"Que Cuba se abra al mundo... y que el mundo se abra a Cuba", fueron las palabras que marcaron el histórico viaje del papa Juan Pablo II a Cuba el 22 de enero de 1998. Ese día, un Fidel Castro saludable y vestido impecablemente de civil recibió al pontífice con los honores de un jefe de Estado, pero no dio muestras de ceder en los principios de la revolución. Tuvieron que pasar 10 años y producirse el relevo en la presidencia cubana -por la enfermedad que forzó el retiro del "máximo líder"- para que Cuba empezara a 'abrirse' con una serie de reformas adoptadas por su hermano Raúl. Y el mundo, en reciprocidad, también ha empezado a abrirse.
Así lo indica la decisión de la Unión Europea (UE) de levantar las sanciones impuestas a Cuba en el 2003, cuando el gobierno de La Habana detuvo y condenó a largas penas de prisión a decenas de intelectuales y periodistas disidentes. La determinación europea, que ignoró presiones de Estados Unidos para que no lo hiciera (según la comisaria de Relaciones Exteriores de la Unión, Benita Ferrero-Waldner), parece producto directo de los cambios que ha puesto en marcha Raúl Castro desde que tomó las riendas del gobierno en febrero.
En su discurso de posesión, Raúl reconoció la necesidad de reformas que beneficiaran al cubano común, sobre todo en materia económica. Sin abandonar el socialismo ni el compromiso con "la continuidad de la revolución", anunció el levantamiento de algunas prohibiciones, como las que limitaban los viajes al exterior. Luego, empezó a concretar otras medidas: permitir a los cubanos la adquisición de una línea de teléfono celular o de Internet, la compra de electrodomésticos y la opción de hacer turismo en los hoteles antes exclusivos para turistas extranjeros.
También son significativas otras reformas recientemente anunciadas, que buscan descentralizar los planes de producción, promover la autogestión y dar estímulos a los pequeños agricultores, así como las que afectan a los trabajadores en general, que incluyen la eliminación del 'techo' establecido por la revolución en materia de remuneraciones y el fin del "excesivo igualitarismo salarial", que impedía pagarles más a los que produjeran más y mejor.
Mientras aún falta ver los efectos económicos y sociales de estas medidas, en el campo político no se han producido cambios comparables: sigue la censura de prensa y la mordaza a la crítica. Razón por la cual Estados Unidos mantiene el bloqueo comercial a la isla y no vio con buenos ojos la decisión de la UE de levantar las sanciones que impuso tras la dura represión que hace cinco años desató el gobierno de Fidel contra la disidencia cubana (75 opositores fueron condenados a penas hasta de 28 años de cárcel).
La decisión europea, motivada también por la ineficacia de las sanciones comerciales para forzar la apertura democrática, suscitó críticas en Washington y en las filas del exilio cubano, indignado porque aún están presos 55 de los 75 disidentes detenidos. Tom Casey, portavoz del Departamento de Estado, dijo que la acción de la UE "legitima a un régimen dictatorial". La situación podría cambiar tras la próxima elección presidencial en Estados Unidos. El candidato demócrata, Barack Obama, ha criticado el bloqueo a Cuba y, aunque no ofrece levantarlo, ha dicho que adoptaría una diplomacia directa para normalizar las relaciones con la isla. Tal vez Raúl Castro esté guardando en la manga un giro político, según lo que pase en noviembre, y ello haga posible que Estados Unidos también "se abra a Cuba". Dependerá, por supuesto, de que La Habana decida abrir sus cárceles.
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