‘Trabajaré de manera incansable para que la paz no sea reversible’

‘Trabajaré de manera incansable para que la paz no sea reversible’

Naranjo afirmó que si el Eln quiere avanzar en la paz debe renunciar al secuestro y a la violencia.

Óscar Naranjo

Naranjo advirtió que los primeros doce meses de implementación del acuerdo de paz son vitales para el proceso.

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Claudia Rubio / EL TIEMPO

02 de abril 2017 , 12:00 a.m.

El nuevo vicepresidente de la República, el general en retiro Óscar Naranjo, uno de los hombres que más conocen el problema de las drogas ilegales, tiene razones para pensar que hay nuevas condiciones para enfrentar con éxito ese flagelo en Colombia: esta vez la batalla no se librará en medio de la guerra contra las Farc, sino en territorios libres del conflicto armado.

Naranjo, quien esta semana asumió como Vicepresidente de la República en reemplazo de Germán Vargas Lleras, tendrá como uno de sus retos luchar a fondo contra las drogas.

¿Por qué decidió asumir el reto de la Vicepresidencia?

Siempre dije que había tenido una formación institucional, que no tenía habilidad ni apetitos por la política electoral y que el servicio público realmente me realiza. Cuando decido aceptar el llamado del Presidente y que aprobó el Congreso, lo hago sobre algunas razones fundamentales: una total identidad con los pilares programáticos del presidente Juan Manuel Santos y que tienen que ver con tener un país en paz, en equidad y más educado. Y por otro lado, acompaño en esta circunstancia especial al Presidente, porque después de haber alcanzado, como lo alcanzamos, un acuerdo que pone fin al conflicto más largo, 52 años con las Farc, me parecería una gran equivocación no trabajar para implementarlo y permitir que la paz fuera reversible. Trabajaré incansablemente para que la paz no sea reversible.

Casi todos los partidos apoyaron su elección, menos el Centro Democrático y el Polo. ¿Esto le plantea el reto de aproximar a la oposición?

Debo decir que en el caso del expresidente Uribe, él señaló que tenía “gratitud y aprecio” personal por mí, pero que por razones políticas no me acompañaba en la elección. Eso lo que significa es que hay que respetar, particularmente, que en el marco de la democracia haya oposición política. He dicho que dar garantías a la oposición política es un deber fundamental de un Estado de derecho. Eso me lleva fundamentalmente a trabajar en este otro sentido: yo sí creo que la oposición debe, en todo caso, obedecer a unos principios básicos. El número uno es que la verdad esté instalada en el centro del debate político, para que sea la verdad la que permita identificar las diferencias. Y por otro lado, me parece importante que las formas se restablezcan, hacer oposición con serenidad. Es incompatible hacer oposición a través de la descalificación personal o el atentado personal a la moral del competidor político.

Se sabe que su misión será diferente a la de Germán Vargas. ¿Cuál será el énfasis?

Por delegación del Presidente, yo me ocuparé de cuatro temas fundamentales. El primero tiene que ver con la coordinación, si se quiere gerencial y política, de la implementación de los acuerdos. Por otro lado, me ocuparé de temas de seguridad ciudadana, particularmente en concurso con el gabinete ministerial y los responsables de estas áreas. También, a estar en el tema de la política antidrogas y el desafío que plantean los cultivos ilícitos. Y finalmente, un tema que forma parte de la mayor sensibilidad que ha expresado el Gobierno en términos políticos: la protección de líderes y defensores de derechos humanos.

¿En estas tareas que usted asume, tender puentes con el uribismo será prioridad?

Rescato la frase del presidente Juan Manuel Santos cuando, con posterioridad al plebiscito, dijo que invitaba a todos los movimientos y partidos políticos a conformar un pacto en la implementación de los acuerdos. Creo que un pacto político como tal es improbable, pero sí creo que es posible una contribución desde distintos sectores, que aún están en oposición al Gobierno, pero reconocen que va a ser necesario avanzar, para derrotar la violencia.

Por primera vez en muchos años, en décadas, nuestros policías y soldados no llegarán a unos territorios para entrar y salir en operaciones ofensivas


¿Usted, que estuvo en la mesa, que ayudó a construir la paz, cómo ve hoy al Eln?

En términos estratégicos y políticos, lo deseable, lo saludable, el deber ser es que tuviéramos paz total y que lográramos un acuerdo con el Eln. El Presidente mantiene abierta esa negociación y, la verdad, se están haciendo los mejores esfuerzos para que se pueda llegar a un acuerdo; pero, por otro lado, es una buena oportunidad para decirlo: hoy, el Eln tiene que dar demostraciones de que renunciará a la violencia y al secuestro. Creo que está pasado de moda el hecho de que en la mesa de negociación alguien se quiera valorizar a partir de la fuerza y de asesinar soldados y policías.

Hablemos de coca. ¿Usted cree que la meta de erradicar 100.000 hectáreas es realmente viable para el 2017?

