El anuncio de que Bill Richardson, gobernador de Nuevo México, ocuparía el Ministerio de Comercio en el gabinete de Barack Obama despertó el entusiasmo de los sectores hispánicos de Estados Unidos y, en general, de los países latinoamericanos. Richardson es el más internacional de los latinos gringos y abogado de las causas relacionadas con nuestras naciones y con la creciente población estadounidense de origen latinoamericano.
En estas mismas columnas expresamos nuestro regocijo el 26 de noviembre con un editorial titulado 'Bill Richardson: la carta latina'. La presencia del importante líder -nacido en California y de apellido anglosajón, pero tan mexicano como el mole o la tortilla- iba a resarcir a los latinos de la frustración que aportó Alberto Gonzales -anglosajón de apellido hispánico- cuando tuvo que renunciar al Ministerio de Justicia de Bush por politizar la magistratura.
Lamentablemente, el propio Richardson acaba de declinar el cargo. Una investigación sobre la posible concesión de dos contratos públicos a una firma que donó 110.000 dólares a su campaña política lo convenció a él de que convenía "dar un paso al costado", y a Barack Obama de que resultaba embarazoso empezar su gobierno con semejante fardo a cuestas. De modo que Obama aceptó la decisión con "gran pesar" y pronto anunciará el reemplazo.
Es una lástima que los intereses latinos y la imagen de la comunidad sufran este nuevo revés en E.U. Por sus vínculos internacionales, su formación y su talento, Richardson habría sido un ministro de Comercio capaz de reunir notable capacidad de negociación con genuino sentido de lo justo. Él y sus asesores tienen fe en que en unos meses saldrá bien parado de la investigación. Semejante plazo habría significado una rémora en su gestión. De todos modos, es interesante el contraste con otros países, donde una investigación atornilla el funcionario al puesto, en vez de obligarlo a apartarse de él.
Queda la duda sobre la representación compensatoria que tendrán los latinos en el gobierno de Obama, al que de manera masiva contribuyeron a elegir. Por ahora, queda reducido a dos congresistas de escasa dimensión internacional en el gabinete: la secretaria de Trabajo, Hilda Solís; y el del Interior, Ken Salazar. Menos connotados que Richardson. Menos de lo que los latinos aspiran a tener. Menos de lo que merecen.
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