Juan Manuel Santos: un guerrero que siempre ha buscado la paz

Juan Manuel Santos: un guerrero que siempre ha buscado la paz

Su convicción en torno a la paz es parte de su ideario desde que era periodista y funcionario.

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Juan Manuel Santos, como cadete de la Armada, con su padre Enrique Santos Castillo, y su madre, Clemencia Calderón Nieto.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

08 de octubre 2016 , 10:31 a.m.

Gran paradoja. Fue él quien, como ministro de Defensa del entonces presidente Álvaro Uribe, doblegó militarmente a las Farc con golpes que significaron la muerte de una de sus cabezas más prominentes y la liberación de secuestrados de alto perfil político como la excongresista Ingrid Betancourt. Estas acciones decisivas cambiaron la ecuación de fuerzas del Gobierno Nacional frente a la guerrilla más potente, peligrosa y escurridiza que varias generaciones han tenido que padecer en Colombia.

Pero, ¿cómo pudo un hombre cuya vida parecía destinada a la academia, al servicio público, al periodismo (pues se formó como economista y periodista), llegar a convertirse en abanderado de un proceso de paz que le mereció al país, a las víctimas de un conflicto que aún parece de nunca acabar, el Premio Nobel de la Paz?

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El presidente Juan Manuel Santos Calderón tiene un poco menos que la edad del conflicto colombiano. Nació en 1951 en Bogotá. Su padre, Enrique Santos Castillo, era sobrino del expresidente Eduardo Santos Montejo. Su abuelo fue el prestigioso periodista Enrique Santos Montejo, conocido como Calibán.

El exembajador en Washington Gabriel Silva Luján, amigo suyo “desde hace más de 40 años”, dice que se crió “oyendo hablar de política y de los problemas del país en la mesa del comedor”.

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Ni sus estudios de economía y administración de empresas en la Universidad de Kansas, ni su maestría en economía y desarrollo económico de la London School of Economics ni otra en administración pública de Harvard permitieron nunca prever el sorpresivo galardón, que se suele conceder a activistas por las minorías y defensores de derechos humanos.

Menos su formación militar en la Armada de Colombia como cadete, que lo nutrió de la disciplina, que destacan como una de sus virtudes centrales. O su papel como delegado de la Federación Nacional de Cafeteros en la Organización Internacional del Café, en Londres, o su paso por el Ministerio de Defensa en el gobierno de Álvaro Uribe, luego de ser el primer Ministro de Comercio Exterior, en la administración de César Gaviria, y Ministro de Hacienda en el gobierno de Andrés Pastrana.

¿Entonces cómo fue?

“Santos ha estado involucrado en gestiones de paz muchísimas veces –dice una voz del entorno del Presidente–. Algunas, en llave con Gabriel García Márquez, en Cartagena. Otra vez, que resultó infructuosa, fue durante la presidencia de Pastrana. Pero a través de la Fundación Buen Gobierno (creada por Santos) ha tenido una gran cantidad de ejercicios de paz, con la participación de expertos internacionales traídos para mostrar los distintos escenarios de aproximación a procesos de paz, con parlamentarios, guerrilleros, empresarios... Esa es una actitud vieja”.

Jaime Abello Banfi, director de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por García Márquez en Cartagena, aporta los detalles:

“Se hizo un seminario con la Universidad de Harvard y Buen Gobierno que se llamó Juegos de Guerra y Paz, en enero de 1999, en el que se aliaron el nobel de literatura y el hoy nobel de paz. Era un seminario-taller sobre la cobertura de conflictos y asistió un buen número de periodistas, bajo la asesoría de la facultad de Psicología de la Universidad Harvard. Mediante talleres con juego de roles, se cambiaban los papeles para permitir el entendimiento de quienes estaban del otro lado. El concepto era que se necesitaba construir ese ambiente de comprensión para enfrentar el reto de cubrir e informar mejor. Por ejemplo, Francisco Santos hizo el papel de guerrillero. Incluso, hay una foto de la orden de Inteligencia que se impartió desde Bogotá, mediante la cual pedían a la Policía de Bolívar que nos hicieran un seguimiento. Y estuvieron Roberto Pombo, Santos y Gabo”.

Desde la posesión de su primera presidencia, Santos lanzó su visión clarísima de compromiso con la paz cuando recordó que el 7 de agosto de 1938 el presidente Eduardo Santos terminó su discurso al posesionarse así:“Cualquier sacrificio que me espera en la vía que hoy empiezo a recorrer, lo recibiré con alegría, si puedo en cambio llevar a los hogares colombianos un poco más de bienestar, un poco más de justicia y el don divino de la paz”.

