‘El Centro Democrático desinforma y, en algunos casos, miente’

‘El Centro Democrático desinforma y, en algunos casos, miente’

Óscar Naranjo, vicepresidente de la República, asegura estar 'aterrado' de la política colombiana.

Óscar Naranjo

Naranjo: “La dejación de las armas ya hizo del proceso de paz un hecho irreversible”.

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César Melgarejo / EL TIEMPO

02 de julio 2017 , 12:46 a.m.

Hablé varias horas con el vicepresidente de la República, el general (r) Óscar Naranjo, para realizar esta entrevista. Cuando revisé su transcripción para reducirla al espacio asignado por EL TIEMPO, y la repasé luego para escribir su presentación, tuve varias impresiones que podrían indicar, en un breve resumen, lo que quiere mostrar ante la opinión pública el general Naranjo, sin duda uno de los líderes nacionales con mayor favorabilidad y prestigio del país. 

Sus críticas a ciertas formas de oposición que él mismo llama “política perversa”, su “aterradora” sorpresa ante la “vanidad y el personalismo” de la política partidista, su dolor por el abandono del campo y del campesinado. Sus temores ante el riesgo de perder la defensa de la institucionalidad.

El vicepresidente transmite en la entrevista el mismo hastío que, según él, se advierte en la población de las regiones, por las discusiones de mecánica política electoral, cuando “son otras las grandes preocupaciones de la nación”. Además, releyendo la entrevista, no cabe duda de que sus pensamientos son toda una concepción ideológica y pragmática que podría conducir a la opinión pública a considerarlo seriamente para el cuatrienio 2018- 2022, como opción presidencial, así él niegue con absoluta energía que esa sea una posibilidad futura. El diálogo se inicia con la entrega de armas de las Farc.

“Cuando las Farc entregaron las armas, lo que era un sueño se hizo realidad. Recordé a los 260.000 muertos que dejó el conflicto durante 53 años, en 8 millones de víctimas de la guerra, y me repetía: ¡siquiera terminó esta tragedia! El 27 de junio de 2017, nuestra historia se partió en dos. Es una historia llena de muerte y de dolor que quedó atrás. Ahora comienza una historia llena de esperanza”.

Por qué, por lo menos en Bogotá, la población no ha recibido en su dimensión lo que significa la entrega de armas y la desaparición de las Farc como guerrilla?

Creo que los años de la negociación fueron marcando un desescalamiento fuerte del conflicto y hubo una disminución aceleradísima de la violencia; tanto que antes de la firma del acuerdo en noviembre del año pasado ya registrábamos la tasa más baja de los últimos 37 años en homicidios, y ahora registramos la tasa más baja en 40 años. El secuestro, que a finales de los años 90 llegó a ser de 3.800 personas, se fue desvaneciendo; es que los colombianos urbanos sienten hace varios años que el conflicto armado era un problema entre soldados, policías y guerrilleros en la profundidad de la selva, y realmente las muertes no llegaron a sentirlas. Les he dicho a algunos líderes muy críticos de este proceso que mientras fui director de la Policía me asesinaban un policía cada 36 horas, y a esos líderes que hoy reclaman con tanta rabia por tener un acuerdo, yo, francamente, no los vi acompañándome en las exequias de mis policías en esos años de guerra que ya pasaron.

¿Por qué cree usted que reclaman esos líderes contra el acuerdo?

Dicen que ese acuerdo es imperfecto y que no significa la paz. A ellos, yo lo que les digo es: ¿dónde estaban cuando se producían al año 350 policías asesinados? Dónde estaban ellos cuando en el año 2016, por ejemplo, se producían 1.300 víctimas fatales por minas antipersona. Honestamente, no entiendo por qué la rabia.

¿Usted a quién o quiénes se refiere concretamente?

A todos los voceros que han exacerbado, confundido y desinformado al país alrededor del tema de lo que significa poner fin al conflicto con las Farc.

En otros escenarios ha dicho que soy el candidato de Pablo Escobar

En su opinión, ¿el Centro Democrático, que es partido de oposición, desinforma?

Tengo que decir que no solamente desinforma, sino que en algunos casos, y me refiero a una alusión directa a mí, mienten. Mienten, como cuando un vocero del Centro Democrático, en plena convención de su partido, dijo que yo era el vicepresidente de las Farc, y en otros escenarios ha dicho que soy el candidato de Pablo Escobar. No me queda duda de que no solamente desinforman, como varias veces se ha demostrado. También mienten.

¿Quién fue?

Fernando Londoño Hoyos.

¿Usted le reclamó?

No me voy a desgastar defendiéndome de mentiras.

¿Y qué opina de las posiciones de ese sector político en general?

Es el sector del escepticismo, de la desconfianza que se alimenta del odio. Lo que yo espero es que los hechos de paz destruyan esa desconfianza y ese escepticismo.

Si el presidente Santos buscara la reelección, uno podría entender que la paz podría formar parte de la campaña. Pero, como eso ya no es posible, ¿cómo se explica que su nivel de aceptación popular sea tan bajo?

