Exguerrilleros de las Farc vivieron el primer partido de Colombia

Exguerrilleros de las Farc vivieron el primer partido de Colombia

La firma del acuerdo de paz les dio cosas buenas, entre ellas, el fútbol después de la guerra. 

José Farc

'José Saénz' fue miembro de las Farc desde 2007 hasta que se reincorporó a la vida civil en 2017.

Foto:

Juan Manuel Flórez - El Tiempo

24 de junio 2018 , 03:21 a.m.

Era gol de Yepes. Uno de los guerrilleros más jóvenes lo decía con tanta seguridad que José Saénz alcanzó a dudar. La discusión era inútil, ninguno de los dos había visto la jugada anulada que empataba el partido contra Brasil, solo la habían escuchado a través del radio en torno al que estaban reunidos, en algún punto de la selva del Tinigua.

Ese mes, entre junio y julio de 2014, mientras Colombia jugaba en Brasil el mejor Mundial de su historia, José y sus compañeros de las Farc habían caminado durante jornadas de 12 horas por el departamento del Meta. Su instrucción era evitar un encuentro con el Ejército para no afectar la negociación con el Gobierno. Un mes antes, el presidente Juan Manuel Santos había sido reelecto con la bandera del acuerdo de paz.

Precisamente esa negociación, que concluyó exitosamente en 2016 y cuya implementación sigue en curso, es la que permite que cuatro años después José y Diego, otro excombatiente, vean el primer partido de Colombia en Rusia en la sede de su partido político. En lugar de camuflados, visten camisetas de la selección. La de José, además del escudo, tiene un mensaje al frente y en la espalda: “Yo me la juego por la paz de Colombia”.

Van dos minutos con cuarenta y siete segundo del debut contra Japón cuando Diego baja la cabeza para mirar su celular. En cuatro segundos pasa esto: Davinson Sánchez pierde con el delantero Yuya Osako, quien dispara al arco; el arquero David Ospina la tapa, pero el balón rebota y le cae al diez de Japón que le pega de primera; el defensa Carlos Sánchez, en un último intento, interpone su brazo derecho entre la pelota y el arco.

Cuando Diego vuelve a mirar, el árbitro ya pitó penalti y expulsó a Carlos Sánchez. Al ver la repetición en el televisor, Diego resume magistralmente: “No, no, no”. 2 minutos y 22 segundos después de ese error Colombia está perdiendo 1-0.

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Diego es bogotano e hincha de Nacional, ingresó a las Farc en 2007, tras desertar de las Juventudes Comunistas durante una arremetida paramilitar. En 2009 se graduó de ciencias políticas y quince días después fue capturado y enviado a la cárcel La Modelo. A mediados de 2011 quedó en libertad y volvió a la clandestinidad.

Su rol en la guerrilla, más que el combate, fue como miliciano en Bogotá: organizó reuniones con universitarios, comunidades y sindicatos. En esas operaciones se encontró varias veces con José, seguidor de Santa Fe, quien desde su juventud había decidido ser revolucionario, y en 2007 se fue de la capital sin avisarle a su familia y se unió a las Farc. José estuvo más en contacto con la guerra: operó sobre todo en Meta y Guaviare, aunque también lideró una comisión de educación en varios frentes.

“¡Uy! Menos mal no era ni Oliver Atom y Steve Hyuga”, dice Diego, cuando en el minuto treinta y dos Japón tiene su segunda llegada clara: Osako gana en el uno contra uno a Davinson Sánchez dentro de la cinco con cincuenta y dispara. La pelota pasa paralela al arco.

Diego sobrelleva el mal partido con constantes comentarios. De los dos, es el más futbolero. Es así desde los seis años, cuando un tío lo llevó a la final de la Copa Libertadores de 1989, en la que Nacional quedó campeón contra Olimpia en el El Campín.

Diego y José Farc

A la derecha, Diego Méndez, quien se incorporó como combatiente de las Farc en 2007.

Foto:

Juan Manuel Flórez - El Tiempo

En el minuto 40 con 38 segundos Falcao disputa la pelota en el aire y es derribado por el defensa nipón Makoto Hasebe. El árbitro marca falta y Colombia tiene su primera oportunidad directa.

La cobra Juan Fernando Quintero. El balón, pateado a ras de piso, pasa bajo la barrera japonesa y llega al palo izquierdo del arquero, quien se levanta sosteniendo la pelota en una mano y negando con la otra. Pero es gol, alcanzó a pasar la raya. Tanto Diego como José gritan y se abrazan entre ellos. Luego nos miran, amagan un gesto de euforia, pero vuelven a sentarse.

