Tras 39 años a cargo del Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud (Idipron), el padre Javier de Nicoló es considerado una institución en la política social de Bogotá. De ahí la polémica por la noticia de su retiro forzoso para responder a un derecho de petición de un funcionario distrital. Según el demandante, el religioso, de 80 años, superó en 15 la edad de retiro para servidores públicos.
Sin embargo, esto no fue impedimento para que, en esos tres lustros, los ex alcaldes Castro, Mockus, Bromberg, Peñalosa y Garzón ratificaran la gestión de De Nicoló con los jóvenes de la calle. Es lamentable que este recurso legal ponga punto final a un trabajo social de cuatro décadas, que dio segundas oportunidades a menores vulnerables y azotados por las drogas.
Al Concejo de la ciudad le ha sorprendido la celeridad con que la Alcaldía respondió a esta situación. En una carta, 34 de los 45 concejales expresaron desconcierto por la salida del padre y preocupación por el futuro de la entidad. Es evidente que detrás del derecho de petición se escondía la molestia frente a los convenios que el Idipron pacta con las alcaldías locales para la pavimentación de vías. Sin embargo, la Personería había desestimado estas quejas.
Es incierto el futuro de estos convenios, en los que pandilleros arreglan las calles para beneficio social y como parte de su rehabilitación. El mejor balance de la gestión del padre Javier de Nicoló son las numerosas vidas que su trabajo recuperó de la droga y las pavorosas calles capitalinas.
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