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'Colombia ha manejado bien el tema de Cuba': Álvaro Tirado

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Álvaro Tirado

Álvaro Tirado sostiene que más que fechas, la historia es susceptible de interpretación.

El historiador, en diálogo con María I. Rueda, analizó coyuntura previa a Cumbre de las Américas.

Registramos con asombro que hasta apenas la semana pasada usted fue recibido como miembro de la Academia Colombiana de Historia. ¿A qué se deben tantos años de retraso?

(Risas) Porque eso no depende de uno, sino de dos partes. Y una de ellas es la Academia. Yo también andaba en otros menesteres. Por lo que hasta ahora, las circunstancias no se habían dado. Además, hubo una época de desencuentros. Hace unos 30 o 40 años surgió una nueva visión de interpretar la historia en Colombia que se llamó "La nueva historia". Éramos un grupo de personas que no nos habíamos concertado para ello, pero que pertenecíamos a esa escuela, y nuestra interpretación de la historia pugnaba con la visión tradicional de algunos académicos.

Entonces, ¿podemos suponer que ese desencuentro histórico ya no existe?

Exacto. Lo que son las herejías de un momento se convierten en las banalidades posteriores. Todo el mundo acepta que la historia no es solamente una relación de fechas, sino que es susceptible de interpretación y que hay muchos tópicos que la historia tradicional no tocaba, y que hoy son de uso corriente en la historiografía. Por ejemplo, la historia de la vida sexual, o económica, o del deporte, o del cine. Hay una temática mucho más amplia que la ascéptica. Con el tiempo se fueron limando esas asperezas.

Con todo respeto: ¿esas asperezas también se relacionaban con que usted era considerado un historiador de izquierda, y por lo tanto medio mal visto por algún sector del estamento académico?

Sí. Es así. Le cuento una anécdota. Una de las personas más significativas para las nuevas corrientes de la historiografía fue el doctor Luis Ospina Vásquez. Escribió en los años 50 del pasado siglo uno de los más importantes libros. Industria y protección. Era hijo del general Pedro Nel Ospina, Presidente de la República, nieto de Mariano Ospina Rodríguez, fundador del Partido Conservador, primo hermano del expresidente conservador Mariano Ospina Pérez, y senador de la República por el Partido Conservador. Él contaba con risa que por haber escrito ese libro sobre historia económica, andaban diciendo: "Luis se volvió comunista". Otro ejemplo: Cuando Indalecio Liévano Aguirre, que también contribuyó mucho a mirar la historia desde otra perspectiva, escribió sobre los grandes conflictos económicos y sociales de nuestra historia, también se le tachó de izquierdista.

¿Por qué escogió como trabajo de su presentación ante la Academia la política exterior de Colombia en la década de los años sesenta?

Estoy haciendo una investigación amplia sobre esa década, que incluye sus movimientos universitarios, la vida cultural, la incidencia del Concilio Vaticano Segundo, el Celam de Medellín. Y las relaciones internacionales. Es que ese fue uno de los momentos de más alto perfil en la historia diplomática de Colombia, sobre todo en el período de Alberto Lleras Camargo, porque se inició la revolución cubana y fue el gobierno colombiano quien llevó la voz cantante en todo el proceso que confluyó con la salida de Cuba de la OEA.

¡Cómo se devuelve la historia! Ahora el reingreso de Cuba a la OEA ha saltado como tema en los preámbulos de la cumbre de las Américas, que se celebra el próximo mes en Cartagena...

Es un reflejo de la situación existente entre EE. UU. y el gobierno cubano, un rezago de la guerra fría. Esos problemas se superaron. ¡Si EE. UU. es uno de los grandes socios comerciales de China, y no le están pidiendo credenciales de otra índole, como políticos, a un país violador de los derechos humanos! Las relaciones se hacen entre los Estados. Pero lo de Cuba es una piedra en el zapato en el sistema interamericano, que periódicamente resurge, y para cada reunión. Porque una de las circunstancias es que en los años sesenta vivíamos en un mundo bipolar, y hoy es multipolar. No caben este tipo de situaciones, rezagos de otras épocas.

¿La fórmula liderada por Colombia en los años sesenta fue sacar al gobierno cubano de la OEA pero dejar al Estado?

Exacto. Esa fue la fórmula del gobierno colombiano, cuyo canciller era Turbay Ayala. ¿Por qué? Se diferenciaba entre Estado y Gobierno, y se decía que los Estados no tenían por qué pagar las consecuencias de los malos gobiernos. Además, y hay que mirar también el momento, la Cuba de entonces no es la actual. La de hoy está manejando sus problemas de transición, pero hace 50 años era un país que tenía una revolución recién instalada que planeaba exportar a toda América Latina. El Che Guevara decía que había que convertir la cordillera de los Andes en una Sierra Maestra. Y realmente ante eso hubo reacción, no solo de Colombia sino especialmente de Venezuela y otros países contra Cuba por su acción intervencionista.

Pero fíjese que el único que se quedó con el problemita del intervencionismo cubano fue Colombia. Los demás países del continente fueron saliendo de sus guerrillas...

