En la selva amazónica le rindieron homenaje a un 'sir' británico

En la selva amazónica le rindieron homenaje a un 'sir' británico

Huitotos conmemoraron 100 años de muerte del hombre que los salvó de los caucheros en el siglo XIX.

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La conmemoración de la muerte del cónsul británico tuvo su epicentro en el colegio que existe en este corregimiento.

Foto:

Archivo particular

14 de agosto 2016 , 10:12 p.m.

El miércoles de la semana pasada, en la mitad de la selva amazónica, más exactamente en La Chorrera, hubo un acto muy especial y a la vez poco común. Los indígenas huitotos y boras conmemoraron, con pesar, los 100 años de la ejecución en Londres del irlandés sir Roger Casement.

A primera vista, este nombre a la mayoría de los colombianos poco les dice y seguramente muchos es la primera vez que lo oyen mencionar. Sin embargo, para estos indígenas es un héroe de carne y hueso.

Consideran que fue gracias a este diplomático británico que su etnia no desapareció a comienzos del siglo pasado y que la tragedia que padecieron por más de 10 años cesó.

Por eso, en el caserío de La Chorrera (Amazonas), a orillas del río Igaraparaná, hubo un acontecimiento solemne en el que las nuevas generaciones de indígenas recordaron lo que padecieron sus antepasados durante la explotación cauchera por la denominada Casa Arana.

Las caucherías

“Nuestro pueblo fue esclavizado, fueron más de 20.000 los muertos”, asegura la líder indígena Fany Kuirú.

A inicios del siglo pasado, en las selvas del sur del país comenzó la explotación cauchera, promovida especialmente por los británicos.

La producción del látex se hizo de la mano del peruano Julio César Arana, un nombre que los indígenas del alto Putumayo todavía no han podido olvidar y que su sola mención todavía les genera temor.

Transcurrieron más de 10 años en los que literalmente los nativos fueron esclavizados por Arana y sus lugartenientes, quienes respondían a la Peruvian Amazon Company y cuyos accionistas eran ingleses.

Y en La Chorrera fue instalada la Casa Arana, la sede de la compañía en la selva. Allí no solo se recolectaba el caucho, sino que los indígenas eran torturados, violados y asesinados. Los que no cumplían con la cuota diaria de látex sabían que serían castigados físicamente.

Aunque en la selva se conocía lo que estaba pasando, en el interior del país el asunto o no trascendía o simplemente se ignoraba por los gobiernos de turno.

Fue hasta 1909 que un diario londinense publicó las declaraciones de un ingeniero estadounidense que había estado en las selvas colombianas y quien narró todas las atrocidades cometidas por los caucheros peruanos.

Ante esto, el gobierno británico comisionó a Casement, su cónsul en Río de Janeiro (Brasil), para que se desplazara hasta el territorio colombiano y entregara un reporte de lo que estaba pasando.

En efecto, el diplomático navegó Amazonas arriba, tomó luego el río Putumayo y se adentró por otros afluentes hasta que llegó a La Chorrera; recorrió ese territorio y pudo ver todo lo que allí ocurría.

“Él pudo ver las torturas que se daban, cómo a veces botaban los cuerpos al río y cómo en ocasiones simplemente los dejaban tirados en la selva”, dijo Kuirú.

Con toda la evidencia, incluidos dos jóvenes indígenas, Casement se fue para Londres y presentó su informe ante el gobierno británico. Su reporte dio cuenta de que los nativos eran obligados a trabajar en las caucheras y que los que no alcanzaban las cuotas de látex exigidas por los caucheros eran llevados al cepo, flagelados y torturados. Y el que huía era condenado a muerte.

Pero también reportó que los caucheros, ayudados incluso por nativos renegados, literalmente hacían cacerías en las aldeas del alto Putumayo para llevarse a los indígenas (hombres, mujeres y niños) como trabajadores forzados.

