Editorial: Un complejo cuadro clínico
Por: EDITORIAL |
Ha llegado el momento de que el Congreso solicite de manera formal una completa evaluación médica sobre el real estado de salud del Vicepresidente Garzón.Han transcurrido casi tres semanas desde cuando el vicepresidente de la República, Angelino Garzón, fue internado en la Clínica Reina Sofía, de Bogotá, tras sufrir un quebranto serio de salud. Desde entonces, la opinión ha seguido de cerca los partes médicos emitidos por la institución, en los cuales se habla de que el paciente ha tenido una evolución favorable y de que ya se encuentra fuera de la unidad de cuidados intensivos, con visitas restringidas y en un programa de rehabilitación integral.
Si bien los comunicados son escuetos, de su lectura queda claro que el número dos del Gobierno tuvo una lesión neurológica grave. Gracias a la pronta y completa atención recibida, el transitar ha sido satisfactorio, lo cual es una muy buena noticia.
No obstante, no se puede desconocer que esta clase de cuadros clínicos suele generar compromisos en el movimiento, en la parte cognitiva, en la sensibilidad y en las funciones autónomas, que requieren procesos de rehabilitación integral, la mayoría de las veces prolongados, antes de emitir con certeza un juicio sobre si los problemas que presenta el enfermo son temporales o permanentes. En otras palabras, si quedarán secuelas que le impidan a Garzón volver a su rutina diaria.
Es indudable que la ciudadanía, a la cual nos sumamos, hace votos por la completa recuperación del Vicepresidente. Se trata, con razón, de una figura querida y admirada por el país. Su historia es la de una persona de origen humilde, que a punta de tesón obtuvo las más altas dignidades que puede conferir el Estado y que nunca ha relegado a un segundo plano su preocupación por los temas sociales y, en especial, por el bienestar de la clase trabajadora.
Es lamentable, por lo tanto, el mal que aqueja a Angelino Garzón e inquietante la posibilidad de que no pueda recuperar plenamente el uso de sus facultades. Incluso si en unos meses -con esa admirable fuerza de voluntad que lo caracteriza- consigue remontar tan dura prueba, quienes saben de asuntos neurológicos sostienen que en este momento no está en capacidad de ocupar su exigente cargo.
La medicina, hay que recordarlo, es de procesos antes que de resultados. Aunque este concepto está claro para los doctores, genera incertidumbre en el plano político y administrativo, por todo lo que representa la figura del Vicepresidente, figura de la que el país carece en la práctica desde mediados de junio. Dicha situación crea un vacío inconveniente, que no puede prolongarse mucho tiempo más.
Sin duda, la situación merece una reflexión profunda y, por qué no, la toma de decisiones dentro de un marco de responsabilidad. Es comprensible la actitud de la familia Garzón a la hora de querer preservar el derecho a la intimidad que le asiste a todo ser humano, pero los comunicados expedidos hasta la fecha son insuficientes.
En el presente caso, estamos hablando de alguien que remplazaría al Presidente de la República en el indeseable escenario de que este falte temporal o definitivamente. Por lo tanto, es indispensable una mayor transparencia, sin por ello renunciar al decoro en el manejo de temas delicados como el que nos ocupa.
La Constitución y la ley prevén un mecanismo, consistente en que el Congreso solicite de manera formal una completa evaluación médica del real estado de salud del Vicepresidente. El momento de pedir dicho reporte ha llegado, para que así se pueda actuar en consecuencia.
Se trata, por encima de todo, de pensar en los intereses de Colombia a fin de preservar la estabilidad institucional requerida. Desde el lecho en que se encuentra convaleciente, Angelino Garzón no podría estar más de acuerdo.
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