Cerrar

Patrocinado por:

Cumbre de promeseros

Las cumbres de los países más ricos del mundo, que nacieron como un club de cinco y ahora son ocho (el famoso G-8), buscaban aunar esfuerzos en beneficio de la humanidad. Pero es difícil pensar que el mundo es mejor después de la cumbre 34 que acaba de terminar en Japón. Entre charlas, banquetes y ruedas de prensa, los líderes planetarios dejaron pasar la ocasión para atenuar la zozobra que siembran la comida cara, las guerras, el cambio climático, la caída de las bolsas, los precios estratosféricos del combustible y la ola antiinmigración.

Mucho ruido produjeron en Tokio los gobernantes de Japón, E.U., Rusia, Inglaterra, Alemania, Francia, Italia y Canadá, pues su agenda contemplaba temas vitales. Mucho ruido, pero pocas nueces: promesas vagas, desembolsos episódicos de ayuda para paliar el hambre en África y una siembra simbólica de pinos destinada al álbum de las imágenes bonitas. Hubo hasta proclamas contra el proteccionismo, cuando E.U. subvenciona a sus agricultores y Europa defiende a ultranza su mercado. No solo salió poco de esta cumbre, sino que, a pocas horas de la última sesión, Irán sorprendió con la exitosa prueba de un misil nuclear capaz de atacar a Israel y una advertencia militar: "Nuestras manos siempre estarán puestas en el gatillo".

Parte del problema radica en que la retórica de las cumbres va por un lado y ciertos intereses nacionales por otro. El G-8 intentará reducir las emisiones de dióxido de carbono (producen 85 por ciento de los gases que provocan el cambio climático), pero no firmaron compromisos. En cumbres anteriores también manifestaron voluntad parecida y entre 1990 y el 2007 la emisión de gases aumentó una cuarta parte. Mientras tanto, languidecen los convenios internacionales contra la contaminación; E.U. sigue ajeno al Protocolo de Kyoto y la Unión Europea apenas cumple un tercio de las metas acordadas.

Otro aspecto que conspira contra el éxito de las cumbres es que el G-8 se enfrenta ahora a un grupo de países emergentes sin los cuales resulta difícil hacer grandes planes. China, Brasil, India, México y Sudáfrica han formado su G-5 con aspiraciones y proyectos propios. China rechaza los límites de contaminación con el argumento de que los países más ricos obtuvieron su desarrollo gracias a que no aceptaban reglas de juego, y ahora sí aspiran a imponerlas a los demás. Pero lo principal es la indiferencia del G-8 ante dramas como la hambruna y la miseria que devastan al África. Los países miembros (con excepción del Japón) no duplicarán sus ayudas de socorro, como pide la ONU. Quizás la avalancha de inmigrantes africanos a Europa y latinos a E.U. los obligue a cumplir sus compromisos.

editorial@eltiempo.com.co

Anuncios Google

Publicidad

Más noticias en Editoriales

Columnistas

Zona Comercial

¿Encontró un error?

Para eltiempo.com las observaciones sobre su contenido son importantes, permítanos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de la Casa Editorial El Tiempo (CEET). Por favor, incluya su nombre y correo electrónico para informarle del seguimiento que le hemos dado a su observación.

Los campos marcados con * son obligatorios.

*
*
*

COPYRIGHT © 2009 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.

GDA Miembro de GDA. Grupo de Diarios América

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.