‘Yo no tengo un juicio moral sobre los militares’: Francisco de Roux

‘Yo no tengo un juicio moral sobre los militares’: Francisco de Roux

El jesuita entiende las críticas como producto de ‘profundos dolores’ que ha dejado el conflicto.

Francisco de Roux, sacerdote jesuita

El sacerdote De Roux, de 74 años, se resistía a que lo postularan para entrar a la Comisión de la Verdad.

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Abel Cárdenas / EL TIEMPO

12 de noviembre 2017 , 12:41 a.m.

Francisco de Roux se resistía a que lo postularan para formar parte de la Comisión de la Verdad. “Honradamente, me parecía un trabajo muy difícil”, dice el sacerdote jesuita que presidirá esa instancia, cuya responsabilidad es esclarecer los hechos de violencia del conflicto armado durante los últimos 52 años.

Apenas dos días antes de ser elegidos los 11 miembros de la Comisión, algunas personas tuvieron que llamarlo para pedirle que aceptara formalmente la postulación que habían hecho varias organizaciones. Fue cuando dio el sí.

Ya el jueves, al mediodía, una llamada de sus compañeros de trabajo en Medellín lo enteró de que las noticias lo mencionaban no solo como uno de los integrantes de la Comisión de la Verdad, sino también como el elegido para presidirla.

De Roux es consciente de que hay sectores que tienen reservas sobre él. Y que, además, desconfían desde ya del trabajo que hará la Comisión de la Verdad.

Pero atribuye esa desconfianza a que “en Colombia hay mucho sufrimiento, mucho dolor, mucha indignación de todos los lados”.

Y por eso, afirma, “hay que escuchar a todo el mundo con respeto”. El sacerdote habló con EL TIEMPO de su futuro trabajo y de las dudas que han suscitado los elegidos para la Comisión de la Verdad.

Usted dice que en el país hay mucha gente indignada. Ahora mismo hay sectores militares indignados, que ponen en duda la imparcialidad de los elegidos para la Comisión de la Verdad. ¿Qué les dice?

En primer lugar, me parece normal que existan esas posiciones porque el país está polarizado. En segundo lugar, los buscaré para hablarles. Quisiera escuchar las razones de sus argumentos, de sus prevenciones. Uno tiene que empezar por comprender al interlocutor, sobre todo a los colombianos que piensan de una manera distinta. Y estoy muy interesado en escucharlos.

¿Hablará con Acore (Asociación de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares), que dice no confiar en los elegidos ‘porque han pertenecido a organizaciones detractoras del Ejército y de la Policía’?

Iré a buscar a Acore y a los altos mandos militares para conversar con ellos. Espero de ellos la disposición para conversar y que se puedan expresar con toda franqueza. Ojalá se manifieste con rigor la verdad de todas las partes y se logre dar explicaciones.

Usted dice que la Comisión de la Verdad tendrá como puntos de partida el informe ‘Basta Ya’, del Centro Nacional de Memoria Histórica, y los documentos sobre el origen del conflicto producidos para la mesa de diálogos de La Habana. Hay militares que piensan que esa es la verdad de las Farc…

Por eso me importa mucho conversar con ellos. Lo que haré, en la medida de lo posible, es mantener una conversación muy asidua con ellos durante todo el tiempo.

¿Cree que la Comisión de la Verdad puede acabar con la polarización y la desconfianza que existe hoy entre los colombianos?

Creo que ese es el desafío de la Comisión. Salirnos de lo que para mí, desde el punto de vista de las ciencias sociales, es un trauma cultural y social muy profundo. En este momento se vive eso en Uganda, en el Congo, lo vivieron los alemanes después del holocausto judío y lo viven también hoy judíos y palestinos.

Estos traumas se producen porque hay sufrimientos muy grandes, muy generalizados, mucho dolor y muchas indignaciones. Y esas indignaciones se expresan mediante interpretaciones que, por un lado, son razonables, pero por otro lado pueden estar influenciadas por intereses de poder y económicos. Y cuando se tienen, como en el caso nuestro, dos interpretaciones totalmente excluyentes, ambas con propuestas económicas y políticas, y ambas influenciadas por el sufrimiento, es muy difícil la construcción colectiva.

Estos traumas se producen porque hay sufrimientos muy grandes, muy generalizados, mucho dolor y muchas indignaciones

¿Cómo se imagina el trabajo de la Comisión para romper esas divisiones?

Hay que escuchar a todas las víctimas. A los soldados sin piernas; a las mamás de los militares que se perdieron en la selva, que quedaron en manos de la guerrilla y nunca se los encontró; a los hombres del Ejército que pasaron diez años en una cárcel en la selva; a las familias que fueron masacradas por paramilitares, a la gente que fue extorsionada, a la que sufrió por ‘falsos positivos’ del Ejército.

