¿Cómo se hace un Museo para conmemorar a las víctimas del conflicto?

¿Cómo se hace un Museo para conmemorar a las víctimas del conflicto?

Colombia tendrá el suyo desde 2020. Su director nos contó cómo se viene creando.

Museo Nacional de Memoria Histórica

Así lucirá el edificio del Museo Nacional de Memoria Histórica, en Bogotá.

Foto:

Arquitectura: Pacheco Estudio de Arquitectura + Estudio. Entresitio Imagen: Poliedro Estudio.

09 de abril 2018 , 06:25 p.m.

Más de 8 millones y medio de víctimas después Colombia tendrá un espacio de alcance nacional para honrar las memorias de quienes más sufrieron la guerra. Se trata del Museo de Memoria Histórica de Colombia, que será construido por orden de la Ley de Víctimas y estará listo para el primer semestre de 2020.

Así lo espera Luis Carlos Sánchez, director del Museo, quien cuenta que entre el 17 de abril y el 2 de mayo, los visitantes a la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo) se encontrarán en Corferias con un pabellón que presentará, por primera vez, el guion que se ha construido para llenar los espacios del edificio que se construirá.

La concreción del Museo se hará de adentro hacia afuera, desde el corazón de su relato hasta la coraza de su estructura. Pero, ¿cómo lograr contar en un espacio de algunos pocos cientos de metros cuadrados, en la mitad de la capital, el conflicto que ha desangrado al país a lo largo y ancho de sus territorios y geografías físicas y humanas?

Lo primero que se preguntaron y respondieron desde el Museo de Memoria Histórica fue cuáles eran los errores que este no podía cometer. Para encontrar la respuesta, fueron necesarios más de 30 encuentros locales y 8 encuentros regionales, que se llevaron a cabo desde 2013, con comunidades de todo el país.

Identificaron al menos dos errores para no caer en ellos. El primero, “poner la voz del investigador como una voz que lo sabe todo y la de la víctima como una que no sabe mucho, que su fuerza es solamente expresiva”, cuenta Sánchez.

Eso implicó acudir a una voz media, renunciar a la voz todopoderosa de quien, en teoría, sabe todo lo que pasó en el conflicto, pero sin caer en el “caos anecdótico” de sumar las voces de las víctimas sin darles una explicación histórica. Fue en el marco de esa voz media que decidieron crear tres personajes a través de los cuáles el Museo narrará el conflicto.

El segundo error en el que no podían caer tenía que ver con la escogencia de los casos que van a entrar al guion museológico, ya que la lógica de los casos emblemáticos, con la que el Centro de Memoria Histórica investigó durante la última década, no era funcional a los objetivos del Museo.

El argumento de lo emblemático no es aceptable para todo el mundo, finalmente para cada uno su caso es emblemático

“El argumento de lo emblemático no es aceptable para todo el mundo, finalmente para cada uno su caso es emblemático”, puntualiza Sánchez. Fue a partir de esa reflexión que decidieron que los casos que entraran no lo harían como “emblemáticos”, sino bajo otros criterios: por ejemplo, el Museo busca poner el foco en las regiones más lejanas, invisibilizadas, y desproporcionalmente afectadas por los actores del conflicto armado.

Esto implica riesgos que desde el Museo tienen detectados. Y es que muchos, propios y extranjeros, piensan en figuras como Pablo Escobar o en hechos como el holocausto del Palacio de Justicia, cuando se les llama a la reflexión sobre la violencia en el país. Sin embargo, esos casos, urbanos, mediáticos y visibles, no tendrán el protagonismo.

“Creemos que el acento debe ponerse más en lo que ha sido tremendamente invisibilizado para equilibrar un poquito representacionalmente las batallas por las memorias, y después sí abrir un diálogo en el que personas que tengan un nivel de visibilidad más o menos equitativo puedan enfrentarse en ‘igualdad de armas’”, es la reflexión que hace Luis Carlos Sánchez.

Creemos que el acento debe ponerse más en lo que ha sido tremendamente invisibilizado para equilibrar un poquito representacionalmente las batallas por las memorias

Paréntesis: Teniendo en cuenta que el centro del Museo son las víctimas, ¿usted cómo se lo imagina? ¿Qué sonidos le gustaría escuchar, qué objetos quisiera poder tocar, qué imágenes cree que serían imprescindibles para ver? Lo invitamos a que nos cuente en este formulario y a través de redes sociales con la etiqueta #UnLugarParaLasVíctimas:

Los personajes que ‘hablarán’ en el Museo

Los ejes que tomaron forma de personajes fueron agua, tierra y cuerpo, que hacen las veces de metáfora de distintos aspectos del conflicto. Es la voz de esos personajes la que va a contar las historias de las comunidades.

También se tratarán casos que estén “suficientemente documentados”, para que toda afirmación que se haga sobre lo sucedido y sus responsables tenga el mayor sustento posible, histórica y judicialmente.

Si bien no se tratará de casos emblemáticos, el Museo de Memoria Histórica de Colombia sí le apostará a que sean representativos.

