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Colombia va perdiendo la batalla contra robo de tesoros culturales

Sábado 24 de septiembre de 2016
Justicia

Colombia va perdiendo la batalla contra robo de tesoros culturales

En 4 años, 1.119 piezas fueron repatriadas. Habrían salido 16.000 en manos de traficantes.

Por:  JUSTICIA | 

Desde el 2012 solo se han logrado recuperar 1.119 piezas arqueológicas desde países como Estados Unidos, España, Italia, Francia y Alemania.

Foto: Archivo / EL TIEMPO

Desde el 2012 solo se han logrado recuperar 1.119 piezas arqueológicas desde países como Estados Unidos, España, Italia, Francia y Alemania.

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Cada año, por culpa de traficantes de piezas arqueológicas y culturales, la historia del país termina siendo rematada al mejor postor en Europa o Estados Unidos.

Mientras la Corte Constitucional decide si le ordena al Gobierno que se embarque en una pelea jurídica y diplomática con España para reclamar las 122 piezas del tesoro quimbaya –que Colombia le regaló a la reina María Cristina y que hoy son exhibidas en el Museo de las Américas, en Madrid–, los mercados ilegales siguen inundados con tesoros saqueados al patrimonio histórico colombiano.

No hay estadísticas oficiales sobre cuántas de estas piezas cruzan ilegalmente las fronteras, pero fuentes que combaten este crimen aseguran que, al menos, cada año estarían saliendo unas 4.000 piezas, tanto arqueológicas (taironas, muiscas, quimbayas, zenúes) como culturales (cuadros y esculturas de la Colonia), que se ofrecen en un mercado negro que a nivel mundial puede mover más de 2.000 millones de dólares anuales, según la Unesco.

El Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh) asegura que entre el 2001 y el 2009 las autoridades lograron incautar 8.562 de estos objetos. El año pasado la Policía decomisó 89 piezas, la mayoría de ellas en puertos de Santa Marta.

En Huila, donde se encuentra el parque San Agustín, uno de los principales espacios arqueológicos del país, se incautaron el año pasado 25 piezas. Mientras los guaqueros del Huila venden estos artículos a precios que van de los 50.000 a 700.000 pesos, la Unesco afirma que en el exterior ese valor se multiplica por 100.

Una de las principales dificultades para combatir este delito es que las denuncias son pocas. En los últimos 6 años, según Interpol, solo se denunció el robo de 196 objetos, la mayoría de ellos cuadros o esculturas.

Fernando Montejo, coordinador del grupo de Patrimonio del Icanh, sostiene que, al año, este instituto recibe unas 10 comunicaciones por correo en las que se informa de hurtos de piezas arqueológicas. “La ley estableció que no se permite la compra ni la venta de estos objetos, porque son patrimonio de todos. Una vez se verifica que se trata de este tipo de piezas, se envía la denuncia al grupo de investigaciones de patrimonio cultural de la Policía”, dice.

A las pocas denuncias se suma que los procesos de repatriación son lentos y costosos. Desde el 2012 solo se han logrado recuperar 1.119 piezas arqueológicas desde países como Estados Unidos, España, Italia, Francia y Alemania. Uno de los casos más exitosos fue el de 691 piezas arqueológicas incautadas en el 2014 en España a un colombiano acusado de lavado de activos. Ese tesoro fue avaluado en 6,7 millones de dólares.

La historia de los fracasos es larga y dolorosa. La corona de los Andes, tesoro de la orfebrería colombiana que salió clandestinamente del país en 1930, es el ejemplo más conocido. El Museo Metropolitano de Arte (MET) de Nueva York la compró el año pasado, y las posibilidades de que pueda ser recuperada son remotas. En Huila tampoco se volvió a saber de las 36 piezas, avaluadas en 200 millones de pesos, que fueron robadas del Museo Arqueológico en el 2008.

Las subastas

En muchos casos estos objetos son encontrados en casas de subastas. El año pasado, según Eugenia Serpa Isaza, coordinadora del grupo de Bienes Culturales Muebles del Ministerio de Cultura, se identificaron 37 piezas en subastas de Estados Unidos y Alemania.

El Ministerio de Cultura manifiesta que esas piezas eran ofrecidas a través de prestigiosas plataformas en internet, como Invaluable, líder mundial en ese mercado. También se encontraron piezas en Live Auctioneers, que tiene ofertas en 47 países del mundo; Ancient Artifax Gallery, especializada en arte tribal, y en la casa alemana Zemanek-Münster.

Solo al hacer una búsqueda en esas páginas se pueden encontrar vasijas, cerámicas, y esculturas precolombinas que tienen precios de venta de más de 2.000 dólares.

Montejo afirma que cuando las autoridades colombianas identifican patrimonio ofrecido en esos sitios, primero “se debe determinar que en efecto son piezas arqueológicas, y entonces la Cancillería, el Icanh y el Ministerio de Cultura inician el trámite correspondiente para iniciar un proceso jurídico o lograr un consenso para su repatriación”.

Agrega que en los procesos judiciales las autoridades deben demostrar que esas piezas salieron ilegalmente, proceso que suele ser difícil. “De acuerdo con la convención de la Unesco de 1970, al reclamar una pieza hay que probar cuándo salió. En la medida en que salen de manera ilegal se dificulta la recaudación de pruebas”, afirma Serpa Isaza.

Colombia tiene convenios con otros países afectados por este delito, como Ecuador, Perú, Bolivia y México, y con otros destinos, como Suiza y Estados Unidos, para facilitar la repatriación.

Colombiano entregó 316 piezas

En diciembre del año pasado, la Universidad del Valle finalizó la repatriación de 316 piezas arqueológicas colombianas que ahora se encuentran en sus instalaciones. Su regreso se dio un año después de que el ciudadano colombiano Martín Saldarriaga, quien vive en Miami (Estados Unidos), manifestara su interés de entregar esta colección, que tenía en su vivienda.

30 años después de robo, escultura regresó al país

Santa Ana, la Virgen y el Niño’, escultura de los franciscanos de Tunja (Boyacá), robada hace 30 años, regresó el 24 de junio del 2015, como parte de un convenio entre Colombia y Ecuador. La imagen, de 109 centímetros de alto por 65 de ancho y tallada en madera, fue donada por España a los franciscanos, y robada el 14 de marzo de 1985 del convento de esa comunidad en Tunja.

Fueron los mismos franciscanos los que la vieron en un catálogo de un museo de Ecuador, por lo que iniciaron el reclamo.

Su repatriación comenzó en el 2014, cuando la comunidad entregó una serie de documentos para certificar la propiedad. Así, el Ministerio de Cultura de Ecuador decidió hacer la devolución de la obra.

JUSTICIA

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