¿Y piensa que eso puede acabar con el largo ciclo de desconfianza?

Hoy (este jueves) estaba hablando en la Escuela Superior de Guerra y un militar me dijo: “Es que ustedes son de la teología de la liberación y usted ha escrito y se ha pronunciado contra los militares”. Yo le dije, delante de 400 militares: “Hasta donde tengo conciencia, jamás he escrito o me he pronunciado en contra de los militares de Colombia”. Yo respeto mucho el trabajo de los defensores de derechos humanos, pero nunca he hecho el papel de denuncia porque siento que lo mío es trabajar por la reconciliación. ¡Claro que tengo posiciones! Y creo que el país tiene que hacer cambios estructurales.

¿Estaba en una charla con los militares?

Sí. Y les hablé sobre la teología de la liberación. Les dije que me gusta porque nos pone al lado de los pobres en este país tan desigual, pero que no comparto las posiciones de la teología de la liberación que defienden la lucha armada para buscar la justicia. ¡Nunca he estado de acuerdo con la guerra insurgente, nunca! Busque si hay alguna frase mía que defienda una guerra insurgente. Entiendo, sí, por qué en este país hubo conflicto armado. La posición de ellos es que nunca hubo conflicto, sino unos bandidos, terroristas, que se levantaron contra una sociedad buena. No estoy de acuerdo con que hayan tomado las armas, pero aquí sí hubo conflicto armado.

¿Quiénes, según usted, están hoy más heridos: los militares, las Farc, las víctimas?

Me parece muy difícil generalizar, porque encuentro militares que comparten las cosas que yo digo, y a otros radicales, que están en contra del proceso de paz y de la reconciliación. Encuentro empresarios totalmente jugados por la paz, y a otros radicales, o veo víctimas que sufrieron cosas horribles, como Pastora Mira, de San Carlos, que están absolutamente con la reconciliación y no guardan ningún rencor, y a otras que no perdonan.

¿A qué atribuye esa incapacidad de perdón?

A que hay dolores muy profundos y a que hay personas traumatizadas porque participan en grupos que dan una interpretación totalmente excluyente del otro y que dicen: “Esto pasó por culpa de los otros y no habrá tranquilidad hasta que los otros lo reconozcan”.

¿Qué espera de los militares escépticos, que al fin de cuentas deben hacer parte del relato de la Comisión de la Verdad?

Primero que todo, espero que se sientan escuchados. Y segundo, que si no pueden llegar a confiar en lo que nosotros produciremos, por lo menos que se sientan respetados.

¿Pero tiene la esperanza de convencerlos?

Tengo la esperanza de hacerles sentir que, cuando los veo en esas posiciones tan duras frente al proceso de paz, no creo que sean malos ni perversos, sino que piensan que es lo mejor para Colombia. Yo respeto eso, pero quisiera que entendieran que lo que yo hago también lo hago porque creo que es lo mejor para este país. Yo no tengo un juicio moral sobre ellos. Quiero mantener eso como un punto básico para poder conversar.

En lo personal, ¿qué significa para usted presidir la Comisión de la Verdad?

Asumir esto implica jugarse la vida. Pero no porque a mí me dé miedo de que me pase algo. Honradamente, no tengo miedo de que me quiten la vida ni a las críticas que hacen contra mí. Lo que me da miedo es no responderles al país, a las víctimas y a la gente que está tan dividida. Espero que Dios me ilumine y que el grupo trabaje fuertemente.

¿Tiene incertidumbre?

Sí. Solo sé a dónde quisiera llegar: a un país reconciliado que creyera en el proceso de paz.

Solo sé a dónde quisiera llegar: a un país reconciliado que creyera en el proceso de paz

Así funcionará la Comisión de la Verdad

1. Misión

Busca esclarecer lo ocurrido en 52 años de conflicto entre el Estado y la exguerrilla de las Farc, promover el reconocimiento de las víctimas y de las responsabilidades de los actores, y propiciar espacios públicos de reflexión.

2. Miembros

La Comisión de la Verdad quedó conformada por un español y diez colombianos. Entre los comisionados hay abogados, docentes, una periodista, dos médicos, un sacerdote, un militar y un sociólogo.

3. Plazo

La Comisión de la Verdad tiene tres años para producir un informe sobre lo ocurrido durante el conflicto. Los primeros seis meses serán de planeación metodológica y para definir su estructura administrativa.

4. Extrajudicial

Las decisiones de la Comisión no tienen ningún carácter vinculante. No podrá compeler a nadie a rendir testimonio ante ella. La información que reciba no se podrá usar en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

5. Presencia

El acuerdo de paz entre el Gobierno y la exguerrilla de las Farc estableció que la Comisión tendrá como criterio el enfoque territorial. Para eso se prevé que sus comisionados se desplacen a las regiones que sufrieron la guerra.

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora - EL TIEMPO@MarisolGmezG

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