A los nativos se les pagaba con mercancía a precios exorbitantes que nunca podían cancelar. Vivían con una deuda casi impagable con sus ‘empleadores’.

En 1912, el Parlamento Británico, con base en el informe de Casement, abrió una investigación y llamó a declarar a los socios de la Peruvian Amazon Company. Tras este proceso, el hostigamiento contra los indígenas disminuyó. De todas maneras, las caucheras se mantuvieron en la zona hasta entrados los años 30.

Sin duda, en La Chorrera reconocen que si no hubiera sido por Casement, tal vez hoy no existieran.

Y por esto también la semana pasada en el colegio de ese poblado, que está ubicado en el mismo sitio en donde estuvo la Casa Arana, un catedrático irlandés, Brendan Tobin, que está reconstruyendo los pasos de Casement, les leyó a los jóvenes indígenas y a los ancianos el reporte que el cónsul en su momento le entregó al Gobierno británico.

“Estamos haciendo memoria de lo que nos pasó y con ello un reconocimiento al espíritu humano de este señor. Gracias a él, estos pueblos tenemos algo de libertad y esperanza”, dijo Edwin Teteyé, rector del colegio indígena.

Como muestra de agradecimiento, la comunidad del lugar le envió al Gobierno irlandés una carta exaltando la labor de Casement. Y recibieron una respuesta del presidente de Irlanda, Michael D. Higgins, en la que les dice que eventos como el de La Chorrera harán que el legado humanista de Casement, a quien cataloga como “un verdadero héroe” de su país, perdurará por siempre.

Un humanista

Casement fue en su momento un defensor de los derechos humanos que luchó contra los abusos del sistema colonial en el Congo y en la Amazonia. Murió en la horca el 3 de agosto de 1916, acusado de traición.

El libro ‘El sueño del celta’, del nobel Mario Vargas Llosa, se basa en la vida de Roger Casement.
Por eso, la ceremonia en La Chorrera no fue una simple conmemoración para los indígenas; fue un acto de agradecimiento a un irlandés, muy desconocido para los colombianos, pero que hizo algo que terminó salvándoles la vida a muchos indígenas y que logró frenar la que fue tal vez la última esclavitud que se dio en el país.

Y la ceremonia conmemorativa se hizo en el inmueble donde quedaba la Casa Arana. Allí se construyó el colegio indígena, cuyas bodegas, que albergaban el caucho y eran sitios de tortura, hoy son salones de clase.

Claro que en ocasiones los indígenas encuentran pequeños restos de huesos humanos que la selva no ha podido devorar. Y cuando llueve, la tierra parece escupir pedazos de porcelanas y vajillas inglesas, y botellas de licores escoceses e ingleses. Es como si quisiera recordarles su tragedia a cada rato.

Omarino y Ricudo se fueron para Londres

Huitotos quieren saber qué pasó con los indígenas que casement se llevó hace un siglo

Para sustentar sus denuncias ante el gobierno y el Parlamento Británico, Casement decidió llevarse para Londres, en calidad de testigos, a dos jóvenes indígenas de La Chorrera.

Se trata de Omarino y Ricudo, que de acuerdo con relatos de varios investigadores que han estudiado el tema de las caucheras, a uno lo cambió por una camisa y un pantalón, y al otro lo ganó en una partida de póquer.

El punto es que para los huitotos no está claro qué pasó finalmente con ellos. Solo saben que nunca regresaron a la comunidad.

“Hemos estado averiguando por ellos, pero hasta el momento no tenemos nada claro”, dijo Fany Kuirú, quien hizo énfasis en que para la comunidad es necesario saber qué sucedió con Ricudo y Omarino.

Ella incluso estuvo hace unos años en la cancillería británica, en Londres, tratando de conseguir información sobre los dos desaparecidos hace 100 años, mas no logró conseguir información.

Pero la tarea continúa, quieren saber dónde terminaron.

JORGE ENRIQUE MELÉNDEZ P.
Subeditor de Política

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