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Es la estrategia...

Vender el sofá, hacer la del avestruz, tapar el sol con el dedo, culpar al espejo de la realidad que refleja... Bastante de todo esto tiene la decisión del Gobierno de prescindir de los estudios que hace el Sistema de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci) de la ONU sobre la extensión de los sembrados de coca y amapola en Colombia, por la sencilla e inconfesable razón de que las cifras contradicen el discurso oficial de éxito en la lucha contra el narcotráfico.

La decisión es desafortunada -y preocupante- por donde se la mire. El Simci viene proveyendo desde 1999 las cifras que el gobierno colombiano y las Naciones Unidas consideran oficiales sobre la evolución de los cultivos de coca. La medición del 2007 arrojó un aumento de más de 20.000 hectáreas frente al 2006, pese a que se fumigaron y erradicaron manualmente cerca de 200.000 hectáreas. Pero la consecuencia no fue -como lo indicaría la lógica más elemental- preguntarse si la actual estrategia contra el narcotráfico (fumigación incluida) está fallando, sino cerrar los ojos a la evidencia, descartar el único censo satelital exhaustivo del territorio nacional y anunciar que se va a buscar a otra entidad que lo haga "cada mes o dos meses".

La única otra entidad que viene realizando una tarea similar, un programa de E.U. que no hace un censo sino un muestreo, ha arrojado en los últimos años cifras bastante más altas que las del Simci. Cualquier recién llegado a esta compleja tarea será menos confiable y producirá cifras que dejarán contentos a quienes lo contraten, pero solo servirán para tapar con un dedo la dramática realidad.

Porque el problema no es el Simci. Es la estrategia. Todos los datos, docenas de expertos, conferencias, mediciones y estudios dicen, una y otra vez, lo mismo: la actual estrategia de guerra contra las drogas es un fracaso escandaloso. Los miles de millones de dólares del Plan Colombia fueron útiles en la lucha contra la guerrilla, pero no en el frente antinarcóticos, pues a Estados Unidos sigue llegando la misma cantidad de cocaína colombiana de alta pureza. El reciente aumento de los cultivos en Colombia debería servir, no para despedir al Simci, sino para que los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, por fin, se dijeran -como un asesor del presidente Bill Clinton lo afirmara de la economía-: es la estrategia, estúpido. En lugar de culpar al termómetro hay que preguntarse por qué tantos años de la misma medicina no han servido para bajar la fiebre.

editorial@eltiempo.com.co

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