Si gana encuestas de su partido, ¿cómo serían las alianzas con el CD?

Si gana encuestas de su partido, ¿cómo serían las alianzas con el CD?

Carlos Holmes Trujillo espera un mandato popular para introducirle reformas al proceso de paz.

Carlos Holmes Trujillo.

“Cuando ganemos las elecciones debemos pensar en el gran acuerdo nacional para la paz que propuso el expresidente Uribe”, dice Holmes Trujillo.

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Archivo particular.

04 de diciembre 2017 , 09:39 a.m.

El exministro, exembajador y exconstituyente Carlos Holmes Trujillo dice que espera un mandato popular para introducirle reformas al proceso de paz. Incluiría una revisión a fondo de las funciones de la Corte Constitucional.

Creo que el expresidente Uribe está emproblemado con tantos pollitos de candidatos. ¿De alguna manera, usted se siente el pollito mayor?

En materia de edad soy el pollito mayor. (Risas). Pero estoy compitiendo en franca lid. El presidente Uribe ha conducido este proceso con mucha imparcialidad.

Sin duda usted es uno de los candidatos más conocidos y más completos del Centro Democrático. Pero algunos podrían mirar hacia otras alternativas más modernas como Iván Duque, que gusta por joven y preparado. O Rafael Nieto, por frentero. ¿Los ve como importantes rivales?

Todos tenemos iguales posibilidades. Naturalmente, mi hoja de vida es la más integral porque tiene experiencia y conocimiento en todos los niveles: el municipal, el regional, el nacional, el internacional, el privado y el académico. Lo digo con mucho respeto hacia mis colegas precandidatos, que en un escenario de encuestas también tienen muchas posibilidades.

Tampoco se lo ha visto jamás envuelto en un escándalo. Ni siquiera durante el 8.000, cuando perteneció al gobierno Samper...


Es cierto que nunca he tenido ninguna investigación de nada. Mi hoja de vida es intachable, a Dios gracias.

Es cierto que nunca he tenido ninguna investigación de nada. Mi hoja de vida es intachable

El primer ensayo del sistema de encuestas iba medio saliendo mal. Escondieron los resultados y resolvieron que estaban muy pegados los coleros como para eliminar a alguno. ¿Fue su tuit pidiendo que si usted era el último, lo sacaran, lo que hizo renunciar a la exministra María del Rosario Guerra?

Al retirarse, María del Rosario dio nuevamente una evidencia de seriedad y compromiso y acatamiento al mecanismo acordado. Creo que lo fundamental es que dicho mecanismo se está aplicando, y que pronto tendremos candidato del Centro Democrático.

¿Ve una lista conjunta del Centro Democrático, el Partido Conservador y Cambio Radical para Congreso?

En ningún caso, a la luz de las circunstancias actuales. Las diferencias son profundas. Sí veo posible una alianza para la Presidencia de la República con protagonistas como el expresidente Pastrana, con Marta Lucía Ramírez, con el doctor Ordóñez, con sectores cristianos. Tenemos, además, coincidencias muy estrechas con sectores de víctimas que se sintieron marginadas del acuerdo Santos-Timochenko.

¿En las alianzas presidenciales para la primera vuelta cabe Germán Vargas Lleras?

En esa primera vuelta no lo veo. Con él tenemos diferencias profundas. Votó 'Sí' al plebiscito; nosotros encabezamos el 'No'. Y además fue vicepresidente del presidente Santos, a quien le hemos hecho fuerte oposición, por distintas razones que el país conoce.

¿No han coincidido con él en las diferencias sobre la implementación de los acuerdos de paz?


Si hubiera votado 'No' en el plebiscito habría hecho mucho más creíble las expresiones que ahora emite públicamente.

Hagamos un ejercicio. ¿Si usted es el ganador, a cuáles de sus rivales se llevaría a conformar su equipo?

No tengo ningún inconveniente en decirle que cuando yo sea presidente, si es que llegó a serlo, Iván Duque sería un gran ministro de Hacienda, Rafael Nieto sería un estupendo ministro de Justicia, Paloma Valencia sería una gran ministra del Interior y María del Rosario Guerra sería una gran ministra de Educación.

