Muchas personas que nunca han leído poesía serían capaces de reconocer, sin embargo, algunas rimas de Mario Benedetti, el poeta uruguayo que acaba de morir en Montevideo a los 88 años. Benedetti consiguió permear con sus escritos zonas generalmente indiferentes a la poesía mediante un arduo trabajo de sencillez en los versos y de empleo de palabras del común. "Ha ignorado deliberadamente la supuesta existencia de palabras 'poéticas' y de otras que no lo son", explica el premio Nobel José Saramago. Intérpretes tan célebres como Joan Manuel Serrat y Daniel Viglietti musicalizaron sus poemas. "Sus versos eran contagiosos", según Serrat.
Muchos consideran por eso que, después de Pablo Neruda, es quizás el poeta latinoamericano más conocido de las últimas décadas. Ello es resultado de una búsqueda consciente, pues el uruguayo rechazaba los olimpos y hablaba de la importancia de perseguir al lector y comunicarse con él. No era raro, por ejemplo, que -pese a su enfermiza timidez- hiciera giras con músicos para leer en escena sus poemas. Así lo vimos en Colombia en 1985, traído por Fanny Mikey. Tampoco era raro que citara en sus poemas a cantautores famosos o que utilizara versos de ellos como acápites de los suyos, según sucedió con una canción de Pablo Milanés.
La popularidad de los versos de Benedetti le trajo descalificaciones y críticas en círculos literarios muy rígidos. Hubo quienes lo rebajaron a la condición de "letrista", como si algunos poemas de Machado, Neruda, Hernández, Alberti y De Greiff no hubieran servido para crear hermosas canciones. Censuraban esos mismos círculos la facilidad con que se asomaba al público, como si García Lorca no hubiera sentido la necesidad de expresarse también a través de recitales de piano y obras de teatro. Pero no sobra advertir que en algunos de aquellos cenáculos no cuenta García Lorca con demasiadas simpatías.
Aparte discusiones estéticas y reparos de colegas excesivamente circunspectos, nadie podrá negar a Benedetti su ejemplar compromiso con la libertad y la justicia social. Fue víctima de la dictadura militar que se apoderó de su país en los años 70 y debió desterrarse durante dos lustros. Caídos los militares, emprendió el "desexilio" y escribió ampliamente sobre la sensación de quienes regresan a una patria asustada y vejada. Las heridas de Uruguay nunca llegaron a sanar en Benedetti, caballero de triste figura a pesar de que, como reclama uno de sus poemas, defendió siempre la alegría.
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