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En la cita de Oslo, el Gobierno y las Farc marcan sus diferencias

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Instalación de mesa

Instalación mesa de paz Gobierno de Colombia.

'Iván Márquez' planteó cambios. De la Calle pidió que Farc entren a juego político a defender ideas.

'Iván Márquez', hasta este jueves la gran incógnita en los diálogos del Gobierno y las Farc -no solo porque al principio se oponía, sino porque no estuvo en la fase exploratoria y llega a la negociación nada menos y nada más que como cabeza del equipo de la guerrilla-, despejó cualquier duda sobre lo que se debe esperar de él en el proceso de paz que las partes instalaron este jueves en las
afueras de Oslo, tras ocho meses de conversaciones.

Con frases como que las Farc quieren la paz, pero no una que signifique "el silencio de los fusiles, sino cambios estructurales", que este "no puede convertirse en un proceso contrarreloj", porque "la paz exprés solo conduce a los precipicios", y que el que "debe someterse a un marco jurídico para responder por sus delitos atroces es el Estado",llegó, de alguna manera, marcando distancia con la agenda que sus antecesores firmaron con el Gobierno en La Habana. (Lea también 'Nos queda difícil que Congreso nos elabore un marco jurídico': Farc).

Y si bien los delegados del presidente Juan Manuel Santos estaban preparados para algo parecido, por la sonada radicalidad de 'Márquez', sus duras críticas contra familias de personas que incluso hacen parte del equipo oficial, como Alejandro Eder, que estaba presente, provocaron tal malestar que Humberto de la Calle, coordinador del grupo, no pudo ocultarlo cuando regresó al auditorio para la rueda de prensa, luego del final del acto de lanzamiento del proceso.

Insistió en el trato "digno y respetuoso" que se deben las partes y del que había hablado en un discurso para el que se tomó la mitad del tiempo que se gastó el jefe guerrillero en el suyo, que a muchos les hizo pensar que 'Márquez' seguía en el Caguán.

Aunque las palabras iniciales de De la Calle habían sido serenas, fue inusualmente vehemente para repetir que "la agenda fue producto de un acuerdo, y es responsabilidad de las Farc ceñirse a ella".Fue cuando dijo cosas como que "si las conversaciones no avanzan, el Gobierno no se sentirá rehén de este proceso".

Aunque no en tono beligerante como el de 'Márquez', el jefe de la delegación del Gobierno sí había dejado en el escenario mensajes sobre diferencias con las Farc en los tiempos del proceso y la confidencialidad. "La opinión apoya este proceso, pero no está dispuesta a las dilaciones" y "no se trata de que las Farc no expongan sus ideas", pero sí de que no estén "filtrando" información. (Lea Con discusión sobre el sector agrario comienza diálogo en La Habana).

En medio de lo tenso que pareció este jueves todo en el hotel Hurdal, el escenario facilitado por el gobierno noruego como uno de los garantes del proceso -el otro es Cuba-, no hay que descartar que las palabras encendidas de la cabeza de la delegación de las Farc sean el producto de su necesidad de aprovechar un escenario internacional único para insistir en que esa guerrilla no va a diálogos "porque esté vencida".

Fue evidente el cambio de tono de 'Márquez' entre el momento del discurso y el de las respuestas en la rueda de prensa. "No hay que molestarse por algunas cosas. La mentira no conduce a una paz duradera", dijo.

Jesús Santrich, que varias veces aprobó las palabras de 'Márquez' con la cabeza y haciendo el símbolo de victoria con los dedos, intervino también para decir que las partes iban a necesitar a un "palabrero wayú" para entenderse. (Lea un análisis de un excombatiente del IRA sobre la instalación de la mesa de diálogos entre gobierno colombiano y Farc).

Y que 'Márquez' haya entrado al proceso de paz mostrando los dientes tampoco significa que todo haya arrancado mal. Bien dijo 'Marcos Calarcá', otro de los negociadores de las Farc, fuera de cámaras: "Que dos partes que se han estado dando tiros puedan hablar ya es un gran avance".

