conveniente, los encuentros entre la guerrilla y el Gobierno se hubieran logrado. Restrepo renunció a su puesto faltando un año del segundo mandato de Uribe porque no tenía sentido seguir (...) Uribe me dijo dos veces que su intención era rendir a las Farc. Yo traté de persuadirlo de que eso no iba a pasar y que el conflicto se iba a alargar innecesariamente, pues lo que había que negociar eran las causas políticas, sociales y económicas que lo originaron.

¿Qué opina del proceso que se abrió en el 2012 en contra de Restrepo por la falsa desmovilización de un frente en el 2006?

Es lamentable. Él me contó que se le iba a entregar un frente de las Farc. Le pregunté el nombre y me dijo que se llamaba Cacica Gaitana. Le dije que eso no existía y él respondió que era el mismo frente 21. Le pregunté por el comandante y me dijo que era ‘Olivo Saldaña’, entonces tuve que decirle que eso era falso, que el comandante del 21 se llamaba ‘Marlon’ y que yo lo conocía. Le conté, además, que a ‘Saldaña’ las Farc lo habían juzgado en ausencia por una falta muy grave que cometió y que ya no era de la guerrilla. Me dijo que yo estaba equivocado, porque el Ejército le había confirmado la información… Le pedí que no lo hiciera, pero él les creyó a los militares y pasó lo que pasó…

Volviendo al tema de La Habana, hubo dos golpes fuertes que pusieron a prueba la disposición de diálogo de la guerrilla con el gobierno Santos: las caídas del ‘Mono Jojoy’ y de ‘Alfonso Cano’. ¿Cómo aguantaron el impacto los acercamientos?

En las cartas que le mandaron las Farc al presidente Santos como respuestas a esos hechos, decían que a pesar de esas muertes ellos seguían con la disposición porque eran una organización seria que entendía la naturaleza del conflicto y veía las caídas como vicisitudes de la guerra.

Incluso, cuando ocurrió la muerte de ‘Cano’, ya habían comenzado las charlas preparatorias, se había definido que se iban a iniciar las exploratorias en Cuba, y ya estaban claros los plenipotenciarios de la Farc y los del gobierno… ‘Timochenko’ iba a ser el jefe de la delegación para las exploratorias, pero a raíz de la muerte de ‘Alfonso Cano’ lo designaron comandante general y los planes de la guerrilla cambiaron.

Usted sostiene que si ‘Alfonso Cano’ hubiera estado vivo, los diálogos de La Habana podrían haber sido más “fluidos y concluyentes”. ¿Por qué?

‘Alfonso Cano’ tenía sus dificultades militarmente, pero era un hombre de un nivel político muy alto. Era sumamente respetado por el resto de comandantes. Él era taxativo: sí o no. De manera que, quizá todo hubiera sido más práctico. Aunque hablar de lo que pudo haber sido y no fue es complicado, lo que sí puedo decir es que ‘Cano’ fue el gran ideólogo de esta aproximación final, junto con el presidente Santos. Ellos dos son los pilares de este proceso.

Usted destaca el papel de Sergio Jaramillo, pero no se refiere mucho a Humberto de la Calle. ¿Cuál de los dos fue más clave?

En el libro yo hablo más de Jaramillo porque él, como Comisionado de Paz, jugó un papel protagónico en los acercamientos. Así que me reuní más veces con él. En Cambio, el doctor Humberto de la Calle presidió el equipo negociador, otra fase, y me encontré dos o tres veces ocasionalmente con él. También hay que reconocer el papel de Frank Pearl. Él fue el comisionado que reemplazó a Restrepo en el último año del presidente Uribe y juntos hicimos un intento muy grande para lograr un encuentro entre las partes, en marzo del 2010, pero ya era muy tarde.

¿En los casi cuatro años que duraron los diálogos de paz de La Habana hubo momentos en los que la mesa hubiera estado al borde de la ruptura?

El noviembre del 2013 lo tengo en mis archivos como La crisis de noviembre. Comenzó porque las Farc insistían mucho en que el acuerdo general estaba compuesto del preámbulo y los cinco puntos. Y el Gobierno decía que la agenda general eran los cinco puntos y el preámbulo era simplemente el preámbulo. Se fue volviendo un tema muy complicado e incluso ‘Timochenko’ sacó una carta pública muy dura.

La delegación del Gobierno se reunió en Bogotá para discutir la posibilidad de levantarse de la mesa. El doctor Sergio Jaramillo, como gran posibilitador, me llamó a ver si podía ayudar. Hablé como 40 minutos con el Presidente y me agradeció haber sido la primera persona que en su despacho le dijera que no se levantara de la mesa. Finalmente las partes lograron un arreglo.

¿Fue la única vez?

Hubo otro episodio. En marzo de este año. Había una cita programada entre el Gobierno y guerrilla. ‘Iván Márquez’ amaneció enfermo, ‘Pastor Alape’ se había tenido que ir a Antioquia para asuntos de desminado y ‘Carlos Antonio Lozada’ tampoco pudo ir porque coincidió que ese día el general Javier Flores había ido a La Habana y debía reunirse con él. ‘Pablo Catatumbo’ le pidió a ‘Rodrigo Granda’ que lo acompañara a pedir excusas y a aplazar la reunión.

Fueron y lo hicieron. La delegación del Gobierno entendió, pero ‘Catatumbo’ y Granda’ vieron que en un salón estaba reunida la subcomisión jurídica, entraron a saludar y se demoraron. La delegación del Gobierno entendió habían ido era a reunirse con esa subcomisión, lo vieron como un despropósito y expresaron su inconformidad a Santos. La crisis duró unos cuatro o cinco días. ‘Timochenko’ alcanzó a filtrar un mensaje a las tropas guerrilleras pidiéndoles que salieran de sus campamentos y se prepararan para el combate. Al final el malentendido se aclaró. A pesar de las crisis, personalmente, nunca me desmotivé. Tenía mucha fe en el proceso.

Sensaciones del plebiscito

¿Ha hablado con ‘Pablo Catatumbo’ u otros jefes guerrilleros de lo que pueda arrojar el plebiscito del 2 de octubre?

No, no he hablado de eso con ‘Pablo’ ni con nadie. El plebiscito no es una conclusión de la mesa de diálogos. Es una decisión del Presidente, así como la conferencia guerrillera –que se va a hacer entre el 13 y el 19 de septiembre– es también para probar el acuerdo final y tampoco salió de la mesa. Cada parte, por su lado, hace su refrendación política.

¿El tema de Uribe sigue latente entre los jefes, sabiendo que se opone a los acuerdos y promueve el ‘No’ en el plebiscito? ¿Estarían dispuestos a dialogar con él?

Hoy no sé, pero hace un año, por ejemplo, yo hablé con Santos y ‘Timochenko’ y les dije que podía buscar la forma de sentarme a hablar con Uribe para que hiciera parte del momento histórico de terminación de este conflicto. ‘Timochenko’ dijo que lo creía conveniente porque Uribe representa una fuerza de oposición amplia y el presidente Santos también estuvo de acuerdo, aunque sabía que iba a ser difícil. El 27 de noviembre del año pasado hablamos 46 minutos exactos por teléfono. “¿Por qué no se sube al tren de la historia?, le pregunté. Él me respondió que la historia no le preocupaba… lo intenté varias veces, pero me dijo que no tenía tiempo: “Después vemos a ver…”, Y no volvimos a hablar…

DIEGO ALARCÓN
Redacción Domingo

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