La enfermedad de los municipios de Colombia / Opinión
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Universidad El Externado

La enfermedad de los municipios de Colombia / Opinión

Entre 2015 y 2016, el 78,4 por ciento de los municipios desmejoró su desempeño fiscal.

Cota

Sin autonomía fiscal, el ejercicio de las demás autonomías y competencias municipales retorna al centralismo.

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Claudia Rubio / EL TIEMPO

04 de mayo 2018 , 06:50 p.m.

Los municipios son la columna vertebral del modelo territorial de Estado colombiano y a ellos les corresponde, según el artículo 311 de la Constitución Política, la provisión de los bienes públicos y la regulación y el ordenamiento locales necesarios para avanzar en el desarrollo socioeconómico, ambiental y político del país.

Esto significa, como se predica en los discursos gubernamentales, que el municipio es el encargado de acercar el Estado al ciudadano. Pero los pésimos resultados en la gestión municipal lo que han hecho es alejarlo. Si tales resultados fuesen coyunturales se podrían introducir correctivos para que de un año a otro se mejorase el desempeño; no obstante, el problema es estructural.

Entre 2015 y 2016, el 78,4 por ciento de los municipios desmejoró su desempeño fiscal. De acuerdo con los criterios de clasificación de la ley 617 del 2000 y según la Contaduría General de la Nación, el 94,4 por ciento de los municipios colombianos son de cuarta, quinta o sexta categoría, lo que indica que sus tamaños poblacionales son bajos, así como precarios sus ingresos corrientes o de libre destinación.

Por su parte, el 93,8 por ciento de los municipios son heterónomos estructurales según el indicador calculado en la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia, resultado que contradice los discursos sobre los logros en materia de autonomía municipal que proliferan en el país desde hace treinta años.

desempeño fiscal de los municipios

El desempeño fiscal de los municipios se deteriora.

Foto:

Elaborada con base en estadísticas del Departamento Nacional de Planeación

Con autonomía restringida a no más de 70 municipios, la mayoría de ellos localizados en siete zonas metropolitanas en donde se concentra el crecimiento poblacional y económico del país, todos deben ejecutar sus planes de desarrollo y de ordenamiento territorial y, adicionalmente, los que les obliga el nivel central de gobierno, como los planes de gestión de riesgo de desastre, entre otros. Sin autonomía fiscal, el ejercicio de las demás autonomías y competencias municipales retorna al nivel central de gobierno que impone las reglas para la ejecución de las transferencias corrientes y de capital que realiza; es decir, es el retorno al centralismo.

Las consecuencias negativas de este modelo para los colombianos son variadas. Recuérdese, por ejemplo, que en el auto 383 del 2010 la Corte Constitucional advirtió sobre las dudas y confusiones que, en materia presupuestal, subsistían para que los municipios pudieran contribuir a la garantía del Estado a la realización, goce y disfrute de los derechos fundamentales de la población desplazada.

La situación no ha variado y el estado no constitucional en esta materia sigue vigente. Por otra parte, la precariedad de los fiscos municipales propicia el clientelismo y se manifiesta en vergonzosas prácticas como las confesadas por Bernardo Elías acerca de su gestión ante el nivel central de gobierno, que consiste en que, si un ministro no recibe a los alcaldes que él selecciona para elevar una petición de dinero al gobierno nacional, obstruye sus iniciativas legislativas. Esta práctica a la que Bernardo Elías califica como “equilibrio entre poderes” tiene todos los rasgos de una extorsión. Sobreviene entonces la corrupción, y el centralismo clientelista se reafirma en medio de las dolencias fiscales de la columna vertebral del modelo territorial de Estado.

Las razones para la llamada “pereza fiscal” de los municipios debe buscarse en las bases del modelo territorial de Estado, y no meramente en el desgano de los alcaldes y sus secretarios de hacienda y tesoreros en la gestión fiscal. Para el nivel central de gobierno es eficaz contar con municipios heterónomos pues ello garantiza la reproducción política, y para los municipios heterónomos es bueno vivir así, tal como para un hijo lo es vivir de la mesada de los papás hasta la adolescencia y, de ser posible, hasta la madurez. El precio que pagan los colombianos por la persistencia en ese modelo es el subdesarrollo socioeconómico, ambiental y político del país.

ÓSCAR A. ALFONSO R.
Docente Investigador de la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia, grupo de investigación Construcción de Estado, Territorio y Paz.

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