Enterrados los despojos del 2008, el panorama para el estrenado 2009 pinta incierto. Tanto en materia política como en las perspectivas económicas, los próximos doce meses se presentan llenos de dudas, muy lejanos del optimismo desbordante de hace poco. El turbulento trimestre final del año viejo -con pirámides de por medio, malestar social y los primeros coletazos de la crisis de la economía- dejó un mal ambiente en el clima de opinión.
Si el 2008 fue el año de la política de seguridad, el frente económico y la política serán los protagonistas del 2009. La desaceleración económica golpeará en toda su magnitud y las proyecciones de crecimiento para este año gravitan alrededor del 2 por ciento. Esta semana, el Dane anunció las cifras de desempleo del mes de noviembre: la tasa llegó al 10,8 por ciento, un aumento de 1,4 puntos porcentuales en relación con el mismo período del 2007. La situación pinta tan complicada, que hasta el número de subempleados está bajando en un país con altos índices de informalidad. En otras palabras, la economía colombiana está destruyendo puestos de trabajo y es factible que tal situación continúe en los primeros meses del año.
Para muchos, la faz de la crisis económica está en los cientos de miles de damnificados del desplome de los esquemas ilegales de captación de dineros. Sin embargo, una cara más real y dramática del fin de la bonanza surgirá este año si la desaceleración dispara las tasas de desempleo. Millones de hogares no cuentan con un colchón para amortiguar el brutal choque de la pérdida del empleo. Los recientes avances en la lucha contra la pobreza enfrentarán un duro reto y los programas sociales del Gobierno tendrán que mostrar su solidez en tiempos de vacas flacas.
En materia de exportaciones, se espera mitigar los efectos que la crisis seguirá produciendo en el desempeño de importantes socios comerciales como Estados Unidos, Venezuela y Ecuador. En el frente interno hay grandes expectativas en el ambicioso plan de inversiones en infraestructura. No obstante, como ya lo hemos señalado, la gestión de las entidades a cargo de estas obras no genera aún la confianza necesaria para poner sobre sus hombros la enorme responsabilidad de impulsar el lento motor de la economía.
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En el 2009 también se definirá el mapa político que encarará las próximas elecciones presidenciales. Tras la paralizante ambigüedad del 2008, quedó claro el interés de la Casa de Nariño en promover el referendo para la segunda reelección. El controvertido proyecto será discutido en el Senado y, de ser aprobado, será estudiado en la Corte Constitucional. Nada está dicho. El trecho será aún más intenso. Implicaría, además, no solo el fin de las aspiraciones presidenciales de varios líderes del uribismo y un eventual rompimiento de la coalición mayoritaria de gobierno.
Algunos altos funcionarios renunciarán en pocos meses para no inhabilitarse para la campaña política del 2010. Esto le permitirá al Presidente plantear una crisis de gabinete. Hay varias carteras claves a las que un cambio de dirección les sentaría muy bien. La oposición deberá, asimismo, tomar decisiones serias. El congreso del Polo Democrático y la consulta interna del Partido Liberal ayudarán a perfilar a los eventuales candidatos opositores que enfrentarán al uribismo -o al mismo Uribe si hay reelección-. Se sabrá si propuestas como una consulta abierta a todos los precandidatos distintos del uribismo tomarán fuerza o si, en caso de que el presidente Uribe no sea candidato, la coalición de gobierno se partirá en pedazos o llegará unida a la primera vuelta presidencial.
Hay de todo como en botica. Habría que pedirles a los congresistas que eviten que el trámite del referendo reeleccionista vuelva a paralizar la agenda legislativa. Con unas perspectivas económicas tan sombrías, el Congreso no puede darse el lujo de poner la reelección como la máxima prioridad.
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En cuanto a seguridad, el nuevo año debería destinarse a recuperar a las Fuerzas Militares del inmenso daño generado por los 'falsos positivos'. La cúpula militar tiene la tarea de ratificar el compromiso con una política de derechos humanos, que no solo castigue ejemplarmente a los responsables de tan horrendos crímenes, sino que garantice que estos hechos no se repetirán. Si bien el reto de superar los golpes a la guerrilla que marcaron el 2008 es difícil, de la continuidad de estas exitosas operaciones dependerá un quiebre permanente en la dinámica del conflicto que favorezca a las fuerzas del Estado.
Este es apenas un bosquejo del panorama nacional, con un ambiente político enrarecido y el huracán de una crisis económica global, que no es claro con qué fuerza toque tierra por aquí en materia empresarial, social y fiscal. Por ahora, son negros los nubarrones en el horizonte. Lo que se requiere de los máximos protagonistas políticos y económicos es visión de futuro, compromiso con el bienestar colectivo y hasta sacrificio de sus ambiciones.
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