Duque propone pacto para superar las diferencias

Duque propone pacto para superar las diferencias

El presidente electo escribió para EL TIEMPO; detalla su visión y describe sus retos en su Gobierno.

Iván Duque

Iván Duque electo presidente de Colombia

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César Melgarejo /El Tiempo

06 de agosto 2018 , 06:54 a.m.

Durante estos días de intenso trabajo previos a la llegada al Gobierno, he llegado a la conclusión de que este es el momento para que los colombianos hagamos una pausa y nos miremos como país. Este es el momento justo para examinarnos profundamente y vernos en el espejo del presente y del pasado.

El 7 de agosto del 2019, Colombia celebrará el segundo centenario de su vida republicana, y desde esta perspectiva veo que podemos identificar nuestros desafíos, poniendo en acción una agenda que nos fortalezca cada vez más como nación.

Colombia es un país capaz de hacernos soñar a diario. Aquí pasan cosas extraordinarias. Somos un país sólido, lleno de riquezas diversas y deslumbrantes. Pero al mismo tiempo somos un lugar donde muchos problemas envejecen mal y se convierten lentamente en terribles amenazas que debemos sortear día a día. Y, junto a esas circunstancias dolorosas que marcan nuestra historia, existe un sello cultural, un rasgo de nuestro ADN que nos identifica claramente: la resiliencia.

Nadie puede negar que Colombia es un pueblo que se crece ante la adversidad. Que nunca desfallece, que ante los desafíos siempre sale victorioso y tiene una capacidad asombrosa: convertir cada dificultad en una oportunidad. Esa capacidad de reinventarse, esa resiliencia es la que nos permite, por ejemplo, edificar un sólido aparato productivo, industrial y exportador desde regiones diversas que avanzan a pesar de obstáculos como las difíciles condiciones logísticas y los constantes embates de la violencia. A pesar de afrontar este tipo de obstáculos, este país logró abrirse camino para atraer la inversión y convertirse en una economía valorada y respetada globalmente.

Esa misma resiliencia y la vocación de transformación que mostramos permanentemente son la base de grandes logros que se dieron en las últimas dos décadas: aumentó el promedio de vida a casi ochenta años, creció nuestra clase media, derrotamos muchas enfermedades transmisibles, aumentó significativamente la cobertura en salud y educación.

Construimos una Fuerza Pública profesional, con mística y respetuosa de los derechos humanos que logró reducir como nunca antes los homicidios, secuestros y ataques terroristas, consolidando una red social de atención a la población más vulnerable. Todo esto hace parte de una muestra que nos indica con certeza de qué somos capaces como nación cuando logramos construir políticas de Estado pensando en el bien común. En el bien de cada uno de los colombianos.

Se cometieron desaciertos en la política y regulación energética afectando seriamente la calidad de vida y la productividad en varios departamentos

La Colombia del 2018

Y al lado de todo eso que nos hace sentir orgullosos aparece la otra cara de lo que se ve en ese espejo. En el último año y medio, más de 300 líderes sociales han sido asesinados. Los cultivos ilícitos superan las 200 mil hectáreas cuando hace apenas seis años se encontraban por debajo de las 50 mil. Se hicieron compromisos económicos con múltiples sectores sociales sin asegurar sus fuentes de financiamiento.

Se creó una compleja y dispersa institucionalidad para garantizar las inversiones en las zonas afectadas por la violencia y por eso centenares de desmovilizados expresan su desespero ante la falta de claridad sobre su tránsito hacia actividades productivas. Aumentan los ataques y amenazas de bandas criminales. Se cometieron desaciertos en la política y regulación energética afectando seriamente la calidad de vida y la productividad en varios departamentos.

Proyectos claves quedaron temporalmente paralizados por imprevisiones de planeación o simple inseguridad jurídica. Aparece la necesidad de hacer reformas de fondo al sistema de salud para garantizar su sostenibilidad financiera, y en consecuencia la atención de calidad y oportuna que merecen todos los ciudadanos. La carga tributaria sumada a la inestabilidad regulatoria, expresada en trámites engorrosos y varias ventanillas desconectadas, han afectado la competitividad de muchas industrias.

A esos hechos preocupantes se suma la angustia de las víctimas que no han recibido el apoyo efectivo del Estado a pesar de las promesas que se pregonaron durante años. Vemos regiones olvidadas que sufren por el enfrentamiento entre grupos terroristas por la disputa del control del jugoso negocio del narcotráfico. Y, además, monumentales casos de corrupción política y administrativa que impiden que los recursos lleguen a los más necesitados, destruyendo de paso la confianza en instituciones y entidades emblemáticas.

Es cierto: nuestro crecimiento económico se encuentra por encima de muchos países de América Latina, pero no es menos cierto que debemos –y podemos– elevar nuestro crecimiento potencial y lograr generación de más empleos formales y un aumento del ingreso real de nuestra población.

Debemos aprender de los errores de los últimos años, cuando se elevaron los gastos permanentes del Estado, confiados en una transitoria bonanza petrolera, afectando nuestra capacidad fiscal contracíclica para después aterrizar de emergencia en la absurda decisión de sustituir petróleo por más impuestos, golpeando a consumidores y generadores de empleo.