Él está gobernando para la historia y no para la coyuntura, y paga un costo enorme, pero al final será reconocido como el estadista de la paz.

Su vida activa está muy lejos de terminar. ¿Usted hará política luego de que termine la vicepresidencia?

No, Yamid; es más, debo decir lo siguiente: si hubiese querido hacerla, si estuviera pensando en mí, estaría por fuera de la Vicepresidencia para no inhabilitarme y poder participar en la contienda política. Yo lo que espero es que después de más de 40 años de servicio público pueda, sin triunfalismos, celebrar desde mi hogar que pusimos fin al conflicto.

¿Por qué no le gusta la política?

Porque no estoy hecho para la transacción. Me parece que la política electoral, como decían los griegos, es agonal (en el DLE de la Real Academia, agonal es ‘perteneciente o relativo a certámenes, luchas y juegos públicos’). Siempre hay un conflicto que dirimir a través de una transacción, de una concesión. Las zonas grises son muy amplias, y para mí en la política hay demasiados grises. La política no puede girar alrededor de 2 o 3 nombres; tiene que ser más amplia, más profunda, y debe estar centrada en la discusión de ideas, el debate propositivo, sensible. Esto de estar discutiendo siempre en política y viendo una política tan polarizada y radicalizada tiene hastiados a los colombianos.

¿A qué atribuye la polarización tan radical que hay en Colombia?

Yo no tengo origen militante ni partidista, y me cuesta mucho entender la llamada dinámica de la política, pero veo que muchas veces se mueve por intereses personales y de coyuntura; lo que sí rechazo es que la política sea perversa y esté sellada con la marca del resentimiento, del odio o de la descalificación.

¿Quién o quiénes la están marcando así?

Yo veo francamente una dosis muy alta de desinformación, y veo una actitud muy rabiosa que busca mantener el miedo en el centro de la movilización política. Hacer política basada en el miedo erosiona la institucionalidad porque muchos colombianos no creen en nada, y uno necesita mínimos de confianza y credibilidad en el sistema, en el Estado y en los partidos.

La política tiene que ser más amplia, más profunda, y debe estar centrada en la discusión de ideas, el debate propositivo, sensible

En su opinión, ¿qué origina la rabia que usted denuncia?

Me temo mucho que los celos, los protagonismos, las vanidades. Ahora que estamos preparando la visita del santo padre, he recordado mucho algo que mencioné cuando el papa Francisco asumió el pontificado y es que él cambió los zapatos para usar sus botines viejos como señal de que en él no caben vanidades. Yo creo que a la política colombiana la está matando hoy la vanidad.

Y ¿cómo invitar al fin de esos egoísmos que usted advierte?

Mire: la entrega de armas que acaban de hacer las Farc significa que la muerte dejó de ser parte de una solución a una guerra de 53 años. El gran tema de fondo ya no es hoy cómo ganar la guerra sino cómo construir la paz.

¿Cuántos meses lleva usted en la política?

En la vida institucional pública llevo 40 años, y en política, yo no hago política desde la Vicepresidencia, yo hago gestión pública.

Quiero decir, ya ha visto en estos tres meses de vicepresidente cómo funciona la política. ¿Qué le ha parecido?


Estoy aterrado.

¿Aterrado?

Sí. Aterrado porque la coherencia es reemplazada por la oportunidad, por la coyuntura, por las ganas de unos votos. La verdad es que lo que más reclama el ciudadano es que los líderes seamos coherentes, consistentes y leales a una causa. Lo que el ciudadano está reclamando es que no haya más discusiones sobre mecánica política electoral; la gente está hastiada de ese debate y me dan las gracias por estar allá, en las regiones, escuchándolos y ser sensible a lo que reclaman, a lo que piden, a lo que dicen. La gente hoy ya no tiene miedos, pero uno ve que hay la intención de unos sectores de alimentar el miedo para tener una base política que movilizar; francamente, yo creo que se equivocan, porque a medida que avanzamos, la muerte va desapareciendo, el secuestro va desapareciendo; los ataques a los pueblos desaparecieron, el miedo ya no puede ser factor de movilización política.

El expresidente Álvaro Uribe alcanzó la Presidencia cuando combatió francamente el despeje del Caguán siendo presidente Andrés Pastrana, y ahora están unidos en la política, ¿qué le parece?

¡Qué paradoja! Francamente no entiendo. Yo trabajé con los dos y los acompañé en sus esfuerzos por la paz. El esfuerzo del presidente Pastrana fue genuino en la negociación para conseguir la paz, pero al final las Farc defraudaron; acompañé al presidente Uribe porque en el manifiesto democrático que lo llevó a la Presidencia estaba consignada una premisa muy importante: uno va al combate a luchar contra el adversario tratando de crear condiciones para la salida política; la guerra no es un fin en sí misma, es un instrumento para alcanzar la paz, y así estaba consignado en el manifiesto democrático del presidente Uribe. Ahora francamente no entiendo. Alrededor de esa unión yo creo que habrá un juicio, y ese juicio lo harán los colombianos. Yo no soy quien para valorarlo.

