Editorial: La película de Assange
Por: EDITORIAL |
Es el caso del célebre periodista australiano, que puso en jaque a los gobiernos del mundo y aún no llega a su final.Es una película de suspenso que va por la mitad. El célebre periodista Julian Assange, ese hombre con vocación de espía que puso a los gobiernos del mundo en jaque con la invención del sistema noticioso WikiLeaks, tendría que haberse presentado ayer a las 11:30 a. m. en una estación de policía londinense para responder -en realidad iba a ser extraditado- por el proceso por abuso sexual que se le sigue en Suecia desde hace varios meses.
Sin embargo, la embajada de Ecuador en Inglaterra, por orden de la presidencia del mismo Rafael Correa que hace no mucho tiempo denunciaba al planeta los supuestos excesos a los que lleva la libertad de prensa, le abrió las puertas para que se refugiara en ella y desde allí tramitara la solicitud de asilo.
Fue en abril de este mismo año, ya bajo arresto domiciliario en Londres y en medio de una condescendiente entrevista que llevaron a cabo a través de Skype, cuando Assange se dio cuenta de que Correa algún día se convertiría en su gran aliado.
"Bienvenido al club de los perseguidos", le dijo el Presidente de Ecuador al periodista australiano, en tono de "los enemigos de mis enemigos son mis amigos", después de sostener un diálogo de media hora, en el que descubrieron lo mucho que los unía "estar en la mira de la política imperial de Estados Unidos". Cuando su extradición a Suecia se hizo inminente, Assange se acordó de esta entrevista y de una invitación previa del canciller ecuatoriano para que se radicara en esta nación. Correa quedó así entre el temor a llevarle la contraria al mundo y el anhelo de ser visto como un benefactor de la libertad de prensa.
De inmediato, el Estado británico le dejó en claro a Assange que no podría abandonar la sede diplomática en donde estaba instalado si no quería ser arrestado, y que para desplazarse a cualquier lugar de Londres (como, por ejemplo, el aeropuerto) tendría que contar con un salvoconducto del Gobierno. Correa ha querido minimizar el hecho. Pero sabe que ponerse del lado del creador de WikiLeaks, al conceder el asilo a uno de los peores enemigos de los Estados Unidos de estos años, puede salirle muy caro en términos diplomáticos. Al fin y al cabo, se ha expuesto a refrendar su ingreso a la lista de países que no son de los afectos de Washington.
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