¿Y pensaría en Marta Lucía Ramírez como fórmula vicepresidencial?

Marta Lucía Ramírez será una gran protagonista dentro de la alianza. Y si las circunstancias nos llevan a ese punto, estaría encantado de hacer fórmula con ella.

Ya vamos aterrizando. ¿Y en el flanco contrario, cómo ve la situación del Partido Liberal después de la exigua votación de la consulta?

La consulta demuestra que el liberalismo agoniza, que el país está rechazando el acuerdo que negoció el doctor De la Calle. Ni siquiera dentro de su partido movilizó un volumen de opinión suficientemente significativo. Pero, además, el resultado de esa consulta pone los términos del acuerdo Santos-Timochenko, que negoció el doctor De la Calle, en un lugar destacado dentro de la batalla presidencial que viene. Porque nos deja sin Constitución conocida y cierta.

¿Qué lo lleva a afirmar eso?

¿Cuál es la Constitución que hoy hay? No se sabe. Dependerá de lo que diga la Corte Constitucional frente a dos tipos de demandas: unas, las que se harán porque, según el demandante, se viola la Constitución del 91; otros demandarán porque a su juicio se viola el acuerdo con las Farc. ¿Entonces, qué tenemos? Una Constitución ‘ad hoc’, o inexistente. De otro lado, cuando nos dicen que esto se quedará así durante doce años porque hay que cumplir con todo el acuerdo, en la práctica tienen la pretensión de acabar con la soberanía popular. A una democracia no se le dice: oiga, vote, pero lo que ahí diga no importa mucho, porque hay unas cosas que hay que cumplir independientemente de lo que se opine. Limita el pronunciamiento popular y lesiona la democracia.

Y eso que la Corte ha tratado de proteger la Constitución…

Pero no lo logra porque esos acuerdos arrasan con principios fundamentales. Con el principio del juez natural. Con el principio de legalidad. Con el principio de no retroactividad en materia penal. Y deja a los ciudadanos en un estado de inseguridad jurídica tremenda. Lesiona la descentralización. Profundiza los desequilibrios regionales. Pone en peligro la democracia porque pretenden decirle a Colombia que eso no lo va a poder tocar nadie, en el curso de los tres próximos gobiernos. El blindaje es un cuento, puro realismo mágico constitucional.

El blindaje es un cuento, puro realismo mágico constitucional

Nunca lo había visto tan abiertamente contrario a los acuerdos. Por el contrario, a usted le reconocen la experiencia y el corazón grande, pero algunos uribistas dicen que quisieran verle más la “mano firme”. ¿La está afirmando?

Yo soy abiertamente contrario a varios puntos del acuerdo, porque me parecen gravísimos para el país. Las consecuencias negativas van mucho más allá de lo que parece ahora. Por eso defendí el 'No' con tanta decisión.

Una cosa que hizo mucho daño a su partido fue la frase del exministro Fernando Londoño de ‘hacer trizas el acuerdo’...

Yo conservaré lo bueno y cambiaré lo malo. ¿Qué es lo bueno? Que las Farc desaparezcan como grupo terrorista, porque nadie puede decir que eso es malo para el país. Que las armas queden a disposición de la ONU; que haya en el acuerdo seguridades físicas, jurídicas y socioeconómicas para la guerrillerada de las Farc que no haya cometido delitos atroces. Eso también es aceptable.

¿Y lo malo?

Es mala la incorporación al bloque de constitucionalidad porque nos deja sin Constitución conocida. Es malo que el narcotráfico sea considerado como delito conexo al político porque garantiza la impunidad a los narcotraficantes miembros de las Farc. Eso es inaceptable. Son más los puntos del acuerdo que ponen en peligro la propiedad privada, y eso hay que corregirlo. La JEP, tal como está concebida, aun con los cambios que le ha hecho la Corte Constitucional, es mala para el país, es una fuente de inseguridad. La comisión para hacerle el seguimiento a la implementación de los acuerdos es una instancia supraconstitucional a la cual hay que pedirle permiso para expedir leyes y firmar decretos, y eso hay que cambiarlo. Esa es mi posición frente al acuerdo. Por eso, la importancia de los referendos derogatorios que están impulsando a nombre del Centro Democrático las senadoras Paloma Valencia y Paola Holguín y el representante Álvaro Hernán Prada.

