El ajedrez de las firmas en el debate presidencial del 2018

El ajedrez de las firmas en el debate presidencial del 2018

Esta es la ocasión en que más aspirantes han acudido a firmas para avalar sus candidaturas.

Sergio Fajardo, Alejandro Ordóñez, Juan Carlos Pinzón, Clara López, Gustavo Petro y Piedad Córdoba

Sergio Fajardo, Alejandro Ordóñez, Juan Carlos Pinzón, Clara López, Gustavo Petro y Piedad Córdoba son algunos de los aspirantes que van por firmas.

Foto:

Johannes Duque – Mauricio Dueñas / EFE – Antonio Hermosín / EFE - Mauricio Moreno / EL TIEMPO – Antonello Nusca / EFE – Fredy Constante / EFE

28 de agosto 2017 , 09:49 p.m.

Detrás de la explosión de candidatos presidenciales con el respaldo de firmas ciudadanas, como en el ajedrez, se esconden muchas jugadas.

No es una coincidencia que el país cuente hoy con 25 candidatos en la carrera presidencial, con el apoyo de movimientos ciudadanos (firmas), y que sea también el momento en el que los partidos políticos tienen la mayor desfavorabilidad según todas las encuestas de opinión e intención de voto.

Los mismos políticos, dada la concurrencia de tantos factores negativos alrededor de los partidos, decidieron apelar a la figura fresca y descontaminada de los ciudadanos para reformular sobre ellos su búsqueda del poder.

Aunque desde 1991 la Constitución abrió espacios para que los grupos de ciudadanos se conviertan en vehículos de la política, y Álvaro Uribe inauguró en el 2002 la llegada al poder a través de estos, esta es la ocasión en que más candidatos a la Presidencia están optando por esta vía.

El fenómeno no parece ser patrimonio de una u otra corriente política en especial. Hoy hay candidatos de izquierda, de centro y de derecha, apostando por los grupos de ciudadanos como alternativa a los partidos.

Diversas razones

Y parecen ser también diversas las razones por las que los candidatos presidenciales han preferido la figura de los ciudadanos a la de los partidos.

El exprocurador Alejandro Ordóñez, quien se inscribió en nombre de La Patria de Pie, admitió que lo hizo porque cree que “los partidos políticos no están interpretando hoy las necesidades más sentidas de los ciudadanos”.

Ordóñez, de origen conservador, tiene claro que “la gente no quiere hoy a los partidos políticos”, por lo que considera que “estamos ante la más grave crisis de la democracia partidocrática, pues la gente quiere expresarse por fuera de los partidos”.

Clara López, quien inscribió el comité de Todos somos Colombia, tiene una explicación diferente de por qué acudió al mecanismo de las firmas.

“Yo lo hice –dijo– porque me tuve que salir de mi partido (el Polo) después de un profundo desacuerdo político y procedimental, y al retirarme muchas personas me propusieron ir por firmas para pasar por encima de la polarización”.

Para Sergio Fajardo, de Compromiso Ciudadano, acudir al apoyo popular representa, en cambio, parte de su “identidad”.

“La calle, las firmas, el diálogo directo con los ciudadanos forman parte de nuestro ADN como proyecto político, desde hace 18 años cuando comenzamos en política”,
le dijo Fajardo a EL TIEMPO.

Menos debate

Otro factor que puede estar fortaleciendo la presencia de movimientos ciudadanos por encima de los partidos políticos con propósitos electorales es que en el primer caso (los movimientos) los candidatos de estos tienen pleno control de sus causas, de sus presupuestos, de sus proyectos, de sus propuestas.

Los movimientos ciudadanos son constituidos por gregarios que acatan a su líder, son subalternos suyos, a diferencia de los partidos, donde abunda el debate, se cocinan disidencias y las decisiones en la mayoría de los casos son colectivas.

Como dice Yann Basset, director del observatorio de procesos electorales de la Universidad del Rosario, convertir los movimientos de ciudadanos en instrumentos de la política se “traduce en una incapacidad de los políticos para actuar colectivamente”.

Jaime Duarte, coordinador del área de finanzas y gobierno de la Universidad Externado de Colombia, dijo que el fenómeno de la multitud de candidatos presidenciales por firmas habla de que “hay un nuevo realineamiento de movimientos políticos” porque los candidatos “no quieren cargar con el lastre de los partidos”.

La corrupción ahuyenta

Parece innegable que otra razón que ha conducido al surgimiento inusitado de candidatos presidenciales mediante el apoyo ciudadano ha sido el surgimiento de los escándalos de corrupción en la mayoría de los partidos políticos.

El Consejo Nacional Electoral y la Fiscalía General de la Nación investigan en la actualidad denuncias sobre presencia de dineros ilegales en las dos campañas presidenciales que fueron a segunda vuelta en el 2014: la del hoy presidente Juan Manuel Santos y la del excandidato uribista, Óscar Iván Zuluaga.

Hoy, dos de los más grandes electores de ‘la U’ (el ‘Ñoño’ Elías y Musa Besaile) y el presidente del Partido Conservador, Hernán Andrade, tienen procesos penales en curso por temas de corrupción.

La búsqueda del poder vía movimientos ciudadanos sería también una forma de eludir el desprestigio de los partidos como consecuencia de los escándalos de corrupción.

Las diferencias principales del mecanismo

Habrá dos diferencias básicas entre los candidatos presidenciales que se inscribirán por firmas y los que tendrán el aval de los partidos: el mayor tiempo de campaña que tendrán los primeros y la libertad de no tener que casarse con alguna colectividad.
Según fuentes del Consejo Nacional Electoral, hay una línea muy delgada entre el “proselitismo” y la propaganda electoral.

El proselitismo –que no está prohibido para ningún aspirante en ningún momento– es la divulgación de sus tesis para llegar al primer cargo del Estado, con las que estos candidatos, 25 hasta el momento, piden las firmas para apoyar su aspiración.
Esto se permite, siempre y cuando no haya un pedido del voto como tal.

Aunque esto no puede considerarse propaganda electoral, porque el aspirante no está pidiendo el voto, sí es una exposición más alta de su nombre y de sus postulados ante la opinión.

El tema ha sido cuestionado por varios partidos políticos, ya que el tiempo que tienen los candidatos avalados por ellos para pedir el voto no es igual de extenso, sino que tiene fechas precisas.

La otra diferencia es que quienes postulen su nombre con el apoyo de firmas no tienen que certificar su militancia en ningún partido político.

A juicio de expertos, esto les permite, en algunos casos, moverse con mayor libertad sin tener ataduras a las colectividades ni tampoco compromisos, si llegan a ser elegidos.

El negocio que comenzó a moverse ahora con la proliferación de los candidatos por firmas es el de las empresas para recaudarlas, las cuales estarían cobrando un promedio de 1.500 pesos por firma.

Ante esto, el registrador Nacional, Juan Carlos Galindo, afirmó que “es la primera vez que hay tantos candidatos a la Presidencia por firmas”, pero que su entidad está “lista” hacer el respectivo cotejo.

POLÍTICA

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