En la segunda posesión, el mensaje fue aún más explícito y preciso, en una coyuntura en la cual las acciones violentas de las Farc eran pan de cada día: “Al mismo tiempo quiero reiterar lo que he dicho en el pasado: ‘La puerta del diálogo no está cerrada con llave’ ”.

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Mauricio Rodríguez, consejero personal de Santos desde hace 25 años, da estas líneas sobre el presidente nobel:

“Lo de la paz es de tiempo atrás, no un embeleco que se le ocurrió el 7 agosto del 2010. Siempre estuvo pensando en el temas. Cuando fue Ministro de Defensa y le tocó ver los horrores de la guerra y sepultar a tantos soldados y policías, ese interés por la paz se le convirtió en obsesión”.

Entre las cualidades más atrayentes de Santos, dice, “es esta fortaleza interior para enfrentar tanta adversidad: su resiliencia. Golpes, ataques, calumnias, insultos y contra viento y marea y él sigue adelante. Me impresiona ver su compromiso ético, moral con la paz. Lo vi desarrollarse y crecer y con el paso de los años ha sido muy impactante ver cómo la paz se vuelve el fin, la causa suprema de su vida. Ha sido un viacrucis político y personal, una cruz que ha cargado muchas veces prácticamente solo”.

Si algo más se dice del nobel es la serenidad de su liderazgo. “Nunca pierde la compostura. Nunca deprimido, bravo, indignado, sino poniendo en práctica el eslogan de los británicos: Keep calm and carry on. Mantenga la calma y siga adelante. Imperturbable. Su familia dice que por sus venas corre agua aromática. En este país, que es un volcán en ebullición, es sereno. Sabe que su norte es la paz y que ese es su destino. Serenidad, pero también audacia”.

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Y explica: “De venir de ser Ministro de Defensa del presidente Uribe, pasó a decir ‘yo sé donde está la llave de la paz’. Sabiendo que le iba a costar. Él sabe para qué es el poder: para gastárselo. Hubiera podido no hacer la paz y ahorrar ese capital político. Lo hace porque tiene gran sentido de la historia. Esa caricatura de que es un socialista del siglo veintiuno es la cosa más absurda. Es un hombre profundamente creyente en la democracia, la economía de mercado, la apertura económica. Sabe que su misión es traer a Colombia la modernidad, porque el país vive en la barbarie y las desigualdades extremas”.

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Con su homólogo venezolano, Hugo Chávez, recompuso las relaciones y este le ayudó con el proceso de paz. EFE

Foto:

Le pregunto a otro allegado por qué un político de la élite colombiana, un economista, no un dirigente de izquierda o un defensor de derechos humanos ha devenido en nuestro nobel de la paz y si su visión del tema parte solo de la economía.

“Es un especialista en gobierno y su preocupación siempre ha sido que Colombia tiene que llegar a unos estándares internacionales que lo hagan un país civilizado y democrático. ¿Eso qué implica? Lucha contra la pobreza, la corrupción, la desigualdad, generación de empleo, y como un punto importantísimo contra la violencia. Un país con violencia es incapaz de comportarse civilizadamente como nación. Es difícil saber por qué las personas llegan a eso, pero detrás de una voluntad tan obsesiva por la paz hay unos principios, una determinación muy importante, más allá de un cálculo racional, así el empaque del tipo no cuadre con el de un pacifista. Diría que debe tener calado muy hondo el convencimiento de que una de las condiciones fundamentales para que el país viva de manera civilizada es la paz”.

El exembajador Gabriel Silva subraya que Santos, desde hace muchos años, estuvo siempre comprometido con la paz. “Fue precandidato cuando se escogía al sucesor de Samper y su campaña estuvo basada en la paz. Eso explica lo que está pasando. Ha tenido una consistencia histórica. El premio es lo de menos, la oposición ha dicho que lo único que quería era eso. Pero no es cierto”.

¿Y por qué un hombre que hizo la guerra hoy es el nobel de paz?, pregunto.

“Suena paradójico, pero la paz la han hecho los guerreros, que les ha tocado vivir de cerca la guerra, conducirla y orientarla y sufrir las consecuencias. Es un gran guerrero, por eso mismo ha logrado esto, que es un avance histórico para Colombia”.

FRANCISCO CELIS ALBÁN
EDITOR EL TIEMPO

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