'Voté por el Sí con todas las dudas del mundo'

'Voté por el Sí con todas las dudas del mundo'

Entrevista de María Isabel Rueda a Noemí Sanín sobre el panorama del acuerdo de paz en Colombia.

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Sanín dice que el acuerdo con las Farc fue muy difícil de explicar en la corta campaña del plebiscito.

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Archivo / EL TIEMPO

24 de octubre 2016 , 05:35 p.m.

En todo este tablero del plebiscito, de la paz, del Sí y del No, estaba haciendo falta una opinión. La de Noemí Sanín. ¿Por qué anda tan desaparecida?

Sigo en el tablero de ajedrez, pero estoy en otra cuadrícula. Los temas del país me siguen importando igual que antes. Pero en vez de debatirlos en escenarios electorales lo hago en el campo académico y profesional, donde le confieso que me siento muy cómoda. Es el espacio que tengo permitido.

¿Cómo así?

Desde que denuncié lo que se nos venía con el tema de Nicaragua y San Andrés, los espacios se cerraron.

(Lea: Noemí Sanín denuncia irregularidades en decisión de Corte de la Haya)

Usted y el exviceministro de Justicia Miguel Ceballos denunciaron el interés de construir un canal por parte de Nicaragua, para lo cual necesitaban territorio colombiano. ¿Los hechos les dieron la razón o no?

Totalmente. El Gobierno desestimó nuestras denuncias. Eso fue porque quiso evitar distraer y molestar las sensibilidades de sus ‘nuevos mejores amigos’. El afán del Gobierno era defender y priorizar, por sobre cualquier otro tema, sus negociaciones de paz. Pero eso no puede desconocer temas tan apremiantes del país como la defensa de su territorio, la sostenibilidad de su economía o su soberanía judicial.

¿Quiere decir que Colombia entregó soberanía por cuenta del proceso de paz?

Por no tener un enfrentamiento con Nicaragua, China, y sobre todo con Venezuela, se entregaron las aguas colombianas. Si se hace o no el canal es secundario, lo triste y fundamental es que parte de nuestras aguas fueron dadas en concesión durante 50 años, prorrogables automáticamente. La Canciller tiene los temas internacionales descuidados, dedicó buena parte de sus esfuerzos, de la mano de Maduro, a trabajar por su candidatura a la Secretaría de Naciones Unidas, que desafortunadamente para Colombia no se consiguió.

¿Es cierto que la Canciller sí estaba en eso? ¿Y si lo estaba, a qué horas se le desbarató?

Había otros que también estaban en las mismas y que ganaron.

Hablemos del plebiscito. ¿Si puedo preguntarle, usted votó por el Sí o por el No?

Puede preguntarme. Voté por el Sí, con todas las dudas del mundo, pero con todas. Voté porque soy coherente con mi trayectoria de vida. Siempre he creído en la paz negociada, y por ello colaboré tanto con el presidente Belisario Bentancur, como miembro de su comisión de paz, como con Andrés Pastrana, desde mi orilla ideológica.

¿Por qué dice que votó con tanta dificultad?

La razón que me atormenta es la derogatoria parcial de la justicia. Eso es inaceptable. Soy partidaria de la justicia transicional operada por la institucionalidad existente. Ahora hay quienes quieren desconocer el resultado del plebiscito aduciendo que fue empate técnico. No. Aquí ganó el ‘No’. Porque se pierde o se gana por un voto, o si no, pues entonces habría habido un empate técnico entre Zuluaga y Santos. Y eso crea unas realidades políticas que no han sido tenidas en cuenta. Una persona que, con una dignidad impresionante, ha entendido el nuevo escenario es Humberto de la Calle, quien renunció y afortunadamente no le aceptaron la renuncia. Pero pienso que los resultados del plebiscito nos presentan una gran oportunidad.

Hay quienes lo están viendo como el fin del mundo…

La única persona que me vaticinó la posibilidad de que el ‘No’ podría ganar fue Alfonso Gómez Méndez. Yo, como todos los demás, pensé que el ‘Sí’ era imbatible. Hoy pienso que lo que pasó fue lo mejor. Es demasiado peligroso imponer un acuerdo de paz que no incluya a más de la mitad del país. El triunfo del No nos obliga a negociar un acuerdo de paz sostenible, no solo de cara a las Farc sino para la sociedad entera. Es imperativo evitar el camino de una paz excluyente.

(También: 'Faltaron consecuencias políticas por el 'No' en el plebiscito': Aznar)

Explíqueme lo de excluyente.

Está bien que al principio los procesos sean discretos. Pero una vez que engranan, hay que invitar a que la sociedad participe. A que las fuerzas políticas, todas, se manifiesten y se integren. Fue ingenuo y hasta arrogante firmar el acuerdo de paz con las Farc estando en guerra política con los representantes de por lo menos la otra mitad del país.

¿Cree que eso fue lo que faltó aquí?