'Ni modelo económico ni doctrina militar están en discusión'

En la mesa de negociación con las Farc no se va a discutir el modelo económico ni la inversión extranjera. Tampoco la doctrina militar o la propiedad privada.

"Para que eso se discuta en la agenda colombiana, las Farc tienen que dejar las armas, hacer política y ganar las elecciones", así lo afirmó el jefe del equipo negociador del Gobierno, Humberto de la Calle.

El ex vicepresidente subrayó que la discusión girará únicamente en torno a los "cinco puntos concretos" consignados en el acuerdo que constituye la 'hoja de ruta' para el proceso y que "fue producto de un acuerdo suscrito por plenipotenciarios" de las Farc. (Lea un Análisis de Antonio Navarro sobre el encuentro de este jueves).

"Aquí no estamos en una discusión como una especie de plaza pública a ver quién tiene la razón desde el punto de vista político.
Aquí vamos a encauzar estas conversaciones exclusivamente a la luz de lo pactado y acordado con las Farc. Ese es el propósito", sostuvo.

De la Calle fue enfático en que "si las conversaciones no avanzan, el Gobierno no se sentirá en ningún momento rehén de este proceso". Sin embargo, reiteró la voluntad por llegar a un acuerdo definitivo: "La mejor manera de humanizar el conflicto es terminarlo".

También explicó que el propósito es que las Farc se transformen "en una fuerza política, en un partido político a elección de ese grupo". Agregó, eso sí, que el Gobierno "respetará sus compromisos internacionales en materia de justicia", de modo que la solución jurídica a la que se llegue será "examinada y discutida", y esta se "regirá por esquemas de justicia transicional".

El jefe negociador también descartó que uno de los mecanismos para refrendar lo que se acuerde en la mesa sea una constituyente.

Y enfatizó que "las Farc tienen que darles la cara a sus víctimas", siendo ese "un lineamiento insustituible en este proceso de conversaciones".

Críticas de Farc a inversión extranjera en el país

Algunos integrantes del equipo negociador de las Farc insistieron este jueves en Oslo en el propósito de acordar un cese del fuego bilateral para asegurar la exitosa marcha de los diálogos de paz.

Durante la instalación formal de la mesa de conversaciones, Rodrigo Granda dijo que aunque la insurgencia ha insistido en el punto, "el Gobierno tiene sus argumentos". (Lea también EE. UU. apoya la paz, pero se muestra prudente sobre 'Trinidad).

"Hemos propuesto al Gobierno (...) la necesidad de parar los muertos y hacer un cese del fuego. El Gobierno dice que lo hará al final, seguramente necesita un poco más de muertos, de lisiados. Nosotros creemos que no, queremos ahorrarle al país sangre y sufrimiento", afirmó el líder insurgente.

Luciano Marín, alias 'Iván Márquez', criticó las reformas agrarias que ha emprendido el Estado colombiano y cuestionó la exploración y explotación de recursos naturales en el país.

'Márquez' afirmó que "la locomotora minero-energética es como un demonio de destrucción socioambiental, que, si el pueblo no la detiene, en menos de una década convertirá a Colombia en un país inviable".

"En Colombia no hay economía nacional. Quienes exportan petróleo, carbón, ferroníquel y oro, y se benefician con ellos, son las multinacionales. La prosperidad, entonces, es de estas y los gobernantes vendidos, no del país", dijo. (Lea más información sobre la primera encuesta luego de la instalación de las mesas de negociación).

Sobre la presencia de la guerrillera Tanja Nijmeijer, la holandesa integrante de las Farc, sostuvo que "es posible" que la próxima semana se incorpore al equipo negociador en Cuba.

"De alguna manera tenemos que salir de la oscura noche de la confrontación fratricida, y anhelamos de todo corazón que ese momento esté llegando", afirmó 'Márquez'. 

Marisol Gómez Giraldo
Enviada Especial de EL TIEMPO
Oslo (Noruega)

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