Soy techo y hogar. Sobre mí se crean los vínculos; soy el espacio de los sueños y el territorio de los ancestros

Así, el recorrido comienza por la tierra, que contará el caso de despojo y desplazamiento de los indígenas a lo largo del Catatumbo y el Cesar, anterior incluso al conflicto armado del país.

También estará el caso de Chibolo (Magdalena) que refleja cómo hubo alianzas entre poderes para despojar y acumular tierra en el país, pero también cómo las comunidades se han organizado para reclamar lo que les pertenece.

Aparece el Putumayo, que refleja el problema de la colonización, pero particularmente cómo el narcotráfico ha impedido que no haya más posibilidades económicas para sus pobladores.

El capítulo de las ciudades contará la historia de la comuna 13, de Medellín, como un caso paradigmático de cómo el desplazamiento también afecto la tierra urbana.

Finalmente, expone la máquina de despojo que se desplegó por el Urabá, especialmente en Tulapas y La Larga y Tumaradó. Allí, mostrarán también las experiencias de reparación colectiva que han ganado esas comunidades.

“Soy techo y hogar. Sobre mí se crean los vínculos; soy el espacio de los sueños y el territorio de los ancestros. En mí viven las voces del pasado, el presente y el futuro”, así hablará la tierra. Insistirá en que nada de lo que le pasó fue producto “de mala suerte o de azar”.

Los violentos me han humillado, desaparecido y torturado. Me han desmembrado y violado

Después aparecerá el cuerpo, transformado por la guerra. “Los violentos me han humillado, desaparecido y torturado. Me han desmembrado y violado. Me han usado. Me han obligado a callar. Y han querido borrarme en mi humanidad”, dice el cuerpo.

El cuerpo contará, en primer lugar, la experiencia de la Organización Femenina Popular, a través de la cual mostrará la vivencia del ser mujer en medio de la confrontación como un blanco de vulneración, pero también en resistencia.

Después, narrará cómo también se ha visto afectado por la eliminación física del contradictor político. Es decir, cómo cuerpos políticos enteros han sido perseguidos durante la guerra, y si bien esto incluye experiencias de varios movimientos y partidos políticos, es la Unión Patriótica el ejemplo más dramático.

La tercera experiencia que contará el cuerpo es a varias voces, 12 en total. Se trata de una serie de perfiles que cuentan distintas experiencias en la guerra: una víctima indígena, una comunidad víctima de paramilitares, los afrodescendientes víctimas de las Farc (Bojayá), la ‘Papuchina’ como sobreviviente LGBT, una víctima de ‘falso positivo’, otra de mina antipersonal, una víctima del atentado al club El Nogal, otra del Palacio de Justicia y un líder religioso que también fue víctima, son algunos de los perfiles que aparecerán allí.

Con estos personajes, de distintos orígenes, y victimizados por todos los actores de la guerra, también se quiere mostrar cómo el conflicto ayudó a estigmatizar algunas formas específicas de personalidad en sus contextos y cómo estas han buscado dignificar sus vidas.

Finalmente, la exposición fluirá hacia el agua, como símbolo de vida y renacimiento, pero también del medio ambiente como una víctima más del conflicto. “Los actores armados se desplazan por mis corrientes, dominan mis riberas y me controlan. Y me están envenenando. Me arrojan cuerpos sin vida para desaparecerlos; me contaminan con mercurio y ya no soy navegable en muchos lugares porque depredaron mis orillas”, cuenta el agua.

Me arrojan cuerpos sin vida para desaparecerlos

Entre los casos que contará este personaje, está el del Magdalena Medio, donde se enfatizará “la tensión entre vida y muerte alrededor de los ríos”, explica Luis Carlos Sánchez. Es decir, si bien ha sido ‘camposanto’, también ha permitido a los territorios, desconectados por el conflicto, volver a articularse.

Las ciénagas también tendrán su lugar, para “mostrar la tensión en torno a lo común”, cómo el conflicto ha impedido, incluso, el acceso a bienes tan básicos como el recurso hídrico, poniendo en riesgo “condiciones mínimas para la vida en común”, apunta Sánchez.

Otros dos casos que aparecerán, con nombre propio, son Buenaventura, puerto del Pacífico que contará cómo durante el conflicto ha permanecido una tensión entre desarrollo económico y calidad de vida de la población. En otras palabras, cómo donde se produce mucho dinero puede haber gente muy pobre. Además, cómo diferencia ha alimentado la violencia del conflicto.

El otro es el del Atrato, declarado sujeto de derechos por la Corte Constitucional, que mostrará cómo los armados han llegado, incluso, a restringir el flujo natural de un río como ese. A lo largo de su cauce, casi en cada curva ha habido un retén armado, como mostrará la exposición. Además, este capítulo servirá para mostrar la reivindicación de derechos que hacen las comunidades afro.

Cada uno de los casos de tierra, agua y cuerpo, cuenta una particularidad, la historia de personajes con nombre y apellido, pero además explica una dinámica del conflicto armado, o por lo menos eso busca. El reto es “cómo mostrar las cosas sin que parezcan estructuras inamovibles, pero sin que se queden en la espuma de los acontecimiento”, explica Sánchez.

JUAN DAVID LÓPEZ MORALES
En Twitter: @LopezJuanDa
ELTIEMPO.COM

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