También debemos recapacitar sobre los años recientes. Nunca se debió permitir que como país se abriera la falsa división entre amigos y enemigos de la paz. Todos somos amigos de la paz y debemos edificarla bajo los principios reales de verdad, justicia, reparación y no repetición, asegurando que las víctimas sientan un resarcimiento moral, material y económico.

El futuro es de todos

Esta nueva perspectiva sobre la cual queremos avanzar nos deja ver con claridad que ninguna de estas adversidades nos puede arrebatar el optimismo y la ilusión. Todos estos son retos inmensos, pero podemos superarlos con la misma resiliencia que nos ha caracterizado como nación. Nuestro deber es lograr que todos empujemos como país en una misma dirección y que pongamos en marcha políticas de Estado que vayan más allá del ciclo político de los cuatro años con los que cuenta un presidente.

Creo firmemente en que tenemos que pensar en el futuro; construir sobre las cosas que nos unen y no quedarnos en el torbellino de lo que nos divide. Ese es el reto más grande: lograr que nuestro país se levante con ímpetu y asegure de manera categórica un crecimiento económico que traiga consigo equidad y justicia social, la derrota de la pobreza y la expansión de la clase media y el acceso a los bienes públicos necesarios para elevar nuestra calidad de vida.

Creo firmemente en que tenemos que pensar en el futuro; construir sobre las cosas que nos unen y no quedarnos en el torbellino de lo que nos divide

El punto de partida de este nuevo camino está en enfrentar los problemas con soluciones integrales, sin dejarnos llevar por sesgos políticos e ideológicos. Por eso ha llegado el momento de consolidar un plan de desarrollo que sea un pacto por Colombia, por el futuro, por la legalidad, el emprendimiento, la equidad, la sostenibilidad ambiental y la ciencia, la tecnología y la información.

La paz es posible con legalidad

Corregir el pasado implica una gran apuesta por la legalidad para que el matrimonio de seguridad y justicia se traduzca en el imperio de la ley que protege y garantiza el ejercicio pleno de las libertades.

Debemos trabajar por una Colombia en paz donde se proteja a la base guerrillera que se ha desmovilizado, desarmado y reinsertado en busca de alternativas productivas; debemos lograr que esos guerrilleros de base puedan olvidar la horrible noche de su tragedia violenta, mientras aseguramos calidad en la inversión pública en las zonas afectadas por el terror.

Corregir el pasado y construir el futuro significa que hacia adelante el narcotráfico deje de ser considerado un delito conexo al delito político, que podamos avanzar con una combinación plena de herramientas hacia una sustitución y erradicación efectiva de cultivos ilícitos. Nuestro deber como sociedad es enfrentar sin vacilaciones el terrible daño que causan a nuestros jóvenes los jíbaros, los ‘combos’, las ‘oficinas’, el contrabando, el lavado de activos y las economías ilegales al servicio del narcotráfico.

La cultura de la legalidad se manifiesta en la defensa de la vida, la integridad, la familia, los valores éticos, las sanciones ejemplarizantes al criminal. La legalidad está en una sociedad que se protege sin impunidad, con una justicia creíble, cercana, efectiva y eficiente como vehículo para consolidar la confianza institucional.

Una Fuerza Pública motivada, rigurosa, respetuosa de los derechos humanos, responde a ese gran anhelo, y juntos debemos hacerla brillar en el territorio. Darle el lugar que le corresponde.

Legalidad significa luchar sin cuartel contra la corrupción. Llegó el momento de endurecer las penas, aplicarles a los amigos de esta práctica inaceptable la extinción de dominio exprés, poner fin a los abusos de la contratación directa, desmontar los carteles de únicos proponentes, sancionar con severidad a las empresas que se prestan para actos de corrupción y avanzar como nunca antes en la transparencia de las actuaciones de los funcionarios públicos. Los corruptos no pueden tener espacio en la Colombia que vamos a construir.

Emprendimiento para la transformación social

Si Colombia quiere derrotar la pobreza extrema y ampliar aún más la clase media, debe crecer de manera sostenible por encima del 4 por ciento. Por eso tenemos que construir un sistema tributario más simple, transparente y efectivo que estimule la competitividad, el ahorro, la inversión, la formalización laboral, la generación de nuevos negocios, la reconversión industrial y el impulso a la micro, pequeña y mediana empresa como vehículos de innovación. Un sistema tributario que alcance es una herramienta poderosa para lograr esa transformación de un país que vamos a emprender.

El Estado, por su parte, debe eliminar exitosamente gastos innecesarios, dar por terminadas duplicidades absurdas entre entidades, poner fin a suntuosas nóminas paralelas, evaluar el impacto de cada peso y permitir el escrutinio ciudadano.

Un Estado que estimula el emprendimiento debe eliminar trámites engorrosos que aumentan los riesgos de corrupción y encarecen las actividades productivas. Colombia debe volcarse hacia un sistema de ventanilla única de comercio y emprendimiento, donde mediante métodos digitales se puedan adelantar los trámites administrativos para el actuar empresarial.