Muy importante decir lo siguiente. No por causa del acuerdo, en Colombia no se volvió a asperjar con glifosato. Esa es una decisión unilateral del Gobierno colombiano, y el Presidente ha dicho que él no ha tirado la llave de esa posibilidad al mar. Además, es verdad que el acuerdo crea unas condiciones sin precedentes y únicas en la historia del narcotráfico en Colombia, porque ya un territorio sin conflicto con las Farc permitirá que haya unas posibilidades reales de sustitución de cultivos para que cerca de 90.000 familias transiten a economías legales. Y más allá de eso, el Gobierno entiende bien que erradicar y disminuir las hectáreas de coca depende también del ataque a las finanzas y a las rentas criminales de las organizaciones, y en ese sentido yo lo que veo es que esas decisiones están en marcha. Seguramente vamos a tener que incrementarlas para golpear más al aparato financiero de quienes promueven los cultivos.

¿El general Naranjo volvería a fumigar?

Francamente, no volvería a fumigar en estas circunstancias. Creo que Colombia se merece una oportunidad para probar con el fin del conflicto que sí es posible sacar a 90.000 familias de esta actividad de la siembra de coca. Y por otro lado, tengo que señalar que si uno hace una revisión acumulada en el tiempo de los 16 o 17 años que se fumigó con glifosato, por aspersión aérea, en ese tiempo se fumigaron cerca de 1’300.000 hectáreas, y más de 400.000 se erradicaron forzosamente de manera manual. A pesar de haber erradicado cerca de 2 millones de hectáreas, en el mejor momento logramos reducir los cultivos a 48.000 hectáreas, es decir, ahí hay una situación que a mí me hace pensar que el sistema no era totalmente eficiente.

¿Qué le hace pensar que hoy, cuando tenemos una situación crítica con las drogas, puede haber una mejora sustancial?

En relación con los cultivos, hay una situación que es verdaderamente excepcional y es que no tenemos conflicto armado con las Farc en el territorio. Una cosa era erradicar en medio de una guerra y otra cosa, sustituir y/o erradicar ya sin conflicto armado. Por otra parte, la capacidad excedente de fuerza militar y policial que estaba concentrada en la guerra contra las Farc es una capacidad que queda para poner en marcha, como lo han previsto en el Ministerio de Defensa a través del plan Victoria con control territorial integral. Por primera vez en muchos años, en décadas, nuestros policías y soldados no llegarán a unos territorios para entrar y salir en operaciones ofensivas de intervención, sino que llegarán para quedarse y hacer control territorial.

¿Qué acciones tiene previstas para mejorar la seguridad urbana?

Francamente, creo que la política del Gobierno ha logrado construir y desarrollar unas estrategias de seguridad importantes a través de la institucionalidad. ¿Qué es lo que yo creo que puede ser diferencial? Primero, que las instituciones, la Fuerza Pública y la justicia no actúen en solitario frente al crimen. Tenemos que abrir espacios de participación ciudadana porque lo que está probado en el mundo es que ciudadanos, autoridad y justicia son la base de la prevención y del control del delito. Y segundo, creo que hay un tema que es real y es que la seguridad es la sumatoria de la percepción más el crimen objetivo. Yo creo que hay que trabajar mucho para que la asimetría de percepción y realidad se vaya disminuyendo, ahí hay una brecha, lo cual no quiere decir que todo sea percepción, pero cuando la delincuencia realmente recibe un discurso de que las autoridades están cercanas a los ciudadanos, ese delincuente recibe ese discurso y no se arriesga a delinquir.

La inmensa mayoría de la gente siente que sería una equivocación histórica producir una regresión para que la guerra se volviera a instalar


¿Qué habría que hacer para solucionar el asesinato de líderes sociales?

Lo primero que hay que reconocer es que es tremendamente contradictorio tener un acuerdo del fin de conflicto con las Farc y que haya asesinatos de líderes sociales o de defensores de derechos humanos justamente ahora. Pero, con todo realismo, hay que decir que en los territorios se están librando distintas tensiones: la tensión que genera el vacío que dejaron las Farc; la que significa, por ejemplo, que haya pretensiones del Eln de llegar a esos lugares, y el desafío fundamental de estructuras como el llamado ‘clan del Golfo’, que claramente tiene una aspiración de expansión aunque no la logre, pero, la verdad, en medio de esa aspiración asesina a líderes sociales. Lo que yo he dicho es que desde la Vicepresidencia lo primero que vamos a tratar de superar es la discusión sobre la etiqueta alrededor del victimario y la víctima, y eso lo que quiere decir en la práctica es que nos va a importar son las muertes, pero particularmente, más que las muertes, prevenirlas. La otra tarea que nos proponemos hacer es estar muy cerca de las comunidades afectadas, escucharlas más y ser más sensibles a sus demandas.

¿El debate electoral podría frenar el proceso de paz?

“Me remito a lo que varios colombianos me han dicho, aun lo más críticos y faltos de confianza en el proceso: ‘General, nosotros no compartimos la política del Presidente ni del Gobierno, a nosotros no nos gustaba el proceso de paz ni nos gusta mucho el acuerdo, pero ya hay uno y hay que tratar de que salga bien’. Lo que creo es que la inmensa mayoría de la gente siente que sería una equivocación histórica producir una regresión para que la guerra se volviera a instalar y para que el conflicto volviera a ser el pan nuestro de cada día. Probablemente desde las ciudades no se ve, pero cuando uno sale al territorio, hay poblaciones que están diciendo que por primera vez están siendo libres porque no tienen un conflicto armado en sus territorios”.

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