No solamente faltó eso. Admiro el trabajo y la constancia de la comisión negociadora, pero además de que no integraron a las demás fuerzas políticas, el ego jugó un papel impresionante, y los tiempos del Nobel fueron apremiantes.

¿El ego de quién?

El ego del gobernante que impidió invitar a participar a otras personas. Por ejemplo, el día de la firma del acuerdo en Cartagena, fue increíble que no tuviera la nobleza de mencionar los esfuerzos de sus antecesores, que fueron definitivos para llegar a este momento. Betancur, Gaviria, Pastrana y Uribe. Era y sigue siendo el momento de la grandeza y de la generosidad.

¿Le parece que al presidente Santos le faltó nobleza con los expresidentes?

Hablemos mejor de que extrañamos actitudes generosas y pragmáticas que pudieran impedir profundizar la polarización tan dañina a los grandes temas del país. Faltaron expresiones de reconocimiento para los expresidentes y para la sociedad colombiana, que ha resistido muertos, genocidios, secuestros, extorsiones y tantos, tantos otros daños. Faltó también nobleza con los empresarios y trabajadores que pese a tantas adversidades, optaron por quedarse en Colombia o con los que no tuvieron alternativa distinta al exilio. De otro lado, quiero plantear un juicio muy profundo al papel que jugaron los medios de comunicación en este proceso.

‘Timochenko’ dijo lo mismo en su discurso de la firma del acuerdo...

Le explico. La opinión tiene que ser siempre libre. Pero la información es otra cosa; por un lado debe nutrirse de fuentes plurales y de otro, dar espacios equilibrados al disenso. Me tomé el trabajo de mensurarlo y fue una vergüenza.

¿En qué sentido?

En el del unanimismo casi generalizado, la complicidad enmermelada, mostrando en exceso el ejercicio desfachatado del poder del Estado.

¿Cree que fue excesiva la campaña del Sí?

Las dos campañas echaron mano de todas las estrategias políticas: el miedo, la esperanza, la exageración, las verdades a medias. Eso produjo carencia de debate para el aprendizaje y comprensión del acuerdo. El Sí vendió frases taquilleras y populistas, ofreció ríos de leche y miel, amenazó con la vuelta a la guerra al día siguiente, con imposibilidad de sentarse a buscar consensos en una renegociación. Los del No apelaron al miedo y a la amenaza ideológica. El Sí fue arrogante y excluyente.

¿Y el No?

Lo de Vélez Uribe, si bien imprudente e inoportuno, no fue nada distinto de lo que se hace en todas las campañas: aplicar estrategias. Hubo mentiras claras y medias verdades también, incluyendo la afirmación del Presidente de que no se iba a poder negociar nada nuevamente. ¿O, qué es lo que estamos haciendo ahora? Las dos partes utilizaron maniobras electorales. Si no, mire lo del hacker en la campaña de la reelección, que me ha parecido muy exagerado. Mis campañas sufrieron intrigas de peor calado, y sin embargo no pasó a los estrados judiciales.

(Además: 'Hay un desequilibrio informativo': Vélez)

¿A qué se refiere?

No me gusta el victimismo. Pero ya que me lo pregunta, se lo recuerdo. Nunca se investigó, sino que se adjudicó a una dieta que no existió, el desmayo que sufrí cuando yo iba ganando las elecciones. Ese día, por la manipulación del hecho, a mi juicio premeditada, perdí las elecciones.

Recuerdo que usted sostuvo que fue un intento de envenenarla…

Déjeme ese tema para mis apuntes, hoy el tema es otro. Insisto en que aquí hay una gran oportunidad si se logra superar la desconfianza recíproca de las partes.

¿En qué consiste esa desconfianza?

Hay una fuerza liderada por el expresidente Samper, por la Canciller, por el ministro Cristo, que lo único que quiere es imponer acuerdo ya firmado, como si aquí no hubiera pasado nada en el plebiscito. Los otros, los del No, ven que los resultados del plebiscito los están volviendo un empate técnico. Creo que la ganadora fue la abstención, nacida de la duda metódica. Mucha gente se abstuvo porque se sintió presionada, excluida y desconcertada. Es que la forma como redactaron ese acuerdo fue absolutamente farragosa; ese tema del respeto a la mujer rompe con cualquier lectura de prosa agradable, para hablar del niño y la niña, el hombre y la mujer, el colombiano y la colombiana, etc.

Hace casi imposible una lectura comprensible. El acuerdo es demasiado técnico-jurídico, está escrito de una manera tal que dificulta su lectura. Muchas de las premisas son repeticiones mal redactadas. No alcanzó a darse una pedagogía clara. Y fue un error no desglosar los cinco puntos. Estaríamos, creo yo, negociando solo sobre uno y, si acaso, 2 puntos concretos. No conozco a nadie serio que en ese escenario votara binariamente Sí o No.

¿Qué cree que están tratando de decir los jóvenes que salen a marchar?