Para decirlo en términos coloquiales, había razones para la actitud que se tomó. Tal vez lo que sí se puede valorar con el tiempo es que Colombia hizo un trabajo que le representó un alto costo. Parte de las guerrillas colombianas de un período, si subsistieron, en parte fue porque Cuba las apoyó, como contraprestación no solamente de la actitud que había tenido el Gobierno colombiano de Alberto Lleras en ese momento, sino también posteriormente, en el gobierno de Turbay Ayala. Cuba había sido postulado por el grupo latinoamericano para estar en el Consejo de Seguridad, y Colombia se atravesó: hubo más de 70 votaciones. Al final quedó un tercero y, esto no es un secreto, Cuba respondió enviando armas al M-19 en el famoso Karina, y con otros acontecimientos.

Eso que me está diciendo es bastante chivoso. La política exterior de Colombia en esa década de los 60 nos salió costosísima. Entonces, ¿al fin qué: fue buena o mala?

En su momento, evidentemente el gobierno cubano fue agresivo con otros países, y Colombia sufrió la agresión. Pero tal vez lo que se podría discutir es que ese trabajo, que sobre todo era una pugna entre los EE. UU. y Cuba, lo había podido hacer más discretamente Colombia, como lo hicieron otros países, y el liderazgo en esos acontecimientos es lo que dejó esos resultados tan costosos en relación con el país.

Creo que el trabajo de filigrana diplomática de la canciller Holguín frente a la petición de Ecuador de que se incluya a Cuba en la Cumbre de las Américas ha sido impecable. No es sino ver lo que Castro le hizo al presidente mexicano Vicente Fox, en una situación idéntica...

Creo que ha sido un trabajo de evidente filigrana diplomática, como debe ser. Pero, además, se ha dado una circunstancia afortunada: la Canciller tenía un viaje a Cuba programado, y por eso pudo tratar oportunamente el tema con el gobierno cubano. Pero después de ese primer momento de efervescencia, se han bajado los ánimos. El gobierno cubano ha actuado de una forma prudente, y los países del Alba han echado un poco para atrás, insistiendo en que de todas maneras vendrán a la conferencia a plantear el problema de la presencia de Cuba.

Por lo demás, esto no es nuevo. Hay que recordar que en la pasada reunión de jefes de Estado, que fue en Trinidad Tobago, este mismo problema se expresó dentro de la reunión. Los países del Alba también pidieron que estuviera Cuba. Y se presenta periódicamente. Pero creo que el Gobierno colombiano con esto ha demostrado mucho tacto, con una situación muy difícil. Es casi salirse de una caja fuerte, porque va a tener que tomar una posición. Pero el costo se ha minimizado.

Por último, ¿cree que Colombia tenga que tomar una posición protagónica como país anfitrión en la Cumbre de las Américas, de respaldo a Argentina en su pretensión de recuperar las Malvinas de Inglaterra?

No lo vería así, por dos razones. Primero, Colombia siempre ha sostenido el derecho de Argentina sobre las islas Malvinas.

¡Pero en una época, por una posición diplomática que tomó Colombia, nos llamaron el Caín de América!

Era por una razón distinta. Aún en ese momento Colombia mantuvo que las islas Malvinas eran argentinas. Pero el gobierno argentino de la época pidió la aplicación del TIAR, que es un tratado de asistencia recíproca, frente a una agresión. Lo que alegaba Colombia era que el agresor, que era la junta militar argentina que había iniciado las operaciones militares, no podía invocar el tratado. No que las Malvinas no pertenecieran a Argentina. Por otra parte, esta semana que pasó, la Presidenta argentina le bajó la tensión al problema y habló de la posibilidad de reanudar unos vuelos. Este es un asunto diplomático en el que Argentina, por los derechos que tiene sobre las Malvinas, se tropieza con el rezago colonial de la época del imperialismo inglés. Hay que llevarlo a los foros internacionales, pero no veo por qué con respecto a este tema Colombia vaya a tener mayores problemas en la cumbre de las Américas.

Una última pregunta: ¿además de usted, quién está escribiendo la historia contemporánea de Colombia?

Hay unos grupos de personas jóvenes muy buenas. Es que la historiografía, hasta mediados del siglo pasado, era hecha por historiadores muy buenos que consultaban los archivos, pero sin una formación profesional muy elaborada. En los últimos años muchos colombianos han ido al exterior a hacer doctorados en Francia, Inglaterra, en las universidades norteamericanas, por lo que se está construyendo una generación de historiadores muy rigurosos y eso se pudo ver con algunos de los trabajos que surgieron con motivo del bicentenario de la independencia.

O sea que sí se está escribiendo, y escribiendo bien...

¡Claro! Y hay unas nuevas tendencias y carreras de historia en el país muy buenas, como en la Universidad Nacional de Medellín, en la Javeriana, en la Nacional de Bogotá, en los Andes...

Pues leeremos algún día toda esa historia, porque es la única manera de saber por qué nos pasa lo que nos pasa a estas alturas a los colombianos.

María Isabel Rueda
Especial para EL TIEMPO

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