¿Hasta qué punto una persona que tenga una posición así sobre el acuerdo se echaría sobre los hombros la posibilidad de que la paz explote? ¿Usted lo ha medido?

Claro que lo he medido. Y la respuesta es la siguiente: si las Farc dicen que quieren volver a la vida democrática, tienen que saber que en la democracia se gana o se pierde. Yo estoy pidiendo un mandato popular. Y si lo recibo, mi obligación será cumplirlo.

¿Ejecutarlo cómo? ¿Convocando a un plebiscito o a una constituyente?

Con las elecciones mismas. Y en ese momento, las Farc tendrán que demostrarle a Colombia si era cierto que querían participar de la vida democrática o si se trataba de una sombrilla para imponer lo que querían con el beneplácito del presidente Santos.

Ningún candidato del Centro Democrático ha dicho qué les va a ofrecer a los desmovilizados de las Farc y qué garantías le daría a la Farc, el partido político. ¿O se trata de que vuelvan a las armas?

De ninguna manera. Tal como lo dije antes, los puntos que les dan a los miembros de la guerrilla no incursos en delitos atroces seguridades físicas, jurídicas y socioeconómicas deben cumplirse dentro de las posibilidades reales y gradualmente. Cuando ganemos las elecciones debemos pensar en el gran acuerdo nacional para la paz que propuso y ha defendido el expresidente Uribe.

Pero el presidente Santos ha urgido a las otras ramas del poder público que honren el acuerdo que él firmó en La Habana…


El Presidente de la República no tiene facultad para comprometer indefinidamente, en este caso por 12 años, a todo el Estado colombiano. Ni tampoco para desconocer los veredictos populares en su afán de imponer lo que firmó con Timochenko. Todos los cambios se harán en cumplimiento del mandato popular, y conforme a la Constitución y a la ley. Otro capítulo es, con el mayor respeto por sus integrantes, el de la Corte Constitucional.

El Presidente de la República no tiene facultad para comprometer indefinidamente, en este caso por 12 años, a todo el Estado colombiano

¿Por qué?

¿Cómo así que la Corte Constitucional dice que ese acuerdo es una política de Estado?

¿No lo es?

¿Cómo así que puede tener carácter pétreo durante 12 años? No puede, porque la soberanía popular es la fuente de todos los poderes. Soy coautor de la Carta del 91 y no acepto la tesis de la Corte de ninguna manera.

Tampoco lo dijo tanto así. Dijo que los próximos gobiernos deberían tratar de seguir las directrices del acuerdo...


Claro, pero el carácter pétreo de los acuerdos es lo que repugna el concepto de soberanía popular. Mire, uno de los grandes problemas que tuvo la bendita fecha esa del Nobel es que el presidente Santos desechó la oportunidad de construir un verdadero acuerdo nacional para la paz. Empezó a correr para llegar a Oslo con el trofeo completo. Y con ese afán, le negó al país la posibilidad de tener un gran acuerdo nacional para la paz, que era lo que nosotros planteábamos.

Supongamos que usted gane y lo elijan presidente. ¿Cómo hará para cambiar las cosas?


Repito: tendré que cumplir con el mandato que recibí. Y eso obliga a acudir a todos los mecanismos constitucionales y legales para cambiar las cosas. Es más, me parece que hay que cambiar a fondo la Corte Constitucional ya. Llegó la hora.

¿Cambiar la Corte Constitucional? ¿Cómo?

En el sentido de precisar las competencias de la Corte. Cuando definimos sus competencias en la Constituyente dijimos que consistían en garantizar la guarda de la integridad de la Constitución, comillas, “en los estrictos y precisos términos de este artículo”. ¿Para qué? Para que no hubiera desbordamiento, para que no hubiera tentaciones legislativas.

¿Y ha habido desbordamiento?

Claro que sí.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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