La juventud es afanosa, como deberíamos ser los adultos. No da plazos. No es partidista del Sí ni del No, saben que merecen y exigen la paz. Ojalá muchos del Sí, que se sienten dueños de la paz, no intenten aprovecharse de ellos. Los jóvenes no quieren que haya políticos de los de siempre allí metidos y, obvio, ya están apareciendo, ofreciéndoles estímulos de toda especie.

¿Quién les está dando esos estímulos, las Farc o el Gobierno?

De todos lados los quieren utilizar, manipular. Pero los jóvenes quieren ser dueños de su movimiento. Ojalá logren mantenerse incontaminados.

¿Cree que la Corte Constitucional se atreva a tumbar el plebiscito?

El plebiscito está cubierto por el principio de la legitimidad, así la Corte Constitucional lo tumbe. Ella misma dijo que tenía consecuencias políticas. Eso lo tienen que asumir todas las partes. Yo voté Sí, como le dije atrás, con reservas profundas. ¿En un país que clama por instituciones se propone que 5.600 personas tengan una jurisdicción propia, por encima de los demás colombianos? Ese es uno de los puntos que se tienen que revisar.

¿Cree que el Gobierno es serio en llevarles un replanteamiento a las Farc, o va a terminar diciendo que qué vaina, no se pudo?

El Gobierno está improvisando porque no estaba preparado para el resultado. Me pregunto si los negociadores a La Habana solo están haciendo el oficio de mandaderos para ver qué resulta. Es el deber del Gobierno y de los dirigentes, todos, incluidas las Farc, oír el clamor de todos los colombianos de concluir este proceso y hacerlo viable.

Las Naciones Unidas vinieron por un tiempo, y se tendrán que ir porque dicen que no tienen presupuesto…

Las Naciones Unidas son un organismo bastante inútil en el mundo de hoy; no es sino ver los conflictos internacionales que hay tan impresionantes. Y la ONU se encuentra de pronto con una oportunidad de servicio muy importante en Colombia. Tiene hambre y necesidad de justificar su razón de ser con la contribución que le puede hacer a la paz de nuestro país. No veo que sea tan fácil que salga corriendo por cuenta de este inconveniente. Lo que pasa es que a la comunidad internacional no se le advirtió claramente que el plebiscito se garantizó como mecanismo refrendatorio. La comunidad internacional tiene que ser solidaria, generosa, pero, sobre todo, respetuosa de los procesos democráticos de cada país.

¿Cree que a la comunidad internacional no le contaron la verdad?

Muy superficialmente. Hubo mucho entusiasmo. Estar en la firma de la paz era realmente tentador. Muy pocos extranjeros tenían claro que aquí faltaba un plebiscito en el cual se iba a pronunciar el pueblo colombiano y que fue parte del acuerdo.

¿Estuvo de acuerdo con que le dieran el Nobel de Paz al presidente Santos?

Sí, y así lo expresé públicamente. Yo creo que el Nobel es justo por el esfuerzo que ha hecho el presidente Santos, a quien nadie le puede negar su compromiso, perseverancia, el acierto en la escogencia de los miembros de la comisión de negociación. Ha dirigido un proceso con una buena metodología. Lastimosamente hasta hoy, y ojalá cambie, tenemos Nobel, pero no acuerdo. Se cometió la gran equivocación de hacer un proceso totalmente excluyente, y eso es lo que ahora estamos pagando.

(Lea también: El premio Nobel le hará contrapeso al resultado del plebiscito)

¿Cree que el Nobel nos hace daño?

Ese Nobel que el Presidente persiguió tanto, y por él hizo mucho lobby para ganárselo, nos hizo daño en cuanto a tiempos. Si este acuerdo hubiera tenido más espacio para la pedagogía y menos afán por el Nobel, nos hubiéramos tomado el tiempo de analizarlo, y ahí de pronto habría ganado el Sí. Igual va a pasar con la reforma tributaria, que desde hace un año debería haber sido presentada. La van a terminar pupitreando porque, calculando que se les dañaba el plebiscito y de pronto el Nobel, no la presentaron a tiempo. ¡Lograr una reforma estructural en un mes es imposible!

¿Y cree que es la reforma conveniente?

Necesitamos más ingresos fiscales. Pero el exceso impositivo para las empresas en Colombia es de tal naturaleza que solo bajándoles los impuestos se recuperará la competitividad y la productividad. Sí resulta paradójico que sean la clase media y los asalariados los que al final terminen pagando el pato del despilfarro y la falta de verdaderas políticas de estímulo a la producción.

Y todo esto en medio del limbo que vivimos con las Farc. ¿A usted no la asusta?

No. El país entero, los del Sí y los del No, estamos jugados en esto. Lo que sí creo es que la campaña del 2018 empezó con los resultados del plebiscito.

¿Y usted va a estar otra vez ahí?

(Risas). Yo creo que para el 2018 hay más candidatos que votos. ¡Qué barbaridad! Yo estaré con mi voto.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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