El Centro Democrático ha dicho y reiterado que ni el expresidente Uribe ni el partido que orienta se han opuesto a la paz, sino a la forma como se hizo la paz, como se pactó y como, afirman, se cedió en estos acuerdos…

La diferencia de fondo es esta: el presidente Uribe y el Centro Democrático no reconocieron y no reconocen hoy la existencia del conflicto armado en el país. Si uno no reconoce el conflicto, pues no hay solución política negociada ni posible ni aceptable, porque la única salida posible es la derrota militar del adversario. Hay quienes creemos que el conflicto armado sí fue una realidad y que la paz solo era posible alcanzarla con una solución política negociada. Como el Centro Democrático no reconoce el conflicto, cualquier acuerdo de paz le será insuficiente, imperfecto e innecesario.

¿Habría podido lograrse la derrota militar de las Farc?

Pues, salvo que el país hubiera determinado exterminar hasta el último guerrillero sobre la faz del territorio colombiano. Y, a mí, eso me parece no solamente imposible sino una opción inmoral. Cuando se abatió a su comandante ‘Alfonso Cano’, yo pensé que había llegado la hora de buscar una salida política porque lo que quedaba de ahí hacia adelante hubiese sido la opción de eliminar hasta el último guerrillero en una operación de exterminio que en una sociedad democrática liberal realmente es impensable.

¿Usted cree que la paz firmada y en ejecución es frágil?

Creo que la dejación de las armas ya hizo de este proceso un hecho irreversible; no creo que nadie, por radical que sea, va a tomar decisiones que lleven a que la guerrilla regrese al monte a armarse para volver a la guerra. Hoy, este proceso es irreversible y habrá que consolidarlo con la transformación del campo, que es un tema central; los proyectos de desarrollo con enfoque territorial tienen que comenzar a ser una realidad.

¿Descarta que el próximo presidente, sea quien sea, regrese a la guerra?

Los colombianos no lo permitirían. Hoy hay cierta indiferencia con la dejación de armas, pero es evidente que la recuperación de la vida se impone sobre la muerte.

En la convención que hizo el Centro Democrático, uno de los dirigentes tomó un papel y lo hizo pedazos para señalar que esa sería la suerte de los acuerdos de paz...

Hacer trizas el acuerdo, que fue una de las expresiones, no es posible porque el acuerdo ha dejado de ser un papel, letra inane, para convertirse en una realidad, y esa realidad ha silenciado los fusiles y ha creado un marco de oportunidades para eliminar brechas de desigualdad e injusticia, porque no hay duda de que el campo vive una situación de inequidad.

¿Y la acusación de que se claudicó ante la guerrilla?

El acuerdo fortaleció la institucionalidad, el Estado colombiano no claudicó valores ni principios democráticos, ni mucho menos sacrificó instituciones para alcanzar la paz; aquí, el Ejército, la Policía, la Fuerza Pública salieron fortalecidos.

¿Cuáles son los riesgos que trae el posconflicto?

Varios. Pero nos preocupa que se repita la historia de la UP; sobre este tema estamos avanzando con un conjunto de medidas para dar garantías de seguridad.

¿Qué se va a hacer para que el país perdone?

Escuchar con más atención y con mayor apertura de corazón y de mente a las víctimas; las víctimas han dado un mensaje formidable desde que este proceso comenzó; nos dejaron un mandato para que no nos levantáramos de la mesa hasta que hubiese un acuerdo porque no estaban dispuestos a permitir que hubiese otras víctimas; quienes más demostraciones de reconciliación y de perdón hicieron fueron las víctimas del conflicto armado.

¿Qué viene ahora?

La obligación de imprimirle velocidad a la implementación; hay que salir de la discusión política y jurídica; hay que pasar del debate a los hechos, y ahora lo que nos corresponde es ponernos manos a la obra para que lleguemos a los territorios, particularmente con un Estado que haga presencia permanente e integral. La paz hay que construirla y eso no se logra de la noche a la mañana.

¿Usted cree que el debate presidencial debe ser sobre la paz?

Para allá ha ido girando, pero los colombianos nos quejamos en todos los ámbitos de lo que significa la tragedia de la corrupción pero tenemos que asegurarnos de cuál es la arquitectura institucional, el comportamiento y las responsabilidades, y la capacidad de fiscalización de una sociedad para que la corrupción realmente desaparezca. Este no es un tema simplemente de ‘métalos a la cárcel’. No, hay que cambiar las condiciones que hoy facilitan y apalancan la corrupción. Ese debate de esa transformación hay que darlo. Los colombianos necesitan propuestas de transformación y de seguridad de implementación de la paz.

¿Cuáles, según usted, deben ser los grandes temas de todos los candidatos?

Que la paz sea irreversible; avanzar en el cierre de brechas de inequidad; combatir los orígenes que son conocidos de la corrupción. Y trabajar intensamente por la seguridad y el bienestar de todos los colombianos.

YAMID AMAT
Especial para EL TIEMPO

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