El emprendimiento también debe enfocarse en estimular la inversión en el campo, consolidar una clase media rural, fomentar el trabajo de pequeños productores con estructuras agroindustriales y focalizar el presupuesto de bienes públicos rurales hacia las vocaciones productivas de las regiones.

El país necesita ya reformas que permitan un mejor uso de las regalías. Las regiones productoras deben tener mayores ingresos, y aquellas que no lo son deben contar con mejores condiciones para utilizar los recursos sin tanto peregrinaje burocrático.

Buena parte del poder extraordinario de esa resiliencia que nos caracteriza está en la creatividad sinfín de los colombianos, que junto con el acceso al conocimiento nos entregará una poderosa cultura emprendedora que debemos poner en marcha.

Sectores como la Economía Naranja, los servicios tecnológicos, el big data, el cloud computing, la impresión 3D, el internet de las cosas, la inteligencia artificial, entre otros, deben desplegarse en nuestro país. Incentivos asociados con la generación de empleos de calidad son instrumentos que podemos hacer efectivos y, en consecuencia, aumentar la inversión en ciencia, tecnología e información.

La equidad: el gran objetivo

La legalidad y el emprendimiento deben tener como objetivo la equidad. La Colombia que soñamos debe orientar el gasto público h acia salud y educación y, en consecuencia, hacia la población más vulnerable. Esquemas como el programa de alimentación escolar, la jornada única, la doble titulación y el acceso a la educación superior serán exitosos en la medida en que aseguremos fuentes y recursos crecientes en el tiempo.

Abriremos el flujo de recursos hacia un sistema educativo preparado para los retos de la cuarta revolución industrial, donde trabajemos de la mano con los maestros

Abriremos el flujo de recursos hacia un sistema educativo preparado para los retos de la cuarta revolución industrial, donde trabajemos de la mano con los maestros.
La salud debe recibir primeros auxilios. Hay que saldar las deudas con el sistema mediante instrumentos financieros confiables y al mismo tiempo corregir los errores del pasado que afectan la sostenibilidad permanente del sistema. ¿Cómo? Aumentando de manera estructural el número de personas en el régimen contributivo, producto de la formalización laboral. Un sistema basado en el paciente, la calidad, la promoción, la prevención, la optimización del recurso y la derrota de la corrupción debe unirnos como país.

Equidad significa que el deporte y la cultura sean medios para cerrar brechas y que el talento sea una verdadera fuente de riqueza y oportunidades. Una sociedad integrada por estas dos herramientas construye convivencia.

Un país grande en un ambiente protegido

Construir país implica necesariamente proteger nuestro medio ambiente. Vamos a trabajar por reducir nuestra huella individual de carbono y por expandir las energías renovables como nunca antes, por proteger nuestra flora y nuestra fauna, por valorar nuestros páramos y nuestras fuentes de agua y por crear una visión de país donde podamos producir conservando, conservar produciendo.

Esa cultura de responsabilidad con el entorno, de reducir, reutilizar, reciclar en el alma de cada colombiano hace parte de una cívica del siglo XXI que debemos edificar. Colombia debe ser un país con más carros y transporte público eléctrico, con una cultura urbana de calidad del aire y con una conciencia ecológica colectiva.

La ciencia, la tecnología y la información

Los próximos cuatro años serán definitivos para nuestro destino. Construir el futuro significa que logremos aumentar la inversión en ciencia, tecnología e información. Significa tener más doctorados aplicando sus conocimientos, adelantar más publicaciones investigativas que produzcan resultados, conectar la universidad con el desarrollo empresarial innovador, posicionar a Colombia como un centro regional de conocimiento.

El pacto por Colombia

Es cierto que existen diferencias políticas, temas en los que la sociedad tiene grandes contradicciones, pero hoy debemos ser capaces de unirnos en propósitos comunes y superiores. No se trata de pensar igual ni de poner fin a los naturales antagonismos ideológicos propios de la política. Se trata de crear un acuerdo básico sobre el futuro de nuestro país por encima de las diferencias. Se trata de principios comunes y de cumplir, dejándoles a nuestros hijos un legado de orgullo.

Me llena de honor asumir el próximo 7 de Agosto como Presidente de los colombianos. Lo hago con humildad y compromiso, lo hago pensando en que logremos superar diferencias, corregir nuestros propios errores y pensar con grandeza en el futuro, como lo han hecho exitosamente otros países.

Empieza un gobierno con deseos de dejar huella. Un gabinete con 50 por ciento de mujeres, la primera mujer vicepresidenta, un gobierno de diálogo con la ciudadanía, de presencia constante en el territorio, de amor y representación regional, de rigor técnico y motivación por los resultados

Llega una nueva generación a la Presidencia, sin odios, sin revanchas, sin reconocer enemigos y comprometidos con el progreso de Colombia. Somos conscientes de los avances de Colombia y de las difíciles condiciones del país que hoy recibimos. Pero tenemos la certeza de que llegó el momento de actuar juntos para ratificar nuestra gran fortaleza como nación.

El futuro es de todos y juntos lo vamos a construir.

IVÁN DUQUE MÁRQUEZ

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