Epidemia de corrupción

Epidemia de corrupción

Sin cura, contagia grandes extensiones del país. Un país resignadamente feliz.

18 de octubre 2016 , 07:11 p.m.

Señor Director:

Amenazas de muerte moral y / o física, corrupción a todos los niveles y asaltos a los departamentos, etc., son el pan diario con el que, junto con la violencia, hemos crecido muchas generaciones. Hoy es, entre otras, La Guajira. Claro, hay que prevenir otro asesinato tan cínicamente anunciado por los violentos, que acechan en las sombras, y también la integridad mental del amenazado, a quien sugieren está loco (tal vez por ir abierta y arriesgadamente contra la corrupción política). Pero lo más doloroso de todo -y otros departamentos, según estadísticas publicadas de vez en vez, lo tienen- es que, como resultado de la voraz corrupción política y las rémoras que de ella se alimentan, los bebés y niños siguen muriendo de hambre, sed y abandono.

Todo ello, a causa de una epidemia que se llama corrupción, hasta ahora sin cura que contagia grandes extensiones del país. Un país resignadamente feliz.

Ilse Bartels L.

* * * *

Señor Director:

Lo que está sucediendo en La Guajira no es nuevo. Ha pasado y seguirá pasando si no se les pone un tatequieto fulminante a los otrora gobernantes-politiqueros que ni siquiera van a su oficina a trabajar, y solo lo hacen al cierre de cuentas para llevarse su coima. Lo peor está por venir, y es hora de que se brinde apoyo total e irrestricto al doctor Jorge Enrique Vélez para que actúe con mano dura, a ver si por fin vemos una Guajira sin encapuchados protestando y a los ladrones en la cárcel. Hagámoslo, ahora o nunca. En estos momentos estamos sin agua, sin vías, con nuevos peajes, pero sí hay casetas y parrandas a costa de dineros públicos. La gente de bien está indignada.

María Consuelo Vega Ariza

Los milagros de la paz

Señor Director:
La paz hace milagros. No lo creía, y creo que sí: el ejemplo más vivo y real fue en la manifestación en pro de la paz. Lo primero que pensé fue que las jardineras iban a ser destruidas, con plantas y todo. Cuál fue el milagro: que no les pasó la multitud de las cien mil personas que recorrieron la carrera 7.ª. Al día siguiente, estaban completicas y, sobre todo, florecidas. Gracias, jóvenes y adultos.

Enrique Osorio

Un impulso al proceso

Señor Director:
Colombia no está en punto muerto, a pesar del No. Tras los resultados del plebiscito, el 2 de octubre, todos los protagonistas se apresuraron a dejar claro que el No de las urnas no significaba, en ningún caso, la vuelta a una situación de guerra. Pasados los primeros momentos, los movimientos políticos empiezan a revelar que lo sucedido puede abrir un camino útil para el futuro. Está claro que Colombia tiene el derecho y el deber de dar solución a 52 años de guerra durante los cuales las Farc y los paramilitares, pero también en algunos momentos el Estado, han sumido al país en violencia y terror. La concesión del premio Nobel de la Paz es un apoyo al Presidente, pero también al proceso.

Valentín Abelenda Carrillo
Girona (España)

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