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En Colombia, como en otros países, la idea de patria ha estado asociada (cada 4 años o menos) a 11 hombres vestidos con una camiseta de cierto color. Pero, como en pocos, esa noción de unidad ha contrastado con un país dividido por cinco décadas de conflicto interno entre el Estado y las guerrillas. En el imaginario, estas son parte de otra realidad; de un país alterno que sin embargo ha cantado los mismos goles y ha seguido a los mismos ídolos que los ciudadanos del común.

Había unidades militares que dos o tres días antes de un partido se comunicaban con nosotros para que nos hiciéramos pasito. Eran una especie de mini armisticios

Tal vez el referente más conocido del vínculo entre fútbol y guerra es la película Golpe de Estadio, dirigida por Sergio Cabrera, que narra la historia del armisticio entre un comando guerrillero y uno militar para poder ver el partido Colombia contra Argentina, el famoso 5 -0 durante las eliminatorias al mundial en 1993.

La ficción tiene una contraparte real. “Había unidades militares que dos o tres días antes de un partido se comunicaban con nosotros por las radios de banda corta para que nos hiciéramos pasito. Eran una especie de mini armisticios, pero nunca se referían explícitamente al partido”, cuenta Diego.

La guerrillerada era un parche con el fútbol

En las transmisiones de fútbol, durante mucho tiempo fue común que un locutor interrumpiera para invitar a un guerrillero a desmovilizarse y disfrutar del partido “en casa, en compañía de su familia”. José y Diego escuchaban los mensajes y esperaban sin éxito que alguna vez cayera cerca de su campamento uno de los balones autografiados que el Ejército arrojaba a la selva.

“La guerrillerada era un parche con el fútbol. Alfonso Cano era de esos hinchas que no se perdía un partido de Millonarios y se sabía las alineaciones completas. Su jugador favorito era Di Stéfano”, cuenta Diego.

La pasión por el fútbol no seguía la cadena de mando, la mayor parte de los exguerrilleros rasos de las Farc son de Nacional. Diego tiene un explicación: “Durante la última etapa de la guerra, desde los noventa, Nacional fue campeón muy seguido y los guerrilleros, que son personas jóvenes, crecieron viviendo esa emoción”.

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Tras el gol de Colombia, Diego se envalentona: “Hay que ser muy malo para dejarse empatar de un equipo con 10”, dice. Luego, al ver los parches amarillos en las graderías del estadio Mordovia Arena, apunta: “En este país no hay para comer, pero sí para para endeudarse yendo a Rusia”, dice entre risas.

Pero la selección no mejora con el empate. En lo que resta del primer tiempo, Japón domina el juego y la pelota permanece en la cancha de Colombia. Diego se percata y sentencia: “Va a ser un paridero el segundo tiempo”. Tiene razón.

A los 72 minutos con 9 segundos el balón vuelve a tocar la red del arco protegido por Ospina, impulsado por el cabezazo de Osako. José se quita la boina. Diego se para, da dos pasos hacia afuera, regresa para ver la repetición y vuelve resumir magistralmente: “No, no, no”.

Lo que sigue es frustración en la pantalla y silencio fuera de ella. José y Diego parecen haber perdido el interés. Cuando el cuarto árbitro anuncia el tiempo de reposición, el narrador comenta: “Cómo nos van a servir estos 5 minutos”. A lo que Diego agrega: “Para que nos metan el tercero”.

El partido se termina. Colombia, la favorita del grupo H, pierde en su debut y se instala en la última casilla de la tabla. El fútbol no es la única cosa que no ha salido según los planes. La implementación de los acuerdos de paz entre el Gobierno y el ahora partido político de la Farc no va como se esperaba.

A inicios de 2018, este grupo político reportó que 36 de sus miembros habían sido asesinados. En febrero, la Comisión Internacional de Derechos Humanos de la Onu denunció que solo el 18,3% de lo pactado había sido implementado.

Nosotros no vamos a salir corriendo pal monte porque ganó Duque

En las elecciones legislativas del 11 de marzo el partido de la exguerrilla obtuvo 0,34 por ciento de la votación y, en las presidenciales, la victoria fue para el candidato Iván Duque, del Centro Democrático, entre cuyas propuestas está hacer “modificaciones importantes” al acuerdo de paz.

“Nosotros no vamos a salir corriendo pal monte porque ganó Duque”, dice José. “Seguimos insistiendo que la toma del poder es necesaria, pero como un partido político”.

Luego, como quien revela un dato menor, José cuenta que el nombre por el que lo hemos llamado durante el partido es su alias. “Me llamo Camilo Moreno”, dice con una sonrisa y agrega: “Pero es normal, no nos vamos a cambiar el nombre porque seguimos trabajando con nuestros camaradas de antes”.

Antes de despedirnos, les preguntamos por sus expectativas hacia el futuro. José se adelanta y responde sin dudarlo: “Que Colombia le gane a Senegal”.

Juan Pablo Parra y Juan Manuel Flórez
ESCUELA DE PERIODISMO DE EL TIEMPO

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